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CATÁSTROFE EN ASIA | La situación en Sri Lanka

Sri Lanka prohíbe las adopciones después de conocer casos de tráfico de menores

Sri Lanka decidió ayer prohibir la adopción de niños huérfanos a causa del tsunami, después de recibir la confirmación del secuestro de menores tras la tragedia, informaron fuentes oficiales esrilanquesas. UNICEF confirmó ayer un caso de tráfico de niños huérfanos o separados de sus padres. Birgithe Lund-Henriksen, jefa de la organización en Indonesia, dijo que la policía confirmó que un niño de cuatro años fue secuestrado en Banda Aceh, la capital de la provincia indonesia más devastada por el tsunami, por un hombre y una mujer que aseguraban ser padres del menor, informa Reuters. La Oficina Internacional de las Migraciones dijo ayer que una agencia indonesia ha denunciado siete casos de tráfico de niños tras el paso del tsunami.

El secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, se declaró ayer en Colombo impresionado por el esfuerzo desplegado por Sri Lanka para recuperarse del baño de muerte y destrucción que le infringió el tsunami. Tras entrevistarse con la presidenta, Chandrika Kumaratunga, el jefe de la diplomacia estadounidense aseguró que Colombo puede contar con la ayuda de Washington en la reconstrucción del país, aunque el grado de destrucción revela que se "tomará tiempo". En su última gira como jefe de la política exterior de EE UU y en contestación a la demanda del secretario general de la ONU, Kofi Annan -realizada el jueves en la conferencia de donantes de Yakarta sobre que la situación exige que las promesas se conviertan en "dinero real"-, Powell aseguró que Washington ha hecho efectivos unos 50 millones de dólares de los 350 millones prometidos.

Conforme el dinero se materializa, crece en Sri Lanka el temor al mal uso de éste. "No hay ningún organismo internacional que supervise lo que el Gobierno recibe, ni cómo lo gasta. La tentación de que se quede en los bolsillos de un puñado de políticos es más que evidente", sostiene un profesor de la Universidad de Colombo. En la calle, los damnificados afirman que los días pasan y ellos siguen sin recibir el más mínimo apoyo gubernamental.

Doce días después del maremoto que arrasó 1.200 kilómetros de costa -el 75% del total-, Powell se encontró un país que ha dejado de llorar a sus muertos para tratar de aliviar el duro golpe sufrido por más de un millón de supervivientes, que perdieron, en menos de 15 minutos, todo lo que poseían.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de enero de 2005