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Reportaje:

Tintín y Milú cumplen 75 años

Bélgica festeja a su más famoso héroe con una moneda, exposiciones y la reedición de la última aventura inacabada de Hergé

El 10 de enero de 1929 se publicaba en la revista belga Siglo XX una tira de cómic protagonizada por un joven reportero de cresta rubia y pantalón bombacho llamado Tintín. Era una primera entrega de El país de los soviets, firmada por un tal George Remi, más conocido por Hergé. Setenta y cinco años después, las aventuras de Tintín se han traducido a 50 idiomas y se han vendido 200 millones de sus álbumes. El cumpleaños de uno de los belgas más famosos del mundo, este héroe imprescindible de papel, es celebrado en su tierra con exposiciones, la acuñación de una moneda con su imagen y la reedición de su última aventura inacabada: Tintín et l'Alph-Art.

Los últimos bocetos a lápiz de Hergé abandonan al joven héroe Tintín en una comprometida situación, amenazado por la espalda con un arma de fuego, en una típica escena de suspense de las cuales el reportero siempre hallaba la forma de salir a base de ingenio y mucha suerte. "Hergé nunca me habló de la posibilidad de dejar a otra persona que continuara sus aventuras", decía ayer su viuda, Fanny Rodwell, al rotativo Le Soir, que le dedicó la portada a toda plana al 75º aniversario de Tintín. "Yo creo que a una obra tan fuerte y tan personal siempre le faltaría algo. Por mucho talento que tuviera la persona que siguiera las aventuras, continuarlas sería violar el alma de Tintín".

Todo parece indicar que las 25 aventuras de Tintín ya publicadas no requieren nuevos embrollos del reportero y sus amigos: el foxterrier Milú, el capitán Haddock, el profesor Tornasol, la diva Bianca Castafiori y los torpes y absurdos policías Hernández y Fernández. Se han vendido tantos álbumes de Tintín antes de la muerte de su creador, Hergé, en 1983, como después. Ha sido en 2001, por ejemplo, cuando el periodista ha hecho su más atrevido viaje, a China, donde la editorial Casterman editó sus viejos títulos (salvo los dos censurados del viaje de Tintín a los Soviets y al Congo), uno de los cuales, Tintín en el Tíbet, fue traducido por Tintín en el Tíbet chino. Un embrollo que generó cierto malestar en la editorial, pero que no ha empañado el éxito del héroe en aquel país: un millón de ejemplares vendidos.

La Casa Real de la Moneda belga ha editado una pieza de 10 euros con su perfil y el de su inseparable Milú. Desde el 1 de abril y hasta el 30 de junio habrá en Bruselas, en los Halles Saint-Géry, una exposición titulada Tintín y la ciudad, sobre el mundo de Hergé y sus raíces bruselenses. El Centro Belga del Tebeo inaugurará el 22 de mayo un nuevo espacio Hergé y todavía está en pie el proyecto de crear un museo de Hergé, que quizá se abra en Lovaina en 2007, coincidiendo con el centenario del propio creador de Tintín. También se ha anunciado que Steven Spielberg está interesado en hacer la adaptación cinematográfica de las aventuras del personaje.

Pero el cumpleaños de Tintín también será celebrado fuera de las fronteras belgas. Los listines telefónicos españoles ya le rinden homenaje este año. En Francia, donde Tintín es un héroe de gran éxito, el periódico Le Figaro le ha dedicado un gran reportaje centrado, sobre todo, en la capacidad del personaje de ir adaptándose a los vaivenes del siglo XX. El teatro Am Stram Gram de Ginebra pondrá en escena un espectáculo de marionetas con Milú como protagonista, y a partir del 31 de marzo el Museo Nacional de la Marina de Londres expone Las aventuras de Tintín en el mar. En el Museo Marítimo de Barcelona, hasta el 31 de enero, puede visitarse también la exposición Rayos y truenos. Tintín y el mar de leyenda.

Las aventuras de Tintín han debido sortear en todos estos años multitud de obstáculos, como las críticas a una presunta homosexualidad del personaje o a las inclinaciones políticas de Hergé, que durante la guerra siguió publicando sus aventuras en la prensa colaboracionista con el régimen nazi. Pero el héroe ha resistido porque, como dice el tintinólogo Pol Vandromme, Tintín no existe, es un boceto de la abstracción, un fantasma que nos resulta imprescindible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de enero de 2004