Israel lanza ataques contra infraestructuras petroleras y de suministro de Irán
Los bombardeos alcanzan depósitos de crudo y Teherán acusa a Washington de atacar una planta desalinizadora de agua. El régimen iraní denuncia que se abre “una nueva fase” de la guerra

El antiquísimo sistema persa de irrigación de los árboles de los bulevares de Teherán ―los joob, acequias que recogen el agua de lluvia― ardió en la madrugada de este domingo. Por esos canales había empezado a correr petróleo, después de que Israel atacara durante la noche cuatro depósitos de crudo y un centro de transferencia de productos petrolíferos en las provincias de Teherán y Alborz, según ha confirmado a la agencia oficial IRNA, el director ejecutivo de la Compañía Nacional Iraní de Distribución de Productos Petrolíferos, Keramat Veis Karami.
De forma paralela, Israel ha proseguido los ataques contra objetivos puramente militares. Este domingo ha anunciado también haber bombardeado búnkeres de munición,una base de la milicia Basij y el cuartel general de la Fuerza Espacial de la Guardia Revolucionaria de Irán, la unidad de este poderoso ejército paralelo de la que depende el arsenal de misiles y drones iraníes y el programa de satélites de producción propia iraní, incluido el Khayyam, que, según Israel, se utilizaba para vigilar su territorio.
De madrugada, las explosiones en los depósitos de petróleo causaron enormes bolas de fuego y una lluvia ácida que cayó este domingo sobre la capital dejando charcos negros, mientras densas nubes de humo emanaban del incendio de los depósitos, que han ardido durante horas. El bombardeo ha liberado al cielo de Teherán grandes cantidades de hidrocarburos, óxido de azufre y de nitrógeno, productos altamente tóxicos, ha advertido la Media Luna Roja del país.
Estos ataques contra los depósitos de petróleo no han sido los únicos de las últimas horas contra infraestructura de uso civil, según el Gobierno iraní. El ministro de Exteriores del país, Abbas Araghchi, acusó también el sábado por la noche a Estados Unidos de haber atacado una planta de desalinización de agua en la isla de Qeshm, en el golfo Pérsico, de la que dependen al menos 30 localidades para disponer de agua corriente.
Los bombardeos contra la “infraestructura de energía” iraní abren una “peligrosa nueva fase” en la guerra, ha escrito este domingo en X el portavoz del Ministerio de Exteriores en Irán, Esmaeil Baqaei. Este portavoz ha acusado a los atacantes de iniciar una “guerra química” contra los iraníes que se extenderá fuera de las fronteras del país, ha dicho, y que constituye “crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio, todo al mismo tiempo”.
Irán ha prometido responder de forma análoga a estos últimos bombardeos. Este domingo, Bahréin ha asegurado que drones iraníes han atacado una desalinizadora de agua, lo que ha atizado los temores de que la línea roja que, según el derecho internacional humanitario, debería proteger a esas instalaciones vitales para la supervivencia de la población, se haya ya atravesado por los contendientes en esta guerra.
Mientras, en Jerusalén y Tel Aviv, las sirenas que alertan de nuevos ataques han vuelto a sonar, poco antes de que se oyeran fuertes explosiones, por la llegada de misiles desde Irán, según ha anunciado el Gobierno israelí. Emiratos Árabes Unidos y Kuwait ha denunciado a su vez nuevas arremetidas con drones y misiles iraníes. Una de esas aeronaves no tripuladas ha provocado un gran incendio al impactar contra un edificio de gran altura que alberga oficinas gubernamentales en la capital homónima de Kuwait.

El precedente de Irak
Estos primeros ataques israelíes conocidos contra infraestructura petrolera de Irán amplían los objetivos de esta contienda y apuntan a la destrucción del tejido económico de un país que recuerda con temor el nefasto precedente de uno de sus vecinos: Irak.
En 1991, el entonces secretario de Estado de Estados Unidos, James Baker, pronosticó que Irak sería bombardeado hasta “regresar a la época preindustrial”. Unicef calculó luego que 43 días de bombardeos habían generado pérdidas de 232.000 millones de dólares (172.000 millones de euros) de los años noventa. La generación de electricidad de la posguerra se desplomó al 4% de los niveles anteriores al conflicto.
Bombardear instalaciones como una planta potabilizadora de agua puede constituir, además, un crimen de guerra, según el derecho internacional humanitario. El sábado, Israel había atacado ya el aeropuerto de doble uso civil y militar teheraní de Mehrabad, del que parten muchos vuelos internos desde la capital del país.
Otro temor ahora es que estos primeros ataques vayan seguidos de otros de más magnitud, susceptibles de arrasar la industria petrolera, la que proporciona a Irán alrededor del 25% de sus ingresos, según el Banco Mundial. Israel y Estados Unidos no han golpeado, al menos de momento, la isla de Jarg, donde se encuentra la principal terminal de carga de crudo en petroleros para exportación. Tampoco los campos donde mana el oro negro en la provincia de Juzestán, junto a la frontera con Irak, ni refinerías como las de Bandar Abbás, Abadán o Isfahán.
Aunque Irán atesora las terceras reservas de petróleo del mundo, el duro régimen de sanciones que pesa contra el país ha limitado sus exportaciones de ese hidrocarburo, que solo constituyen entre el 2% y el 5% del total mundial.
Sin embargo, se le considera un “gigante latente”, cuya eliminación futura de los mercados, junto con los ataques iraníes a la infraestructura petrolera de los países productores del golfo Pérsico— y la interrupción del tráfico de buques petroleros en el estrecho de Ormuz— podría elevar los precios del crudo incluso a 150 dólares (130 euros) el barril, cuando ahora se paga a unos 80 dólares.
El objetivo elegido este sábado para atacar han sido unos depósitos cerca de una ciudad donde viven, si se incluye su área metropolitana, 16 millones de personas y que sirven para almacenar gasolina para la distribución local.
Uno de esos depósitos, el de Shahran, abastace a los vehículos del personal de la Guardia Revolucionaria ―el ejército paralelo iraní―, pero también a la red de transporte de mercancías como los alimentos y a edificios públicos de Teherán. Este domingo Irán ha reducido los litros de combustible que cada habitante de la capital puede comprar de 30 a 20, según la televisión estatal, que ha atribuido esa restricción al bombardeo de los depósitos.
En la víspera, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, instó a los iraníes a levantarse “contra el yugo de la tiranía” y aseguró que su país busca “liberar a Irán”, en un discurso divulgado por su oficina. La cuenta en X del ejército israelí en persa ha asegurado que el ataque contra los depósitos “no buscaba dañar al pueblo de Irán”.
Poco antes, Yair Lapid, el líder de la oposición israelí, había publicado un mensaje en redes sociales en el que instaba a su país a “destruir todos los campos petroleros y la industria energética de Irán en la isla de Jarg. ”Eso es lo que arruinará la economía de Irán y derrocará al régimen”, añadió.
Danny Citrinowicz, exjefe de la sección de Irán en la División de Investigación y Análisis de los servicios de inteligencia militar israelí, resumió la postura que, en su opinión, tiene su Gobierno sobre Irán, en un artículo del pasado miércoles en el Financial Times: “Si podemos dar un golpe de Estado, genial. Si podemos sacar a la gente a la calle, genial. Si podemos provocar una guerra civil, genial”. Este experto israelí concluía: “A Israel le da igual el futuro... [o] la estabilidad de Irán”.

Tensiones internas
Mientras Irán afronta la segunda semana de guerra, las autoridades de la República Islámica están transmitiendo, a través de declaraciones de sus responsables, que el anuncio del sucesor de Ali Jameneí, al que Estados Unidos e Israel mataron el 28 de febrero, es inminente. Varios miembros de la Asamblea de Expertos ―el cuerpo de 88 clérigos encargado formalmente de designar al nuevo líder― han asegurado a medios iraníes que ya se ha elegido a un sucesor, aunque no han desvelado públicamente su nombre.
Esa elección será una señal de continuidad que mitigaría la imagen de tensiones internas dentro del aparato político-militar que quedaron en evidencia este sábado en plena escalada bélica. La polémica partió de un vídeo televisado en el que el presidente iraní. Masud Pezeshkián, declaró que Irán dejaría de atacar a los países vecinos del Golfo Pérsico e incluso se disculpó por ello. No tardó en ser desautorizado por el estamento de seguridad y castrense y por el Consejo de Seguridad Nacional.
Incluso Gholam-Hossein Mohseni-Ejei, jefe del poder judicial y miembro del triunvirato de transición ―del que también forma parte Pezeshkián― que gobierna formalmente el régimen, ha asegurado que los ataques contra esos objetivos de los países de la región continuarán con intensidad. Luego ha subrayado que el Estado iraní actúa con el respaldo de las principales instituciones del régimen.
Las autoridades iraníes están así tratando de cerrar filas también ante su población. En las últimas horas, muchos iraníes han recibido mensajes en sus móviles enviados desde canales vinculados a las Fuerzas Armadas y a estructuras cercanas al poder judicial en los que, de forma implícita, se desmiente el tono conciliador del presidente iraní.
Mientras, la presión internacional sobre Irán aumenta. La Liga Árabe ha condenado este domingo los ataques iraníes a los países del Golfo y reafirmado su derecho a defenderse de lo que ha tildado de “cobardes agresiones” al térmno de una reunión de emergencia a petición de Arabia Saudí. Varios analistas regionales han advertido de la posibilidad de que esos países formen una coalición árabe que se sume a los ataques contra Irán si este país continúa agrediendo a sus vecinos.
Un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores de Emiratos afirma este domingo que Irán ha lanzado más de 1.400 misiles y drones contra infraestructuras y objetivos civiles en ese país, que se reserva el derecho a tomar “todas las medidas necesarias” para proteger su soberanía.
Al mismo tiempo, Teherán afronta otro foco de tensión en el Cáucaso. Azerbaiyán, un estrecho aliado de Turquía y de Israel, ha advertido a Irán de que se reserva el derecho de responder a los ataques con drones iraníes contra el enclave azerbaiyano de Najicheván.
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