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Editores y libreros cuestionan el nuevo Salón del Libro barcelonés

El sector editorial lamenta la escasa afluencia de lectores adultos

Decepción. Éste es el sentimiento mayoritario entre los editores y libreros presentes en el debut del Salón del Libro de Barcelona, que se celebra en el recinto ferial de Montjuïc hasta el domingo. Aunque el nuevo evento sólo lleva dos días en marcha, numerosos representantes del sector editorial coinciden ya en cuestionar el modelo elegido y ponen todas sus expectativas en el fin de semana, tras constatar la escasa afluencia de lectores adultos.

Durante las mañanas, el Salón del Libro de Barcelona se convierte en una inmensa guardería. Por las tardes, se acercan al recinto ferial de Montjuïc unos cuantos matrimonios y poco más. A los libreros y editores les ha bastado un par de días para criticar los pocos incentivos que encuentra el visitante y cuestionar el modelo elegido, que consiste en transformar el lugar en una macrolibrería.

La organización ha potenciado mucho las actividades infantiles con el objetivo de promocionar la lectura entre los niños, una opción que provoca controversia. "La mayor parte del salón se celebra durante días laborables y eso se nota. No viene gente interesada en los libros, sólo niños", dice Ramón Gabarrós, de la editorial Anthropos. Como todos, espera que el fin de semana sea diferente. "Estar aquí es un esfuerzo económico importante y la poca afluencia de público adulto no compensa", añade. Por los nueve metros cuadrados que ocupa su expositor, la editorial ha pagado 1.500 euros, cantidad que incluye la electricidad y los muebles. "Es un espacio mal equipado, que no permite exhibir bien los libros".

También crea polémica la ubicación del evento. El nuevo salón sustituye a la tradicional feria que se celebraba en el Paseo de Gràcia, uno de los enclaves más transitados de Barcelona. "Antes se celebraba en pleno centro de la ciudad, en el mes de mayo. La fecha era mala, porque estaba muy próxima a la fiesta de Sant Jordi. Barcelona necesitaba una feria del libro, como todas las grandes capitales, pero este modelo no parece el más adecuado. Esta ubicación no es, quizá, la pertinente. Se podrían barajar otras alternativas más atractivas", apunta Santiago Sangenís, del Grupo Random House Mondadori. "Aquí no se ofrece nada que no se pueda comprar en una librería. Los únicos alicientes son las actividades paralelas. Para atraer más público, se deberían aplicar descuentos, como ya se hace en la Feria de Madrid. Los libreros no quieren porque esa medida les restaría ventas", añade.

La promoción se ha convertido en la única alternativa de los expositores, porque las ventas son mínimas. "No creo que se cumplan, ni por asomo, nuestras previsiones", lamenta una portavoz de la Casa del Libro, que organiza el expositor del Grupo Planeta. Entre la jornada inaugural y la mañana de ayer, esta librería ha vendido 75 ejemplares, sobre todo de La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. Y sin embargo, no se pueden quejar, porque otros no venden ni tres ejemplares de promedio. "Este salón se está dirigiendo mucho a la promoción de la lectura entre los jóvenes. Es difícil encajar en ese contexto. Sería necesario buscar un consenso entre libreros, editores y bibliotecarios para hacer algo más potente", explica Josep Sánchez, de la librería La Central, que se encarga de la representación de las editoriales Anagrama y Acantilado, entre otras.

Cobrar una entrada de dos euros para acceder al salón, como medida persuasiva para que sólo vayan los realmente interesados, tampoco convence a la mayoría. "Este encuentro tiene un problema de concepción. Debería ser un salón en el que se mostraran los fondos de las editoriales, que contienen títulos difíciles de encontrar en las librerías. En los gremios de libreros y editores existen muchas tensiones por el modelo elegido", asegura Elisenda Julivert, de la editorial Paidós.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de noviembre de 2005