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Tribuna:TRIBUNA SANITARIA

El poder de la nicotina

Renfe ha prohibido el consumo de tabaco en trayectos de menos de cinco horas y los responsables de la empresa se han ocupado de formar al personal para atender las posibles crisis de ansiedad, irritabilidad y conflicto entre los fumadores. Si la nicotina no fuera una sustancia con marcados efectos cerebrales, ¿para qué haría falta todo este montaje? La nicotina es un producto tres o cuatro veces más adictivo que la heroína o la cocaína (que ya es decir). La capacidad adictiva de una droga no depende de que sea legal o ilegal, cara o barata, fácil o difícil de encontrar. Depende sencillamente del intervalo de tiempo que transcurre entre el instante en que se consume y la percepción de sus efectos en el cerebro. Debido a que la nicotina se inhala en forma de gases a través de los pulmones, sólo transcurren 10 segundos desde la calada hasta que se nota el impacto cerebral. Este escaso tiempo es muy reforzador, dado que el fumador adicto tiene una sensación de bienestar y de tranquilidad, mientras que si se retrasa unas horas la siguiente dosis siente todo lo contrario.

Basta un cigarrillo o incluso una calada para despertar los receptores de la adicción

Según la Asociación Americana de Psiquiatría, los criterios científicos de adicción a la nicotina son dos: consumo diario de nicotina durante varias semanas, y aparición de cuatro o más de los siguientes trastornos cuando se suspende el consumo durante 24 horas o más: falta de humor, insomnio, irritabilidad, frustración o enfado, ansiedad, dificultad para concentrarse, intranquilidad, disminución de la frecuencia cardiaca e incremento del apetito.

La adicción a la nicotina es tan intensa que personas con graves enfermedades siguen fumando. Por ejemplo, vuelven a fumar la mitad de los operados de cáncer de pulmón, el 38% de los que sufren infarto de miocardio, el 40% de los laringuectomizados y el 30% de los pacientes con oxigenoterapia domiciliaria.

La dependencia es psicobiológica y está favorecida por el entorno social. Los fumadores utilizan el tabaco como estrategia para afrontar todo tipo de situaciones, tanto positivas como negativas, para trabajar, estudiar, comunicarse, descansar, recibir malas noticias, etcétera. Estos factores psicológicos llegan a evocar respuestas similares a los efectos farmacológicos de la nicotina porque los procesos neuroquímicos de adicción y abstinencia están asociados intensamente a todo tipo de situaciones.

El proceso del síndrome de abstinencia comienza a las 24 horas, suele adquirir más intensidad a lo largo de la segunda semana sin fumar y suele durar hasta entre seis y ocho semanas, aunque en algunos casos persiste durante años de forma más atenuada e intermitente. Sin embargo, es más difícil resistir fumando unos pocos cigarrillos que sin fumar ninguno. La explicación a esta paradoja reside en la densidad de receptores de nicotina presentes en el cerebro del fumador. Después de un tiempo sin fumar basta un cigarrillo o incluso una calada para despertar a todos estos receptores cerebrales, que empiezan a pedir nuevas y repetidas dosis como un nido de polluelos hambrientos.

La industria tabaquera siempre ha negado públicamente que la nicotina sea adictiva pero internamente ha reconocido que la adicción es la razón primaria por la que la gente continúa fumando. En los juicios del Estado de Minesota contra las siete principales tabaqueras, todos los directivos negaron bajo juramento este hecho. Sin embargo, a partir de esos juicios, los tribunales obligaron a las compañías a poner a disposición pública sus documentos internos. En estos documentos, disponibles en Internet, se puede ver que la industria conocía perfectamente el poder adictivo de la nicotina desde hace ¡más de 40 años! Se puede leer, por ejemplo, lo siguiente: "La nicotina es adictiva. Estamos entonces en el negocio de vender nicotina, una droga adictiva" (Addison Yaeman, Brown & Williamson, 1963). Y esto otro: "El cigarrillo no debe interpretarse como un producto, sino como un sistema. El producto es la nicotina. Piense en el cigarrillo como dispensador de una dosis de nicotina". (Científico de alto rango. Industria Tabaquera, 1972). Y esto: "La gente fuma por diferentes razones. Pero la razón principal es introducir nicotina dentro de su organismo. La nicotina es una sustancia nitrogenada fisiológicamente activa similar a la quinina, la cocaína, la atropina o la morfina" (científico de Philip Morris, sin fecha). Y esto: "El cigarrillo es un sistema de administración de una droga que tiene una ventaja muy, muy significativa para el público: la rapidez. Diez segundos después de comenzar a fumar, la nicotina ya está disponible en el cerebro. Después de esto, el cliente obtiene un impacto instantáneo, dándole a entender que el cigarrillo es activo. El sabor también es perceptible inmediatamente lo que se añade a la sensación anterior. Otras drogas como el cannabis, las anfetaminas o el alcohol son más lentas y su efecto más dependiente del estado de ánimo" (Científico de British American Tobacco, sin fecha).

Normalmente quien mejor conoce un producto es aquel que lo fabrica. ¿Vamos a dudar de los propios fabricantes cuando negamos el poder adictivo de la nicotina? No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Rodrigo Córdoba García es presidente del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de marzo de 2005