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Los primeros universitarios que ensayan los métodos de Bolonia subrayan sus ventajas

Los estudiantes relatan su experiencia con unos procedimientos que fomentan la participación

Estos estudiantes valencianos son la avanzadilla de los que formarán las universidades españolas cuando se generalice el Espacio Europeo de Educación Superior. Todos han preferido vivirlo en primera persona y han decidido sumergirse en los entresijos de esta nueva metodología docente, adaptada al acuerdo universitario de Bolonia, a través de la participación en los grupos de innovación que las universidades valencianas iniciaron el curso pasado. Miles de universitarios valencianos participan ya en esta primera transición a los métodos aprobados en Bolonia y una serie de consultas al azar indica que los alumnos se sienten a gusto con los nuevos métodos. Tras un año, los pioneros relatan el primer contacto con unas técnicas que potencian el aprendizaje del estudiante y que están llamados a protagonizar la mayor transformación de la universidad española. Y es que los grupos piloto que ensayan lo que vendrá en pocos años ponen fin, por ejemplo, a la visión del estudiante anónimo diluido en la masa. Reducción de horas presenciales, implantación de actividades participativas y un sistema de créditos europeo constituyen los elementos esenciales del sistema. Todo, para pertrechar a los alumnos con "competencias" en aras de su mejor adaptabilidad laboral.

Reducción de horas, créditos europeos y tutorías, elementos esenciales del sistema

La visión del estudiante anónimo desaparece en aras del alumno con nombre y apellidos

En la Universitat de València, 945 estudiantes participaron por primera vez el curso pasado en estos grupos. Entre los distintos estudiantes consultados, de ésta u otras universidades, prevalecen los argumentos a favor. Núria Huguet, Alicia Monléon, José Luis Vallés y Elisa García compartían el grupo innovador de Química en el campus de Burjassot. Se enteraron de su existencia en las reuniones informativas. Ahora, coinciden en apuntar como una de las principales ventajas las clases reducidas. En su caso, de 24 alumnos. "Tenemos un contacto muy directo con los profesores", indica Elisa García, compañera de José Luis Vallés, a quien también le sorprendió que en la universidad fueran menos que en el instituto. Se activaron tutorías de asistencia obligatoria con un carácter quincenal en las que cuatro alumnos corregían ejercicios ante un profesor. "Los cuatro quedábamos antes para trabajar la materia y la llevábamos al día", indica Vallés. Alicia Monleón se refiere a otras diferencias: "Menos horas magistrales, exámenes parciales, excursiones a industrias, charlas de químicos y seminarios...". Recomiendan iniciar esta metodología a todos los estudiantes, si bien advierten de que a sus seguidores "no les vale eso de estudiar el último mes". Concluyen que este cambio a veces provoca resistencias: algunos estudiantes reprueban un sistema que consideran fronterizo a la formación secundaria.

Santiago Abad participó en la asignatura experimental de Inglés I. Tilda la experiencia de "positiva". Como puntos fuertes subraya "la alta motivación del profesorado, la relación fluida entre el estudiante y el alumno y la facilidad para controlar lo aprendido". Lo que más le gustó fue tener el plan semanal con antelación y los seminarios (intercambios de cinco o seis alumnos con un estudiante nativo). Al otro lado de la balanza sitúa la sensación experimentada de "reducción de independencia" para el alumno y "los horarios que a veces no son los más idóneos para la gente que también trabaja".

La alumna Rosa Sanchis, de la doble titulación ADE-Derecho de la Universitat, opina que los grupos experimentales "enseñan a organizarse la faena, a aprender a gestionar el tiempo y dan más margen al trabajo personal para el alumno".

En la Universidad de Alicante, la diplomatura de Trabajo Social se ha acogido a los postulados europeos. Sandra Ruiz estudió en el sistema tradicional y ahora participa como becaria en el proyecto de innovación educativa que ha transformado la titulación estos dos últimos cursos. "Los estudiantes ya no son números de un expediente, se les conoce por su nombre" y explica cómo a través de la evaluación continua se potencia la capacidad crítica del estudiante y su preparación para llegar mejor a "la prueba global", el neologismo para referirse a los "exámenes". En su alocución aparecen otros como "las supervisiones grupales", que son las tutorías a los que acostumbran todos los grupos innovadores. La alumna Ángela Grande está muy satisfecha de participar en la experiencia alicantina. Mejoraría aspectos físicos, porque la falta de espacio y el anclaje del mobiliario al suelo imposibilita a veces los debates. Finalmente, y para mejorar estas experiencias, abogaría por un incremento de profesorado para imprimir una mayor celeridad a las calificaciones continuas.

Algunas especialidades de la Politécnica también se adaptan a las enseñanzas de nuevo cuño. Joel Grau está realizando el proyecto en la Ingeniería en Geodesia y Cartografía, de segundo ciclo. En ésta se empezaron a implantar asignaturas hace tres cursos y desde hace dos todos los alumnos de la titulación, en torno a un centenar, participan de los métodos que ponen en el acento en el aprendizaje activo: seminarios, tutorías, reducción de clases magistrales... El ingeniero, que estudió Topografía en Cataluña, también se decanta por la enseñanza basada en el aprendizaje autónomo del alumno y que exige constancia. "Los profesores explican menos aspectos teóricos y desarrollan la teoría del concepto para que el alumno la desarrolle". También destaca la importancia de la coordinación del profesorado en este modelo para programar el trabajo de los alumnos de manera que no todas las prácticas se entreguen a la vez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de diciembre de 2004