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Editorial:

La victoria según Bush

Para contrarrestar las presiones que pedían un calendario de retirada de las tropas norteamericanas de Irak, la Administración de Bush presentó ayer su "estrategia nacional para la victoria". Aunque considere que "el fracaso no es una opción", el documento elaborado por el Consejo de Seguridad Nacional sí acierta en su dictamen sobre las consecuencias de ese fracaso: Irak se convertiría en un santuario para el terrorismo, los reformadores en Oriente Próximo no volverían a confiar en el apoyo estadounidense a la democracia, y la zona podría caer en el caos con graves efectos para la seguridad de la región.

El documento define una "victoria por etapas": a corto plazo, progreso en la lucha contra el terrorismo, aumento de las fuerzas autóctonas de seguridad y construcción de instituciones democráticas; a medio (pese a que las elecciones de las que habría de salir ese Ejecutivo se celebrarán en dos semanas), la puesta en pie de un Gobierno constitucional. Y a más largo plazo, "un Irak en paz, unido, estable y seguro, bien integrado en la comunidad internacional, y un socio pleno en la guerra global contra el terrorismo". Ojalá.

Esta llamada estrategia suena más bien a una nueva justificación para la permanencia de las tropas en Irak. La Administración ha querido dejar claro que no hay calendario de retirada; que las tropas se quedarán hasta "cumplir la misión", pero también que podrán reducirse conforme las fuerzas de seguridad iraquíes "vayan asumiendo el liderazgo en la lucha contra el terrorismo". El mantenimiento de la presencia norteamericana alimenta el problema de la resistencia no únicamente suní a la ocupación, pero a la vez su retirada podría llevar a una guerra civil a varias bandas y a la eventual ruptura de Irak. Estados Unidos no puede decidir ni cómo quedarse ni cómo marcharse. Ésa es la tragedia de esta guerra equivocada.

A Bush se le está reabriendo también el frente europeo. En nombre de la presidencia de turno de la UE, el británico Jack Straw ha tenido que pedir a Washington "clarificaciones" sobre los supuestos vuelos y escalas en Europa en los que la CIA habría trasladado ilegalmente a presos para interrogarles en cárceles especiales, algunas de las cuales podrían estar en países europeos. Washington se ha comprometido a responder. Es un asunto de suma gravedad. Ayer, en su primer discurso en el Bundestag como canciller, Angela Merkel dejó claro en referencia a estos vuelos que las relaciones transatlánticas han de basarse sobre la sinceridad y el respeto a los derechos humanos. Esta espinosa cuestión no la tapará ninguna "estrategia nacional" para la victoria en Irak.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de diciembre de 2005