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Reportaje:GRANDES REPORTAJES

La coleccionista de estrellas

Katrina Bayonas maneja la carrera de algunas de las más grandes actrices del cine español. Ésta es la historia de una inglesa hija de actores que, desde cero, creó una impresionante factoría de intérpretes. EPS ha logrado reunir a 14 de sus estrellas en una sesión irrepetible.

Penélope Cruz cuenta que la chispa saltó una tarde de 1990, a la salida del cine madrileño donde se proyectaba Átame, de Pedro Almodóvar. Tenía 15 años. Trabajaba de modelo, estudiaba danza y aún iba al colegio. Y quería comerse el mundo. "No sé cómo me dejaron entrar a la película, porque era una cría, pero salí fascinada. Decidí que quería ser actriz y trabajar con Almodóvar. Y soy muy terca. Pero antes necesitaba un representante. Yo no sabía lo que era un casting. No había hecho ni un papel. Me hablaron de Katrina. Hacía unas pruebas. Y me presenté".

Katrina Bayonas tenía 39 años. Y una extensa e irregular carrera como secretaria, agente de prensa, localizadora de exteriores, directora de casting y representante a la vieja usanza: "Iba a las productoras los sábados para cobrar en efectivo". Hija de actores británicos. Pareja de directores latinos. Katrina Bayonas conocía todos los secretos de la industria. Pero no tenía un duro. Necesitaba un golpe de suerte. Su embrión de agencia, creada en 1974, contaba con un puñado de grandes intérpretes como Héctor Alterio y Emilio Gutiérrez Caba. Y algún secundario de lujo. Pocos clientes, mucha dedicación y escasa facturación. Y dos hijos que alimentar. "A finales de los ochenta, el cine pasaba una crisis tremenda. No trabajaba nadie. Bueno, trabajaban los mismos de siempre. Los productores no se arriesgaban. No se han arriesgado nunca. 'Que se equivoque otro', piensan. Estaba a punto de cerrar mi oficina. Pero en 1988 se me ocurrió crear Caras Nuevas, unas pruebas anuales para descubrir jóvenes que tuvieran, al menos, tres años de estudios escénicos. La idea era invertir tiempo y energía en ellos. Formar una cantera de gente con talento. En 1990, en la segunda edición, apareció Penélope".

"En 1990, Penélope Cruz era una niña lista, con pasión, las ideas claras y algo misterioso que enganchaba a la cámara"

"Hay que saber decir 'no'. Una carrera de actriz se construye con los trabajos que haces y con los que rechazas"

"La primera vez que fui con Pe a Los Ángeles pagamos mi billete a medias y me hospedé en el hotel más barato"

¿Cómo la recuerda? "Una niña lista, con pasión, las ideas claras y algo misterioso y fascinante que enganchaba a la cámara. Y estaba dispuesta a seguir por cojones el camino que había elegido". ¿Cómo recuerda Penélope a Katrina? "Me impresionó. Con su acento inglés y esos ojos… Tenía carácter; era clara, directa, daba caña; me gustó. Yo sabía lo que quería. Soy cabezota. Y ella también. Hemos tenido muchas broncas". Katrina Bayonas no lo niega: "Penélope era una adolescente dispuesta a todo. Aún hoy, para convencerla, hay que tener argumentos muy sólidos. Entonces yo no tenía mucho que decir en su carrera: ella tomaba todas las decisiones. Y tuvimos confrontaciones".

Dos mujeres tercas y excesivas. El primer choque de trenes se produjo el día que se conocieron. Penélope no superó la prueba para ingresar en el grupo de actores Caras Nuevas. "Katrina me puso una escena de Casablanca. No era un papel para mí, con 16 añitos, y lo hice fatal. Me cabreé muchísimo y le pedí que me dejara repetir. La segunda vez tampoco me salió bien. Volvió a rechazarme. Me dijo que preparara otra cosa. Y me inventé una escena, con toda mi mala leche, llorando de rabia. Y esa vez, sí, me eligió entre 300 actores y actrices". "Le hice tres pruebas, pero es que no era una niña corriente; si no, la habría mandado directa a la calle. Estaba muy verde, pero tuve una intuición. Y no me equivoqué, aunque estuve un año y medio para conseguirle su primer papel. Pero al final no me equivoqué", recuerda Bayonas.

Lo dice con orgullo. Otros lo confirman. "Katrina tiene oído, vista y olfato para detectar una buena interpretación", explica Juan Carlos Corazza, actor y profesor de actores que ha formado (y entrena antes de cada película) a Javier Bardem y la mayoría de la escudería Bayonas. "Katrina está al acecho; investiga, estudia, descubre. Se crió en un escenario y posee ese instinto para percibir la sutileza de una buena interpretación. Respeta el proceso creativo. Y tiene el coraje de criticar abiertamente lo que no le gusta".

El cóctel Bayonas: ternura y rigor con sus actores e irreductibilidad con los productores: los que pagan sus sueldos, de los que un 15% viaja en dirección al bolsillo de Katrina. (Según fuentes de la industria, una actriz española de primera fila cobra 120.000 euros por película en nuestro país. Penélope Cruz es otra historia).

"Soy inflexible en la protección de mis representados. El actor se debe limitar a interpretar; del resto, de enterarse de los proyectos, leer los guiones (que son los planos del edificio), la prensa, la imagen, los contratos, los asuntos legales, buscarles la ropa, me ocupo yo. Yo defiendo su imagen. A la productora le puede venir bien que una actriz salga en la prensa del corazón para vender la película. Yo me niego. No nos aporta nada. La productora puede pretender, para ahorrar, que la actriz vaya al rodaje en una furgoneta abarrotada de gente fumando porros, y por ahí no paso, porque para interpretar necesita concentración e intimidad. No es esnobismo, es dignidad. Y ahí surgen los choques con las productoras".

"Ella es la 'mala', y para nosotros eso es bueno", resume Mónica Cruz, hermana de Penélope y actriz en ciernes. "Dicen que Katrina es un tiburón, pero en el cine es lo mejor que te pueden llamar", analiza la actriz Najwa Nimri. "A mí siempre me dice que sea más puta".

-¿Y eso qué quiere decir?

-Pues eso, que sea más puta.

Katrina Bayonas ama la tramoya. No lo puede evitar. Nació en un escenario. Sus padres eran los actores británicos James Liggat ("encantador, alcohólico y malísimo intérprete") y Lorraine Clewes ("distante, sobreactuada y exitosa"). De niña, hija única, conoció el brillo y las estrecheces de los teatros londinenses de posguerra. A los 10 años ya trabajaba avisando a los actores para que entraran en escena. Y como apuntadora. El conocimiento profundo de la profesión le llegó unos años más tarde, cuando su padre se convirtió en director de casting del mítico director estadounidense Stanley Kubrick, al que compondría los repartos de todas sus películas, desde Lolita (1962) hasta El resplandor (1980). Al lado de Jimmy Liggat, Katrina aprendería cómo se puede levantar una película a base de grandes actores desconocidos. "Un director de casting tiene que buscar al buenísimo actor consagrado, pero también le tiene que dar al director caras que a él nunca se le hubieran ocurrido. Películas como El Bola o Días contados, sin estrellas, arrasaron en taquilla porque tenían grandes actores. Eso es un buen casting. Mi padre tenía sus actores fetiche, y con todos ellos hizo La naranja mecánica, de Kubrick, en 1971".

-¿Cómo era Kubrick?

-Insoportable. Volvía loco a su equipo. Durante el rodaje de Barry Lyndon, el director de arte tuvo que ser internado con un ataque de nervios. Llamaba a mi padre siempre de madrugada. No le daba tregua. Le pedía que le confeccionara un reparto incluso antes de tener el guión, porque así lo escribía con los actores en la cabeza. Con mi padre comprendí los problemas que se suscitan entre el director de una película, el responsable del casting y los representantes de los actores. Los tiras y aflojas. Cuando sonaba el teléfono en casa, mi padre me decía: "Si es un agente, he salido". Y cuando ahora llamo a un director, para que vea a una de mis actrices, y me responden que no está, me acuerdo de mi padre. E insisto".

"¿Fama de dura? En mi carrera hay un antes y un después de Penélope. Su éxito cambió mi vida totalmente. En lo profesional, pude arriesgarme con gente nueva, con actores desconocidos; en lo personal, me compré una casa en Los Ángeles. Y a veces viajo en primera. Y percibo cierto respeto en el mundo del cine. Lo malo es que la gente comenzó a decir que soy dura. Y eso es nuevo. No sé qué quieren decir. Yo no sé pedir para mí, pero sé pedir para mis actores. Exijo para mis actores. Y el éxito de mis actores me ha traído amores y odios en la industria".

Que con sólo permanecer unas horas a su lado son fáciles de detectar. Festival de Cine de San Sebastián. Ese productor que se acerca sonriente, adulador, besucón, está en proceso de contratación de una de las actrices que representa Katrina Bayonas. "Y antes de firmar el contrato me trata como a una reina". Unos minutos más tarde, en el restaurante del lujoso hotel María Cristina, ningún miembro del equipo de Obaba, la película que protagoniza Pilar López de Ayala, una de sus representadas, mueve un músculo ante la presencia de Katrina Bayonas, que entra en el salón altiva, pelo pajizo y enormes gafas ahumadas de Ferré. Nadie se levanta. Ni un saludo. No se inmuta: "Siempre es así. Mientras negocias, eres la mejor persona del mundo, sobre todo cuando a los productores no les llega el dinero y buscan un acuerdo para completar el caché de tu actriz.

-¿Por ejemplo?

-Que reciba un tanto por ciento de la taquilla. En una película española en la que trabajaban tres de mis representados, la productora no tenía dinero y les pagó un sueldo muy pequeño, pero llegamos a un acuerdo para que los actores recibieran un millón de pesetas extra por cada 100 de taquilla. La película fue un éxito. Y los tres se forraron. Eso se hace cada vez más. Luego hay películas en las que estás dispuesto a cobrar menos, pero que te interesan por el guión o el director. En España, cualquier cosa que hagan Almodóvar, Amenábar, Medem… Y luego hay productoras que se aprovechan directamente de tu situación de debilidad: cuando ruedas tu primera peli en Estados Unidos te pagan lo mínimo.

-¿Y la televisión?

-Está dando de comer a los actores, pero es peligrosa; hay que cortar a tiempo. Espanta a los directores de cine. A Alicia Borrachero, que es nuestra Meryl Streep, no la llaman del cine. Y es un lujo que se pierden. Se crea un círculo vicioso: no te llaman del cine porque trabajas en televisión, y trabajas en televisión porque no te llaman del cine.

-¿Y la publicidad?

-Se puede cargar la imagen de una actriz. No es cuestión de si es un perfume o un detergente. Lo que importa es el guión. La publicidad de Coca-Cola en EE UU, en la que Penélope sale eructando, ha sido fundamental, porque le ha dado al público americano una imagen más desenfadada de ella. También es importante la de Ralph Lauren, que nos permitió trabajar con el fotógrafo Bruce Weber. Pero siempre hay que negociar duro.

Katrina Bayonas dice que los representantes son el eslabón más débil de la industria cinematográfica. Reciben palos por todos los lados. Son puenteados por los directores y productores, que llaman directamente a los actores. Y los tratan como a simples empleados. Son seres solitarios. Rodeados de celos y recelos. Sobre los que pende esta sentencia: "El éxito de un actor es mérito suyo; el fracaso, culpa de su agente".

En España han cobrado poder a medida que nuestro cine (y principalmente la televisión) adquiría músculo. Y los actores demandaban un abanico más amplio de servicios por parte de sus representantes. Hoy, la verdadera misión de un agente es construir la carrera de un actor. Una mezcla de padre, asesor, portavoz, administrador, abogado, psicólogo, colchón y paño de lágrimas. En nuestro país hay una veintena (la mitad, mujeres) en la primera división que no están coordinados (hace unos años crearon una asociación de representantes artísticos que duró "cinco minutos") y mantienen unas relaciones tormentosas. Basta con presenciar el tenso momento en que a Katrina Bayonas le niega el saludo otra de las más importantes agentes de actores de España, Alsira García Maroto (representante de Leonor Watling, Icíar Bollaín o Candela Peña), días después de la marcha de una de sus actrices, Natalia Verbeke, en dirección a la oficina de su rival.

Bayonas dice, compungida, no haber movido un dedo para fichar a Verbeke: "No ha sido un robo, nunca se lo habría hecho a Alsira". Una fuente de la industria confirma su defensa: "Nadie ha abducido a Natalia Verbeke. Ha sido una decisión de ella. Son cosas que pasan en la profesión. A Katrina también la dejaron Jordi Mollà y Tristán Ulloa, a los que había criado. Los actores vienen y van".

Arrebatar los actores a la competencia es una práctica habitual entre los escualos de Hollywood. Aquí, todo es más naïf. Los representantes españoles no tienen ni de lejos el dominio de la industria de sus colegas americanos o franceses. En Estados Unidos son un poder fáctico. Una mafia. Para un actor o actriz es imposible triunfar en el cine americano, acudir a castings, acceder a los guiones, si no se pertenece a agencias como CAA (Creative Artists Agency), que cuenta con 1.200 clientes, entre ellos Tom Hanks, Tom Cruise, Brad Pitt, Angelina Jolie o la misma Penélope Cruz. En Francia, Artmédia tiene 600 clientes del nivel de Isabelle Adjani, Gerard Dépardieu o Catherine Deneuve, e impone las reglas. Y los salarios. "Los productores necesitan nombres conocidos en sus películas y series de televisión para conseguir audiencia, y la llave la tienen los agentes. Y ponen cachés cada vez más elevados", afirmaba recientemente el rotativo francés Le Monde.

En España, algunas voces del cine atribuyen a Katrina Bayonas esa imagen de poder y soberbia. Otras critican la falta de ética de que haya simultaneado su labor de representante con la de directora de casting (con la consiguiente tentación de colocar a sus pupilos). La tachan de excéntrica y neurótica. Capaz de tomarse un caramelo Sugus de plato único en el mejor restaurante de Los Ángeles. "Estaba a régimen", se defiende. Son más los que hablan de ella con respeto. "Ha hecho mucho por los actores", dice un director. "Ha descubierto más gente que nadie", afirma un productor. "Ha trabajado como una perra", define una productora. Los tres exigen anonimato.

Desde cero, con esfuerzo e intuición, y a partir del éxito de Penélope Cruz, Katrina Bayonas ha logrado concentrar en Kuranda, su agencia, a 70 de los actores y actrices con más talento de este país. Muchos, a través de los castings de Caras Nuevas: Alicia Borrachero (1991), Jordi Mollà (1991), Najwa Nimri (1994), Joel Joan (1995), Marta Etura (2001), Clara Segura (2002). Sin olvidar adquisiciones foráneas como Geraldine Chaplin o Monica Bellucci. Catorce de esas actrices, tres generaciones distintas, protagonistas de todas (todas) las películas y series de televisión en rodaje o proyección en nuestro país, han hablado para este reportaje.

No ha sido fácil. En realidad ha sido muy difícil. Marta Etura lo hizo desde Argentina, donde rueda a las órdenes de Juan José Campanella; Najwa Nimri, mientras compraba ropa a su hijo de un año; Clara Lago, haciendo las maletas para irse a estudiar un año en Estados Unidos; Lola Dueñas y Penélope Cruz, durante un descanso del rodaje de Volver, la última película de Almodóvar; Elena Anaya, en camino hacia el Festival de Venecia; Irene Visedo y Diana Palazón, en los rodajes de Hospital Central y Cuéntame; Leticia Dolera, estudiando en París; Alicia Borrachero, a punto de parir. Así sucesivamente.

¿Su juicio? Todas coinciden en que Katrina es luchadora, vital y enérgica. Obsesionada por que sus chicas estudien, se reciclen, se machaquen el inglés. Directa y transparente, especialmente en sus críticas. No se guarda cartas en la manga. "No te puedes ir a la cama pensando que tu agente no lleva bien tu carrera", sentencia Pilar López de Ayala, "debes tener confianza absoluta". Katrina Bayonas recalca: "Aquí el dinero no es lo más importante. Una carrera de actriz se construye tanto con los trabajos que haces como con los que rechazas".

Y ahí todas resaltan que Katrina es una especialista en decir no. "Algo que nosotras somos incapaces de hacer, es algo muy violento", asegura Pilar López de Ayala. "Yo tengo un ritmo lento de trabajo, y Katrina me lo respeta. No me obliga a que haga cosas que no me apetecen para ganar su 15%, recalca López de Ayala, que desde su éxito en Juana la Loca ha rechazado decenas de guiones. "Es mi ritmo". Elena Anaya comparte la opinión de su compañera de agencia: "Yo nunca hago televisión y publicidad. Y no le he visto a Katrina ese colmillo afilado de los agentes de ganar hasta el último euro a cambio de quemar tu carrera. Para ella, esto no es una cuestión de pasta. Para ella, esto es una carrera de fondo".

A la mayoría de las 14 actrices les cuesta definir la relación que mantienen con su representante. Unas la definen como un noviazgo: "Que debe funcionar por ambas partes". Ninguna habla de amistad. Las más jóvenes destacan el lado profesional. Son más frías en sus juicios. Quizá la conocen menos. Las más veteranas, el lado humano. Y la enorme importancia de Katrina Bayonas en el desarrollo de su carrera artística. Najwa Nimri y Elena Ayala la definen como "una segunda madre". "No te vas con ella de marcha, pero siempre está ahí para escucharte". Penélope Cruz reconoce que "lo que empezó siendo una relación profesional se ha transformado en algo entrañable".

Lo que ninguna niega es que Katrina Bayonas se ha dejado el pellejo por ellas. "En estos años no he tenido tiempo para otra cosa, ni para echarme novio". Ha acosado a directores. Ha acosado a directores de casting. Ha acosado a productores. Ha movido todos los hilos para conseguir los mejores guiones antes que ningún otro agente. Y si una película no la ha podido hacer una de sus chicas, ha apostado por la siguiente de la lista. Por la nueva generación. Y todo queda en Kuranda. "A veces, Katrina nos ofrece papeles de segunda mano que otra de sus chicas no ha podido o no ha querido hacer, y lo coges con la misma ilusión. Tontería, la justa. Como actriz no puedes estar sufriendo por trabajar y por no trabajar", explica Irene Visedo, protagonista de la serie televisiva Cuéntame.

La lucha por colocar a sus chicas ya es historia del cine. Su primer triunfo fue conseguir para una desconocida Penélope Cruz el papel protagonista en Belle époque (1992), que recibiría el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa. El trampolín de ambas. No fue sencillo: el director, Fernando Trueba, no quería a Penélope Cruz: "Fernando tenía la referencia de la Penélope putita de Jamón, jamón, de Bigas Luna, y no la veía en el papel de la virginal Luz de Belle époque", recuerda Bayonas. Y me empeñé y le mandé a Fernando una prueba de Pe en vídeo sin que él supiera quién era esa chica". "Hice una escena maravillosa, fue uno de esos días que se te aparece un ángel", recalca Penélope Cruz. Cuando Trueba vio el vídeo, comprendió que ese papel era para ella.

¿Más ejemplos? El acoso al que sometió a Alejandro Amenábar para que Najwa Nimri, una actriz que sólo había trabajado a las órdenes de Daniel Calparsoro y en la que pocos confiaban, consiguiera el papel de Nuria en Abre los ojos. Y, a continuación, su empeño de que protagonizara Los amantes del círculo polar (1998), de Julio Medem. O que una novata Elena Anaya de 18 años colara como adolescente en África, de Alfonso Ungría. O que las mismas Najwa y Anaya saltaran al estrellato internacional con Lucía y el sexo, de Medem. O que Jordi Mollà abandonara su imagen de actor de perfil bajo hasta acometer proyectos como el rodaje de Blow, en Estados Unidos, el comienzo de una importante carrera internacional.

Sus actrices mandan hoy en España. Y el mercado exterior se ha convertido en el siguiente reto de Katrina Bayonas en busca de trabajo (y la gloria) para sus chicas. Y para ella misma. "Mercados más grandes, con industrias más potentes y en los que se te abre un abanico de posibilidades", asegura Bayonas.

El primer round del asalto internacional fue también Belle époque. Durante los Oscar de 1993, Katrina Bayonas recibió en el hotel más barato de Los Ángeles ("costaba 32 dólares la noche; no tenía un duro, tuvimos que pagar mi billete de avión entre Penélope y yo") las ofertas de los agentes que ya pugnaban por representar en Estados Unidos a la nueva estrella latina: Penélope Cruz. Katrina consiguió a uno de los mejores: Brandt Joel, que lleva, por ejemplo, los asuntos de Demi Moore. Y comenzó a labrarse un nombre en Hollywood. Después llegaría el desembarco de Elena Anaya y Najwa Nimri en Estados Unidos gracias al éxito internacional de Lucía y el sexo. Y más tarde, el de Pilar López de Ayala y Leticia Dolera. Hoy, el teatro de operaciones se ha extendido un poco más con Lola Dueñas rodando en Francia, Penélope Cruz en Italia, Elena Anaya en Australia y Marta Etura en Argentina. Todo marcha. Misión cumplida.

El sábado que estas 14 actrices se juntaron en Madrid para fotografiarse en torno a su representante, Katrina Bayonas no sabía nada. Era una sorpresa. Una especie de homenaje de sus chicas. Todas supieron guardar el secreto. Las primeras en llegar fueron las más jóvenes. Estaban nerviosas. Y dieron buena cuenta del inmenso repertorio de trajes de noche reunidos por Renée López de Haro. Más tarde aterrizaron las consagradas. Y fue la locura. Hubo momentos de crisis: todas se cambiaron una y mil veces de ropa. Mónica Cruz sudó hasta verse con su Valentino rojo y Najwa Nimri hasta gustarse con su melena negra. Todas querían ser las más guapas de la fotografía. Sin embargo, si se les mentan los celos profesionales, ninguna se da por aludida. "Eso no se pregunta".

La última en llegar fue Katrina, acompañada de Penélope Cruz, que actuó de gancho y se quedó con el último vestido disponible: un Dior estampado. Bayonas aún tardó unos segundos en darse cuenta de lo que estaba pasando. No entendía nada. ¿Qué hacían allí sus chicas? Por una vez perdió la flema inglesa. Y se emocionó.

"Y cuando me espabilé y las vi a todas juntas, impresionantes, vestidas de noche, a esas pedazo de actrices, a tres generaciones, me sentí orgullosa. De verdad. Nunca lo habría imaginado. Era el gran momento de mi vida".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de octubre de 2005