Reportaje:

Atrapados por un vacío legal en Ucrania

Nueve familias españolas con sus hijos adoptados aguardan en Kiev a que se resuelva un pequeño escollo burocrático

No se enteraron de que era Nochebuena. En Kiev hacía frío, pero su ánimo estaba congelado. El 24 de diciembre, nueve familias españolas tenían ya en sus brazos al hijo o a los hijos que habían adoptado en Ucrania. Pero la víspera de Nochebuena supieron que salir con ellos del país no iba a ser fácil ni rápido. Los futuros padres y madres, deseosos de volver a casa con los pequeño, vivieron su Nochebuena más meláncólica: las risas o los balbuceos de sus hijos los acompañaban, pero un escollo burocrático los detenía anclados en Kiev.

Ucrania ha incorporado a su legislación sobre adopción los principios del Convenio de La Haya. Como consecuencia, desde el 22 de diciembre es necesaria la apostilla del Convenio de La Haya para legalizar la sentencia de adopción. Pero el sello de caucho para tal efecto aún no se ha fabricado. "Ha sido un vacío de ley: ha entrado en vigor la norma pero no se ha previsto el sello", explica por teléfono Loli Coll, la nueva madre de Marta, un bebé de 18 meses. Esta apostilla es el único trámite pendiente en el ministerio de Justicia ucranio. Un requisito necesario para que el Consulado español expida el visado que permita a los menores llegar a España. "Dado que ahora empieza la Navidad ortodoxa, el sello no estaría hasta el 13 de enero", añade la madre de Marta.

"Algunos niños necesitan revisiones o ayuda médica urgente en España. Casi todos tienen algún problema de salud, sea del corazón, o del riñón. Es difícil que estén completamente sanos", afirma Loli Coll. A la familia Coll y a su hija Marta los esperan en su casa de Valencia. A otros en Madrid, Murcia, Almería o Zaragoza. Entre las familias que ahora aguardan en Kiev, hay dos mujeres que han adoptado solas: una es madre de un niño de 5 años; otra lo es por partida doble, ya que ha adoptado a dos niños también mayores.

"Al principio en el Consulado español en Kiev nos dijeron que no se podía hacer nada, pese a que las familias norteamericanas sí habían podido salir. El lunes nos presentamos un grupo de padres, con algunos niños en la oficina consular. Pedimos que nos hicieran un visado provisional y que nuestros facilitadores (representantes en el país) nos enviaran la documentación una vez sellada. No lo logramos. Ayer, sin embargo, nos convocaron y nos prometieron que un portavoz del consulado nos acompañará hoy al Ministerio de Exteriores y de Justicia para que nos legalicen los documentos y luego nos expedirán los visados. Lamentablemente, el 31 no hay vuelos, así que no podremos salir hasta el día 1 de enero. "Sólo queremos regresar a España", insiste Loli.

El matrimonio Loli y Fernando Coll, en España.
El matrimonio Loli y Fernando Coll, en España.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 30 de diciembre de 2003.

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