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Reportaje:

Los Cervera regresan a Cuba

Españoles y cubanos homenajean al almirante de la escuadra hundida por EE UU en 1898

Cuando se dice que los lazos de Cuba y España son de sangre y que entre españoles y cubanos las emociones pesan más que las coyunturas políticas, no existe engaño. Lo sucedido el viernes en el Castillo del Morro de Santiago de Cuba así lo demuestra.

A la entrada de la bahía, frente a la costa donde el 3 de julio de 1898 el almirante Pascual Cervera perdió su escuadra en el histórico combate naval que precipitó el fin del imperio español, 30 biznietos y tataranietos del militar le rindieron homenaje junto al jefe del Ejército cubano, Raúl Castro.

Los descendientes de Cervera no esperaban al hermano de Fidel Castro en la antigua fortaleza, bautizada por los españoles con el nombre de San Pedro de la Roca. Precisamente es lo que es, un bastión esculpido en la cornisa en que se une la montaña a los arrecifes, desde donde hoy se domina una perspectiva privilegiada. Al fondo está la Sierra Maestra, fragua de la revolución; bajo las almenas del Morro, se observa el estrecho canal de la bahía de Santiago, desde donde Cervera zarpó aquel 3 de julio a bordo de la nave insignia Infanta María Teresa.

Tras él lo hicieron los cruceros Oquendo, Vizcaya y Colón, y los cazatorpedos Furor y Plutón. Mal armados y sin carbón de calidad para alimentar sus calderas, eran esperados por la escuadra norteamericana, al mando del vicealmirante Sampson, con siete acorazados y cruceros y mucho más poder de fuego. Pocas horas duró la batalla, que al decir de uno de los descendientes de Cervera, fue una especie de "tiro al pichón".

"Le ordenaron un suicidio, quizás por eso el almirante y sus hombres se vistieron de gala aquella mañana", dijo el viernes Raúl Castro, tras develarse un busto de bronce de Cervera donado por sus familiares, que presidirá a partir de ahora una de las salas del museo del Morro.

En este mismo baluarte, las autoridades cubanas organizaron en 1998 un acto en conmemoración de aquel combate decisivo para el futuro de las relaciones de España y Cuba, y de Cuba y Estados Unidos. El Gobierno de Aznar no participó entonces, pero sí fueron invitados tres biznietos del almirante, y fue entonces cuando surgió la idea de realizar un homenaje especial a Cervera.

La celebración fue compartida. Primero se develaron siete bustos de generales mambís y patriotas cubanos que guardaron prisión en el Morro en el siglo XIX. Después se descubrió el de Cervera, y llegaron las palabras.

"Imperialismo"

El vicepresidente cubano, José Ramón Fernández, dijo que los marinos españoles inmolados "fueron víctimas de las codicias y ansias del imperialismo yanqui", igual que "los cubanos que han muerto o lamentado la pérdida de sus seres queridos como consecuencia de las agresiones de EE UU" en los últimos 45 años.

Pascual Cervera de la Chica, en representación de los 1.500 descendientes del almirante, resaltó que su antepasado "fue amigo del pueblo cubano y tenía las ideas muy claras sobre su destino (...), frente al desconcierto y frivolidad de aquel Gobierno [español] torpe y miope, empeñado en no ver la razón de las cosas".

Junto a las palabras, en la fortaleza de San Pedro de la Roca estaba la realidad de una historia común. Raúl, abuelo de ocho nietos, dos de los cuales jugaban entre los laberintos de la fortaleza colonial, contó que su padre, el gallego Ángel Castro, fue soldado del ejército español y después fundó una familia en Cuba. Las banderas de ambos países estaban izadas, y en un momento durante el acto sonaron los dos himnos nacionales en el Morro. El más joven de los Cervera, Guillermo, de 10 años, escribió en el libro de visitas: "Este bonito día, lleno de sorpresas, no se puede expresar". Y el mayor, el almirante retirado Pascual Cervera Perís, de 76 años, resumió ante de marchar: "La política pasa, esto no".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de marzo de 2005