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Entrevista:RODOLFO MARTÍNEZ | Escritor | 64ª FERIA DEL LIBRO DE MADRID

"Me gusta pensar que Lucifer no era el malo"

El asturiano Rodolfo Martínez (Candás, 1965), uno de los grandes autores del género fantástico en España, ha sido el ganador del premio internacional de ciencia-ficción y literatura fantástica que concede la editorial Minotauro. La obra por la que ha recibido ese galardón, con elogios especiales de Fernando Savater, miembro del jurado, es Los sicarios del cielo, un tenebroso thriller metafísico protagonizado por un ángel que se encarna en ser humano y es el centro de una pugna sobrenatural en la que interviene el mismísimo príncipe de los demonios.

La historia tiene, con su versión de la caída de Lucifer y su dimensión metafísica, ecos de Milton y Swedenborg, aunque también se encuentran influencias más contemporáneas y populares, como los cuentos de terror de Clive Baker y la narrativa del estadounidense John Crowley. "El diablo de mi novela no es la maldad", dice Martínez, que, enfundado en una camiseta de Aliens, recalca que él no es creyente, pero lo religioso le atrae mucho. "Me gusta pensar que el demonio no ha sido en realidad el malo de la historia", reflexiona. "En puridad, según la lógica cristiana, somos lo que somos gracias a la serpiente, a ella le debemos el libre albedrío". Ese tema aparece en Los sicarios del cielo: "Lucifer, Shamael en el libro, no es el antagonista de la humanidad y del ángel protagonista. El enemigo es el arcángel Gabriel, líder de las legiones celestiales, un ser obsesionado por el orden, casi fascista. La voluntad de Dios nunca se conoce. No sabemos si Gabriel la expresa o actúa por su cuenta. Me gusta esa ambigüedad".

"La mezcla de novela negra y género fantástico me sale inmediatamente"

Los sicarios del cielo es una novela casi gótica pero atravesada por una acción y violencia modernas, un poco a lo Tarantino. "No quise hacer una novela gore, pero unos cuantos elementos de casquería nunca vienen mal", opina al respecto el autor.

Las descripciones de los ángeles y los pasajes que transcurren en el infierno -"un caos de dolor y retribución ordenado con una precisión maniática", como se describe en el libro- son de una perturbadora calidad surrealista. La historia avanza envuelta en una cierta oscuridad y el alcance sobrenatural de la misma se revela muy poco a poco. "Si escribes una novela fantástica para un público generalista tienes que dosificarte, porque la mayoría al detectar cualquier cosa que les suene a marcianos o magos se echa atrás. Hay que hacer que la aparición del elemento fantástico sea lo más paulatina posible. No se trata de engañar al lector, pero sí de engancharle antes de hacer explícito lo sobrenatural".

Martínez considera un elogio que se le compare con Crowley, cuya última y maravillosa novela, Traduciendo el cielo (Minotauro), también estaba centrada en un ser angelical. "Pequeño, grande, de Crowley, es uno de mis libros favoritos, lo releo con frecuencia, me encanta su tratamiento de lo mágico, lo feérico", señala.

De la estructura de thriller de su novela, el escritor explica: "Necesitaba envolver la historia y mezclar géneros, es algo que me gusta mucho. Hacer una fantasía autorreferencial te limita a un colectivo muy concreto, mientras que el mestizaje hace que tu obra sea asequible a un público amplio". La novela negra es una de las grandes pasiones de Martínez. "Mi primer amor fue la ciencia-ficción, pero luego descubrí a Sherlock Holmes. La verdad es que la mezcla de negro y fantástico me sale inmediatamente". De hecho, una de las obras más populares del novelista es un delicioso pastiche holmesiano, La sabiduría de los muertos (Bibliópolis), un caso del detective de Baker Street en el que aparece -también- el diablo y que gira en torno al Necronomicón, el peligroso grimorio de Lovecraft, en una trama en la que están envueltos asímismo Alistair Crowley y los ocultistas de la Golden Dawn. El libro incluye otro relato en el que Holmes se enfrenta a Drácula.

De la situación de la ciencia-ficción y la fantasía en España, el novelista opina que ha dado un vuelco espectacular. "Hay una explosión de obras de calidad y parece que por fin se ha despertado el interés de la industria editorial y se está llegando al gran público".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de junio de 2005