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CARTAS AL DIRECTOR

Sobre el síndrome de Brugada

Escribo en primer lugar para dar las gracias por la publicación del reportaje "Un rayo fulminante directo al corazón" (EL PAÍS, 17-2-2004), que trata el síndrome de Brugada, una "muerte súbita" que afecta a algunos varones en condiciones físicas "normales". Sin embargo, he de decir que no era necesario irse hasta Nueva York para encontrar algún caso de esta enfermedad cuando en España ya existen algunos pacientes.

Hace poco más de dos años, el que hoy es mi marido, Javier, de 35 años, sufrió un síncope mientras estábamos en el cine. Se recuperó rápido, había sentido un mareo. Sin embargo, el episodio sucedió de tal forma que rápidamente pensé que se trataba de algo diferente. Nos fuimos a urgencias. Me viene a la memoria que en el Hospital de Madrid no quisieron atendernos porque las pruebas, sin seguro médico de dicho centro, nos costarían muy caras. Nada es caro si de la propia vida se trata. Afortunadamente llegamos sin contratiempos al Hospital de la Princesa, donde Javier sufrió, mientras estaba siendo observado, un segundo síncope, esta vez fulminante. Gracias al excelente equipo médico pudo salvar la vida. "Has resucitado dos veces", le dijeron los médicos. Le diagnosticaron el síndrome de Brugada, una enfermedad de la que hoy se conoce muy poco. Casi nadie ha oído hablar de ella, a pesar de su evidente gravedad.

Hoy, dos años más tarde, Javier ha superado ocho ataques más gracias a un desfibrilador que le implantaron en el hospital Puerta de Hierro, donde se encuentra una de las personas que más sabe en Madrid de esta enfermedad, el doctor Ignacio Lozano. Además de Javier, dos de sus cinco hermanos han tenido que implantarse asimismo un desfibrilador. Mis hijos tienen muchas probabilidades de heredar la enfermedad.

Una vez superado el susto nos ha resultado difícil poder conocer más sobre este mal, si no fuera por la excelente calidad humana y la paciencia y amabilidad que han mostrado los doctores Ramón y Josep Brugada, además de los doctores Lozano y Toquero, de Puerta de Hierro, que han contestado sin demora cada una de nuestras incógnitas.

Como ellos bien saben, ésta es una enfermedad grave por lo mortal que es. No avisa y es casi invisible.Y como periodista que soy, sé muy bien el papel crucial que desempeñan los medios de comunicación para dar a conocer cualquier tema. Por eso me alegro de la publicación de su artículo, aunque a la vez me lamento de la poca atención y ayuda que reciben enfermedades como ésta. Parece como si tuviera que afectar a un número muy superior de personas para tratar de ponerle freno y solución. Ojalá las administraciones se dieran cuenta de esto y no esperaran a que el mal sea mayor para ayudar y colaborar con la investigación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de febrero de 2004