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AGENDA GLOBAL | ECONOMÍA
Columna
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El poder político y el poder económico

Joaquín Estefanía

PRONTO HARÁ UN AÑO de la conferencia de Zapatero en el Colegio de Economistas de Madrid, donde presentó su programa económico ante centenares de especialistas. En aquel discurso, el entonces aspirante a presidente de Gobierno dijo: "Hace falta más libertad económica... favorecer la separación entre el poder económico y el poder político, que tanto se han aproximado

durante los años del PP, es fundamental... Hay que acabar con el intervencionismo del Gobierno en todas las decisiones empresariales, en todos los niveles, desde las fusiones de grandes empresas privatizadas hasta los dirigismos a los que se somete a nuestras pequeñas y medianas empresas...".

Hace pocos días apareció publicado el índice de libertad económica que elaboran conjuntamente la muy conservadora Fundación Heritage y el no menos conservador The Wall Street Journal: en el último año, España ha retrocedido cuatro puestos en la clasificación sobre libertad económica mundial, del puesto 27 al puesto 31. Conviene recordar ambas circunstancias ahora que andan bastante revueltas las relaciones entre el poder político y el poder económico, y ante una demanda cada vez menos sorda del mundo empresarial: falta interlocución directa entre el Ejecutivo y ese sector; no existe un grado de fluidez suficiente entre ambos.

España ha retrocedido cuatro puestos en el índice de libertad económica, un valor con el que Zapatero ganó. ¿Cuándo se van a acabar las interferencias, en ambos sentidos, entre el poder político y el económico?

Las manifestaciones del vicepresidente económico Pedro Solbes, el pasado martes, sobre el conflicto que enfrenta al Consejo de Administración del BBVA con el de la constructora Sacyr Vallehermoso, en las que apelaba a una solución de compromiso de las partes que garantizase la "españolidad" y la "estabilidad" del banco, sorprendieron por al menos tres particularidades: la oportunidad del momento, un día antes de la reunión del Consejo de Sacyr, en la que se tenía que decidir si se continuaba con la operación de entrar en el capital del banco; el argumento de la "españolidad", cuando la mayor parte del capital de los bancos está en manos de los fondos de inversión y de inversiones multinacionales (¿significa eso que el Gobierno vuelve a la teoría de los núcleos duros?), y la propia intervención de Solbes, que hasta ese momento era uno de los miembros del Gobierno que habían manifestado su neutralidad. Después de las declaraciones del vicepresidente, la cotización en Bolsa del BBVA bajó, quebrando una tendencia al alza.

Al mismo tiempo se abría otra fisura entre el mundo empresarial y el Ejecutivo a raíz de la futura elección de presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio. Independientemente de la valía personal del aspirante, Javier Gómez Navarro, ministro de Comercio con Felipe González, algunos miembros de dicho consejo consideraron que al Ministerio de Industria sólo le corresponde regular el proceso de elección, pero no manifestar sus preferencias por el candidato. La reunión que se ha celebrado entre los vicepresidentes de las Cámaras y el ministro de Industria, José Montilla, para encontrar un candidato de consenso no hace sino avalar la existencia de esas relaciones inmaduras.

Los ruidos entre el mundo económico y el político se multiplican en España cuando, para denunciar las interferencias, aparecen los portavoces más tradicionales del PP rasgándose las vestiduras. Porque si existiera algún argumento para la intervención, tendría que ver con los desequilibrios que propició la derecha en los ocho años en que gobernó. ¿No fue elegido el actual presidente del Consejo de Cámaras, Fernández Norniella, por ser el íntimo amigo y colaborador de Rodrigo Rato? ¿No es la mayor debilidad de Francisco González, presidente del BBVA, haber sido elegido presidente de Argentaria -el brazo público del banco privado, luego fusionado- por su relación con Rato y con el grupo que se hizo cargo de las empresas públicas privatizadas? El PP privatizó y sustituyó el sector público empresarial por un sector privado gubernamental. De aquellos polvos vienen estos lodos, pero ello no justifica que no se intente la superación de las actitudes espurias.

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