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OPINIÓN DEL LECTOR

Realidad cruda

Gracias por haberme hecho por fin reconocerme a mí mismo mi cruda realidad profesional: nunca ejerceré mi profesión. Soy diplomado universitario con un curso master de especialización de un año; llevo tres años enviando currículos y nunca me han llamado más que de empresas de "servicios" para trabajar "a destajo" (para vivir, es evidente que me he de dedicar a otras cosas). Ya me lo temía: si hay trabajo en mi sector profesional y, además, cada vez en mayor medida, es que alguien realiza esas funciones.

No le he dicho, pero soy diplomado en Biblioteconomía y Documentación, con un curso de más de 400 horas en Documentación Sanitaria; total, cuatro años de formación superior. Cuatro años tirados, por lo visto, por la borda, porque, según la dirección de un gran hospital como el Puerta de Hierro de Madrid, para lo que yo me he formado lo puede hacer un celador, un pinche de cocina... ¡y sin saber informática ni nada, por no hablar de codificación, técnicas de archivo... No tengo nada en contra de la promoción profesional, algo absolutamente lícito y reconocido por el Estatuto de los Trabajadores; pero yo le exigiría a esa dirección la obligación de dar la adecuada formación a sus trabajadores si pretende promocionarlos. Y si es incapaz, que deje su cargo, y a los trabajadores, que, ya que han consentido precisamente en esa promoción, que se "pongan las pilas", que está muy bien que te "asciendan" y ganar un poco de dinero más al mes, pero que es obligación también reconocida en el Estatuto de los Trabajadores el saber ejercer las tareas y dominar los medios técnicos necesarios para el ejercicio de las funciones de la categoría laboral que se ostenta.

En fin, que por lo visto nadie es culpable de nada, pero al final pagamos otros: los profesionales a los que otros "compañeros" nos usurpan los puestos de trabajo, por un lado, y los pacientes, por otro, paganos siempre de todos los males de la sanidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de abril de 2005