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Tribuna:

Elecciones y disparos en Taiwan

El 20 de marzo de 2004 ha sido un día histórico para Taiwan, al celebrarse tanto las terceras elecciones presidenciales de esta joven democracia como su primer referéndum popular. En estos comicios, el actual presidente de Taiwan, Chen Shui Bian, dirigente del Partido Democrático Popular, ha conseguido renovar su mandato, aunque no han tenido éxito las dos propuestas que presentó sobre las relaciones entre China y Taiwan. Desafortunadamente, la coyuntura en que se han producido los resultados electorales ha arrojado dudas sobre los mismos, desencadenando protestas en las principales ciudades de la isla y forzando el sellado de las urnas electorales. Pero, ¿qué es exactamente lo que ocurre en Taiwan? ¿Cuáles van a ser las implicaciones de este proceso electoral?

Chen ha conseguido aparecer como la víctima de la intransigencia del PC Chino

La victoria de Chen Shui Bian en las anteriores elecciones presidenciales de 2000 puso fin a más de 50 años de gobierno del Partido Nacionalista Chino y sirvió de colofón a la consolidación de la democracia taiwanesa. El fortalecimiento de la democracia taiwanesa no sólo resultaba imprescindible para el devenir de la isla, sino que además contradecía a quienes sostenían que la cultura confuciana es el germen de ciertas actitudes antidemocráticas en Asia Oriental. Ahora bien, este triunfo sólo fue posible gracias a la fragmentación interna del Partido Nacionalista Chino, que no presentó un único candidato. De este modo, el 39% de los sufragios bastaron para proclamar presidente a Chen, a pesar de que las aspiraciones en liza encabezadas por Lien Chan, candidato oficial del Partido Nacionalista, y James Soong, entonces independiente pero otrora secretario general del mismo Partido Nacionalista, fueron respaldadas conjuntamente por un 60% de los electores.

Las posibilidades de que ahora fuera reelegido Chen Shui Bian se antojaban en principio escasas. A los problemas propios de un Gobierno con tan débil sustento popular había que añadir la grave recesión económica que ha sacudido a Taiwan desde 2001, así como el bloqueo institucional derivado de la cohabitación entre un Gobierno del Partido Democrático Popular y una mayoría parlamentaria conservadora, refrendada en las elecciones legislativas de diciembre de 2001. Además, el acuerdo al que llegaron para la presentación en las elecciones de 2004 de una candidatura conjunta por parte de Lien Chan y James Soong, para la presidencia y vicepresidencia, respectivamente, venía a poner las cosas aún más difíciles. De hecho, hasta el verano de 2003, los sondeos sobre intención de voto daban como claro favorito al tándem formado por Lien y Soong.

No obstante, las distancias comenzaron a recortarse a finales de 2003 gracias a un par de acontecimientos que tensaron las relaciones chino-taiwanesas y reforzaron el movimiento independentista que dirige el Partido Democrático Popular. En primer lugar, la celebración de dos multitudinarias manifestaciones encabezadas por el anterior presidente de Taiwan, Lee Teng-hui, para pedir la sustitución del nombre oficial de República de China por el de Taiwan. Entonces se movilizaron 150.000 personas en Taipei y 200.000 en Kaohsiung, unas cifras sin precedentes en la isla. En segundo lugar, el Parlamento taiwanés aprobó, tras largas deliberaciones, una ley que confiere al presidente de Taiwan la competencia de convocar referendos. Esta nueva potestad fue aprovechada por el actual presidente para tensar las relaciones con la República Popular China mediante la convocatoria de dos consultas populares, coincidiendo con las elecciones presidenciales del 20 de marzo de este año, en las que se preguntaba a la población sobre la conveniencia de reforzar las defensas de Taiwan en caso de que la República Popular China no retire los 500 misiles que actualmente apuntan a la isla, así como la de retomar las negociaciones de paz con Pekín. Aunque en ambas situaciones los detonantes del deterioro de los vínculos entre las dos orillas del estrecho de Taiwan han sido iniciativas del presidente taiwanés, Chen Shui Bian ha conseguido aparecer ante su opinión pública como la víctima de la intransigencia del Partido Comunista Chino, lo que elevó su popularidad en los meses previos a las elecciones. A pesar de ello, las encuestas preelectorales le seguían dando como perdedor dos días antes del plebiscito, situación que probablemente se hubiera consumado de no haberse producido un intento de magnicidio en la víspera de la votación.

El 19 de marzo, durante un acto electoral del Partido Democrático Popular en Taiwan, se realizaron dos disparos provenientes de una fuente aún no identificada, que hirieron levemente al presidente Chen Shui Bian y a la vicepresidenta Annette Lu. Este lamentable incidente parece haber modificado decisivamente el curso de las elecciones, que Chen ganaría al día siguiente por un escaso margen de 29.518 votos. De una parte, desencadenó una ola de apoyo popular hacia el presidente en un momento crítico desde una perspectiva electoral. De otra, Chen aprovechó la coyuntura para activar el protocolo de seguridad nacional, lo que ha impedido ejercer su derecho al voto a unos 200.000 militares y policías, colectivos que tradicionalmente votan al Partido Nacionalista Chino. La victoria de Chen también ha sido puesta en entredicho por la oposición, debido al altísimo número de votos nulos, 337.297, que suponen más de once veces el margen por el que ha ganado las elecciones y casi triplican los 122.278 registrados en las elecciones presidenciales de 2000. Nada más hacerse públicos los resultados, comenzaron las movilizaciones que pedían la impugnación de los comicios. La reacción del Tribunal Supremo de Taiwan no se ha hecho esperar, decretando el sellado de las urnas electorales. Tampoco se descarta que en breve se inicie un nuevo recuento de los sufragios.

En las últimas horas, el Partido Comunista Chino se ha felicitado de que ninguno de los referendos haya alcanzado quórum y se mantiene a la expectativa de la evolución de los acontecimientos. En cualquier caso, los resultados hacen improbable que se produzca una notable mejora en las relaciones entre Taipei y Pekín, en tanto que Chen Shui Bian siga siendo presidente de Taiwan. De ahí que, independientemente del curso que siga la situación en las próximas semanas, la credibilidad de la democracia taiwanesa pueda verse menoscabada por los sucesos de los últimos días. Este proceso electoral no va a contribuir a mejorar la ya deteriorada gobernabilidad de Taiwan, ni las relaciones de la isla con la China continental, con el consiguiente perjuicio para la realidad económica y estratégica de la zona.

y Mario Esteban es investigador de Ciencias Sociales en la Universidad de Pekín.

Taciana Fisac es directora del Centro de Estudios de Asia Oriental de la Universidad Autónoma de Madrid

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de marzo de 2004