Crítica:LOS LIBROS DE JOSEPH RATZINGERCrítica
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Sólo la verdad tiene derechos

Joseph Ratzinger es un teólogo que acaba de ser nombrado Papa, nada extraño entonces que ante un escrito suyo interese más lo que dice que cómo lo dice. En su forma de pensar, de argumentar, podemos buscar claves que trasciendan al escrito y permitan vislumbrar cómo el Papa va a reaccionar ante los problemas de su Iglesia y del mundo. Este libro recoge textos ya publicados que hablan de la relación de la fe cristiana con la cultura de su tiempo y con otras religiones. No es Ratzinger un pensador que oculte sus cartas, al contrario, ante cada situación aplica un esquema muy meditado que revela ese modo de pensar que, debido a su notoriedad actual, va a ser sometido a una investigación detectivesca.

FE, VERDAD Y TOLERANCIA

Joseph Ratzinger

Traducción de Constantino Ruiz Garrido

Sígueme. Salamanca, 2005

237 páginas. 18 euros

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Si analizamos el trabajo que

da título al libro, por ejemplo, encontramos que polemiza con contrincantes de talla, en este caso con la posmodernidad alemana. Ésta ha tomado la forma de un neopaganismo o polimitismo que idolatra la libertad, ensalza el relativismo y cuestiona las pretensiones de verdad. Uno de sus portavoces más señalados es Jan Assmann, un egiptólogo que ha reescrito el origen del monoteísmo. En el principio era el politeísmo hasta que llegaron Akhenatón y Moisés "el egipcio" con una especie de contrarreforma monoteísta que alteró totalmente las relaciones religiosas y el destino de la humanidad. Desde la altura de su monoteísmo empezaron a distinguir entre creencia e increencia.

De la mano de Moisés entraba en la humanidad una distinción hasta entonces desconocida: entre verdadero y falso. Nace entonces una idea exclusiva de verdad, un acaparamiento de la universalidad que se traduce en la violencia política de la religión que ha marcado el mundo. Assmann y los suyos quieren que los dioses vuelvan de una manera, eso sí, civilizada, es decir, defendiendo la libertad como manda la ilustración.

Ratzinger reacciona ante lo que llama "la dictadura del relativismo" con una defensa de la libertad "bien entendida", es decir, con una libertad basada no en la autonomía del individuo, sino en la verdad. "La verdad" es el hilo conductor de su discurso y en ella invierte lo mejor de su talento de pensador. Su estrategia no consiste en invocar la autoridad infalible de algún dogma, sino en un discurso registrado al alimón en Atenas y Jerusalén. Pieza capital de ese armazón es la identificación platónica entre bien y verdad: sin la idea de verdad no hay manera de distinguir entre lo bueno y lo malo. Luego vienen los padres de la Iglesia que colocaron al cristianismo no del lado de las religiones, sino junto a la filosofía, es decir, como una posibilidad del conocimiento. Al final el modelo del conocimiento es un reflejo de las relaciones trinitarias, es decir, que pensar bien es pensar "desde" (una exterioridad trascendente), pensar "con" (los demás) y pensar "para" (lograr el fin para el que ha sido creado).

Todos estos escritos tienen un poderoso nervio teórico. Está claro que para este hombre se podrá o no estar en desacuerdo con la fe cristiana. Lo que no acepta es que se la banalice con aggiornamentos que la hacen irreconocible. Eso es un punto a su favor. Lo que pasa es que la claridad y contundencia de su esquema teológico le hace vulnerable a la crítica. Su particular cruzada contra todo relativismo le lleva a simplificaciones peligrosas, como la que hace con el autor de la parábola de los tres anillos, Epfraim Lessing. Éste no renuncia a la pretensión de verdad sólo la traduce por búsqueda -y no posesión- "mientras llega el juez dentro de miles y miles de años". No es un relativista pues en el "mientras tanto" hay un criterio de verdad: ser bien visto por los demás, el reconocimiento por otros.

Un escrito tan decidido co-

mo éste obliga a un par de reflexiones críticas. El teólogo sabe bien que la fe del creyente no es un producto de la razón, sino un don. Pero como está convencido de que lo que cree es verdad, da un paso al frente y exige a la razón que acepte su visión del hombre y de la historia. Hacer de esa verdad "la suprema garantía de la tolerancia" infunde mucho respeto. El paso de propuestas razonables a verdades casi de razón coloca a Ratzinger en la órbita del concilio Vaticano I y lejos del Vaticano II. Se echan de menos mediaciones más finas entre lo divino y lo humano.

Tampoco han faltado las críticas a su esquema mental de corte platónico. Joseph Ratzinger se defiende invocando la helenización de la misma Biblia, pero no es lo mismo hacer de la justicia el criterio de la verdad que a la verdad, criterio de justicia, que es lo que él sostiene sin desmayo. Para empezar la tradición profética tiñe la verdad de compasión, algo que no aparece en estas 240 páginas. De ahí las críticas a la impasibilidad de una teología que desenfunda la verdad con inusual ligereza.

Eso le ocurrió en 1998, durante un célebre debate público con Baptist Metz, bávaro de origen como él, pero ideológicamente en el lado opuesto. Alguien le echó en cara la inmisericordia de la Iglesia con los homosexuales, divorciados, amenazados del sida, jóvenes embarazadas...

Ratzinger no negó la dureza del trato. Exigió, eso sí, respeto a su postura porque estaba "contra cualquier dictadura doctrinal". A la vista de lo que ha hecho con los disidentes, queda la duda sobre si su constante invocación de la verdad era protesta contra la dictadura doctrinal o expresión de la misma. La solución, mañana.

Joseph Razitger, durante su época de profesor de teología en Freising, en 1959.
Joseph Razitger, durante su época de profesor de teología en Freising, en 1959.AFP

GUÍA DE LECTURA

OBRAS BÁSICAS

Introducción al cristianismo (Sígueme). La obra fundamental de Ratzinger. El equilibrio entre la revelación

y su actualización histórica.

Fe, verdad y tolerancia (Sígueme). La famosa polémica "contra el relativismo".

Mi vida (Encuentro).

Autobiografía intelectual desde su nacimiento hasta 1977, es decir, el

nazismo, la II Guerra Mundial y su relación con teólogos como Karl Rahner y Hans Küng.

El nuevo pueblo de Dios (Herder). Ratzinger progresista. Textos para el Concilio Vaticano II.

Informe sobre la fe (BAC). Las claves de la vuelta a la ortodoxia. Una larga entrevista mantenida con el

periodista italiano Vittorio Messori.

La sal de la tierra (Palabra) / Dios y el mundo (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores). De la crisis de

valores a la biogenética. Dos diálogos con el

periodista alemán Peter Seewald.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 29 de abril de 2005.

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