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Entrevista:Miquel Navarro | Escultor

"La escultura siempre es concreta"

Valencia
Miquel Navarro (Mislata, Valencia, 1945) exhibe a partir del martes en el IVAM la más completa exposición de su obra, fruto de una donación que ha realizado al museo valenciano de 512 piezas, entre esculturas, dibujos, collages y acuarelas. Este Premio Nacional de las Artes Plásticas, con obras en museos como el Reina Sofía, el MOMA o el Pompidou, repasa así una trayectoria de 40 años marcada por la pasión por construir ciudades escultóricas, sensuales y totémicas.

La exposición del Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) está formada por una selección de 300 obras fechadas entre 1964 y 2005, en la que se incluyen tempranos dibujos y pinturas, trabajos inéditos de la colección particular del escultor. Hasta el 25 de febrero se puede ver esta muestra en el museo que se ha convertido en el centro de referencia del artista.

Pregunta. Ha instalado dos esculturas de 45 y 46 metros de altura en Vitoria y Valencia. ¿Le interesa más ahora la obra urbana de grandes dimensiones?

Respuesta. Siempre me ha interesado la escultura como elemento señalizador de la trama urbana. El elemento totémico que se interrelaciona con el resto de la ciudad. En mis ciudades existe lo mismo que cuando hago una escultura en la calle. Hay una variación de escala. Una dialéctica de alto, bajo y de lo intermedio. Cuando hablo de lo alto estoy hablando del abismo. En las ciudades hay un microcosmos y un mundo más propio de la intimidad. Cuando una escultura va a la calle, el concepto no varía. Hay ciudades que pueden tener torres, como La Pantera Rosa. Cuando se trata de piezas de escala hay que darles un enfoque más urbano, de interrelación, con vistas al espectador. La escultura en la calle tiene algo de lo publicitario. Todo el mundo la hace propia. Tanto al que le gusta como al que no.

"Con las ciudades hablo de muchas cosas: del urbanismo, de la ocupación del terreno..."

"Sigo trabajando porque no encuentro claramente la respuesta a mis obsesiones"

"Ahora hay mucha gente haciendo vídeo y fotografía, pero sólo quedarán los buenos"

"De niño llegaba a la ciudad desde el pueblo y me quedaba fascinado por esa máquina que es la ciudad"

P. Es el caso de la obra instalada en Valencia La Pantera Rosa, que ha mencionado. ¿Le molestan esas denominaciones populares a causa de supuestas semejanzas?

R. No, no, creo que es una muestra de que la gente se ha apropiado de la obra pública.

P. Su trabajo también tiene una gran aceptación en el País Vasco. ¿Es debido a su tradición escultórica?

R. Sí, podría ser, aunque mi escultura tiene unos matices un poco diferentes. No tengo quizá la sobriedad de la escultura del norte. La mía es más mediterránea, más sensual, también tiene algo de conceptual. No diría contemporaneidad porque hoy en día es tan difícil de concretar este aspecto... Pero si podría decir que la disponibilidad de mi obra, sobre todo cuando hago ciudades, es una cosa más diferenciadora. Con las ciudades hablo de muchas cosas: del urbanismo, de la ocupación del terreno. No tiene un límite. Es una trama que va de lo urbano a lo interurbano. Son matices que diferencian. Pero hoy en el País Vasco también hay escultores jóvenes que hacen otro tipo de escultura diferente a las de Chillida y Oteiza.

P. ¿Sus ciudades han evolucionado en paralelo a la sociedad en estos 30 años?

R. Yo no hago una referencia naturalista. La ciudad es más un pretexto que una finalidad. No es una mímesis. También tengo que decir que he vivido toda la vida en Mislata. Y cuando era niño llegaba a la ciudad desde el pueblo y me quedaba fascinado por esa máquina que es la ciudad. Ahí podrías descubrirlo todo, como el constructivismo. Mis ciudades son metáforas, deseos de mis obsesiones y manías. Son metafísica, pero no en el sentido italiano, porque hay elementos eróticos, líricos y también irónicos para distanciar. Hay un deseo de encontrar el significado de mis obsesiones. Sigo trabajando porque no encuentro claramente la respuesta a mis obsesiones.

P. Usted empezó en la pintura. ¿Por qué paso a la escultura?

R.

Ahora estoy haciendo acuarelas también. No son pintura, aunque tienen color... Diría que tienen autonomía. Mi paso en los años setenta a la escultura fue por una razón física. Por la necesidad de poder creer tocando. La escultura siempre es concreta por abstracta que sea. Mientras que la pintura es como asomarse a una ventana. Hay un mundo que está detrás pero no está dentro. Tiene que ver también con el hecho de que me he educado en el uso de las manos. He estado ligado al mundo de la huerta, del huerto, que está hecha con las manos.

P. ¿Le ha marcado ese contacto directo con los trabajos manuales en la huerta circundante a su pueblo y a Valencia?

R. De niño iba mucho a la huerta. También tenía juegos de construcción. Me gustaba jugar en las acequias, con el agua; hacer pantanos pequeños, canalizaciones. Me han marcado muchas cosas, pero lo que más marca es la mirada sobre las cosas.

P. El agua también es una constante en su obra. ¿Su trabajo es más instintivo que racional?

R. En un principio, era más instintivo; ahora es más racional. Si hago un elemento totémico ahora ya sé a qué responde. Aunque pronto me di cuenta por dónde iba. Pero no puedo dar una respuesta sencilla de lo que es un elemento totémico. Es cierto que hay un discurso horizontal, un discurso del agua; también hay un elemento uterino, que en mi caso es un símbolo de maternidad.

P. Con motivo de la exposición del IVAM ha tenido que mirar atrás, a los 40 años de su trayectoria artística. ¿Ha descubierto algo que le había pasado inadvertido en su obra?

R. Bueno, he descubierto que el concepto no ha variado tanto como las maneras de expresar ese concepto. Y también que he llegado a ciertas síntesis.

P. ¿Qué artistas le han influido más?

R. Tengo una influencia que es la propia de haber vivido en un contexto determinado. Y más que la pintura y la escultura, originariamente, he recibido influencias de una obra de teatro... de películas como Metrópolis, de Fritz Lang, o El experimento del doctor Quatermass [de Val Guest], en la que llegaba uno del espacio y se transformaba en vegetal... De adulto tienes más información. Al pasar la pubertad y hacerme más adulto, me interesó el arte que era más prohibido por entonces: Picasso, las vanguardias de principios de siglo... Pero en este momento diría que me interesa todo el arte que se ha producido en la historia. Desde la prehistoria a la actualidad.

P. En la actualidad predomina la fotografía y el videoarte...

R. Diría que el concepto prima sobre todo. Hay dos líneas, la escultura y la pintura, ligadas a lo histórico, y la línea más conceptual. Las dos son importantes. Yo me encuentro en la línea más ortodoxa. Pero todo es válido. Que ahora hay más gente en fotografía y vídeo... sí. Son dos expresiones maravillosas. Ahora es el momento y hay mucha gente haciendo esto, pero sólo quedarán los buenos.

P. Los museos ejercen ahora más funciones. Además de conservar y exhibir se han convertido en reclamos mediáticos gracias a sus arquitecturas espectaculares y en factores transformadores de la ciudad. ¿Qué opina sobre estos nuevos modelos?

R. Creo que tengo un pensamiento dual. Un museo puede ser muy mediático por su arquitecto y sacarle partido porque atrae a mucha gente. En un momento dado sí que he dudado sobre el fin último de esta función. Pero al final he llegado a la conclusión de que atraer a la gente está bien. Esto no quiere decir que los museos no emblemáticos no sean importantes. De hecho, me pasa comoa mucha gente que me gustan también los museos más íntimos, más de otra escala. Creo que hay espacio para todo.

P. ¿Tiene planificado sus inmediatos proyectos de futuro?

R. No puedo saber lo que voy a hacer. Puedo saber el inicio pero nunca el final. Aunque he tratado en mi obra el elemento del laberinto, ahora intensificaría mucho más todo este tema. Me atrae mucho. Lo que no puedo decir es cómo serán...

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de noviembre de 2005