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VISTO / OÍDO

Castigos a pecadores

Un médico de la Comunidad de Esperanza Aguirre ha sido suspendido, y a la espera de lo que decida el juez, por aliviar con calmantes a los agónicos que sufrían, aunque pudiera adelantar su muerte segura. En Dubai -Emiratos Árabes Unidos, amigos y petroleros-, una muchacha soltera va a recibir 150 latigazos y a ser desterrada porque está embarazada. No encuentro diferencias. Cuando se quiera aliar civilizaciones, que no sea por ese extremo. En los dos casos, las autoridades han actuado por denuncias particulares: la ventaja moral que tienen los de Dubai es que no se ocultan, dan sus nombres y sus circunstancias. A los de aquí se supone que se les premiará en el más allá: "Dios reconocerá a los suyos", dijo un gran cristiano que mataba y mandaba matar a los albigenses, cuando alguien le dijo que habría entre las víctimas numerosos ortodoxos. Supongo que el caso del doctor piadoso, si es que la denuncia es cierta, estará muy repetido; creo que en otros países hasta se les agradece mucho esa ayuda al enfermo sin más vida para que no siga sufriendo. Siempre me ha asustado lo contrario.

Esa idea católica -que no de todos los cristianos- de que el sufrimiento se ofrece a Nuestro Señor sospecho que es más sádica que teológica. Toda religión tiene su parte de sadismo secular, delimitado por circunstancias lingüísticas curiosas. No sé si el elogio del martirio, o la elección de la muerte antes que perder la virginidad -María Goretti-, será punible en el supuesto cielo o será alabado y premiado a pesar de que es una entrega a la muerte. Y no sé qué habrán hecho allá con el cura que incitaba a la guerra contra los franceses el 2 de mayo de 1808: "¡Guerra!, clamó ante el altar el sacerdote con ira" (Oda de Bernardo López). ¿No es la ira un pecado? La idea de que puedan ser más pecadores quienes denuncian que los culpables es tan disparatada que enunciarla ya es un disparate: ¿culpables?, ¿pecadores? Todo está tergiversado. No sería capaz de decir que Aguirre es pecadora, ni culpable: que lo digan ellos, si quieren, y que Dios les dé una buena muerte, como les da una buena vida. Lo único que quiero señalar es que no son tan distintos islámicos de cristianos. Aquí vivieron juntos ocho siglos, y se nota.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de marzo de 2005