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Ayala se asoma a los recuerdos de un siglo

Javier Rioyo dirige un documental sobre la vida del escritor con motivo de su centenario

"Mi vida fue escribir. El sentido de mi vida está en la literatura, porque ésa es la verdadera realidad", dice Francisco Ayala (Granada, 1906) durante el rodaje del documental sobre su existencia que está realizando el periodista Javier Rioyo en las ciudades en las que ha vivido el escritor, con guión de Rioyo, el poeta Luis García Montero y la esposa de Ayala, Carolyn Richmond. Ayer, Ayala, sentado en uno de los salones de su casa de Madrid, comenzó a rememorar su infancia, sus amigos de adolescencia, su amistad con los hombres que le llevaron a la literatura, o sus amores, para narrar al mundo lo que ha sido un siglo de vida. La película, de 100 minutos y de 300.000 euros de presupuesto, se presentará en el verano durante los actos del centenario.

"El cine es la experiencia más importante de mi vida en el orden de la cultura"

"Hacer un documental está resultando una experiencia interesante porque me está permitiendo ver la vida desde el otro lado. Asomarse así a la vida me resulta hasta divertido, porque es como si ya estuviese muerto y tuviese frente a mí un espejo", afirma Ayala en un descanso del rodaje de la película. Mueve sus ojos lentamente y dirige su mirada al infinito para luego decir que no está arrepentido de nada de lo que ha hecho en sus casi cien años de existencia, porque "he tratado de ser prudente y desear lo factible", comenta. El documental, patrocinado por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y el Ministerio de Cultura, se exhibirá en el año del centenario del nacimiento del escritor granadino. El periodista y autor de documentales Javier Rioyo ha codirigido, entre otros, títulos como Asaltar los cielos, Extranjeros de sí mismos y A propósito de Buñuel.

Ayala habla de literatura, una de sus grandes pasiones, y se confiesa lector infatigable; "es casi lo único que me está permitido hacer, porque ya casi no puedo caminar", afirma. No quiere citar nombres entre los escritores porque son los clásicos a los que siempre vuelve. "Son los únicos que me descubren algo diferente. Puedes leer un libro a los 20 años y lo interpretas de una manera, y a los 40 descubres algo diferente, y no le digo nada casi a los cien, porque lo que tienes ante ti puede resultar maravilloso. Entre los escritores de ahora no hay muchos que pase de la primera página de sus libros. ¿Para qué? Eso no quiere decir que no haya buenos escritores, que los hay, pero no son sensacionales. Y hay, no escritores, quienes escriben libros, la mayoría, de los que es mejor no hablar", aclara el escritor.

Después de unos minutos de descanso comienza de nuevo el rodaje del filme y el protagonista asume su papel de actor. "Nunca pensé que podría convertirme en un objeto hasta este momento, pero nunca es tarde", dice con cierta sorna.

Habla entonces de su infancia en Granada, de sus paseos por la Alhambra: "Cuando era adolescente me gustaba acercarme hasta sus jardines y sentarme en un banco bajo los árboles para poder leer. Entonces, la Alhambra no era un lugar muy transitado". Recuerda sus primeras impresiones de Madrid: "Inicialmente sufrí un desengaño tremendo porque imaginé una ciudad fantástica y lo que vi no me gustó mucho, aunque con el paso de los años esa primera imagen fue dulcificándose". Pasó muchas horas de su vida en la Biblioteca Nacional. "Era la única manera que tenía un chico como yo, sin dinero, de acercarse a los libros que tanto me gustaban. Otro de mis lugares preferidos era la cuesta de Moyano, donde podía encontrar libros a precios asequibles", explica Ayala. Recuerda de modo placentero las tertulias "intensas, ricas y variadas" de los cafés de Madrid que le permitieron acercarse a la prensa y colaborar en la Revista de Occidente, que dirigía José Ortega y Gasset. "Me acuerdo que un día subíamos en el ascensor Manuel García Morente y yo y percibimos un intenso olor a perfume. 'Tenemos dama', dije yo, y mi compañero me precisó: 'No, es que ha llegado Xavier Zubiri". El filósofo, que entonces aún era cura, acudía muy perfumado a la revista. "Ortega fue un maestro, pero yo no he tenido devoción por nadie. Respeto sus ideas, pero no suscribo cada una de sus palabras. Ortega procedía del terreno de las ideas y no de la sensibilidad estética", dice el escritor.

Para Ayala, el cine es la experiencia más importante de su vida en el orden de la cultura. "El mundo de la imagen y mi vida son inseparables desde el día en que mi madre me llevó al cine siendo un niño", explica. Pasa sin transición a la política y se refiere a Manuel Azaña: "Un hombre adusto y serio. En las tertulias me solía sentar a su lado, y era un hombre con el que mantuve una relación buena y difícil".

El realizador del filme, del que todavía no hay título, confiesa: "A medida que he ido conociendo la vida de Ayala, me ha ido sorprendiendo su riqueza vital, su historia familiar, su profunda defensa de la independencia. Todo ello me ha hecho pensar que el documental debe emitirse en dos capítulos y no en uno, como inicialmente se había previsto".

El rodaje del documental comenzó en Nueva York, donde el director, guionistas y equipo técnico se trasladaron para entrevistar a viejos amigos del escritor, alumnos de Ayala que ahora están dando clases en universidades, y rodar los lugares por los que discurrió la vida del académico durante su estancia en esa ciudad. El equipo tiene previsto viajar en los próximos meses a Granada, Buenos Aires y Burgos, ciudad esta última a la que no saben si se trasladará el escritor, porque fue el lugar en el que asesinaron a su padre y hermano.

"El orden que ha primado en la vida de Ayala nos está permitiendo lograr documentos gráficos de gran valor. Posee un archivo fotográfico fantástico. Incluso creo que vamos a poder encontrar los juguetes de infancia del escritor. Es una familia que ha guardado todo, hasta tal punto que tiene archivados, desde el primero al último, los pasaportes que ha tenido a lo largo de su vida en los distintos países en los que se ha afincado", indica Rioyo.

Ayala lleva algo más de una hora sentado y hablando frente a la cámara. Es entonces cuando comienza a manifestar cierta fatiga y se retira a descansar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de diciembre de 2005