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CLÁSICOS DEL SIGLO XX (2)

Innovador tomando partido

César Vallejo era el hijo menor de una familia pobre, mestiza y numerosa. Nació en Santiago de Chuco, al norte de Perú, el 16 de marzo de 1892. En 1912 se fue a Lima para estudiar Medicina, pero al poco tiempo abandonó la carrera, instalándose como maestro en Trujillo, donde cursó Filosofía y Letras. En 1918 volvió a Lima para seguir trabajando como maestro, y publicó su primer libro de poemas, Los heraldos negros. Vallejo mostraba en esta primera obra sus influencias modernistas: Rubén Darío, Lugones y sobre todo Herrera y Reissig.

Dos años después, durante una visita a su pueblo, se vio envuelto en unos disturbios callejeros. Terminó siendo acusado de incendio y robo, por lo que pasó más de tres meses en prisión. El encierro se convertirá en un trauma indeleble para el poeta, que escribió en ese tiempo muchos de los poemas que compondrán Trilce, publicado en 1922. Este segundo libro supone una ruptura con la tradición, incorporando neologismos, coloquialismos, innovaciones tipográficas y una imaginería deslumbrante.

Al año siguiente viajó a Europa después de publicar en Perú Escalas melografiadas, una colección de cuentos, y Fábula salvaje. En París encontró trabajo como traductor, maestro y corresponsal de prensa sin lograr salir de la penuria extrema. También participó en las corrientes vanguardistas con amigos como Juan Gris, Gerardo Diego o Vicente Huidobro, pero pronto sintió la necesidad de responder a sus inquietudes políticas. En 1928 y 1929 visitó la Unión Soviética. Al regresar a París, las autoridades francesas lo expulsaron acusándole de hacer propaganda subversiva.

España

Vallejo se instala en Madrid en 1930, donde publica una segunda edición de Trilce con prólogo de José Bergamín y un poema de Gerardo Diego. Un año más tarde se afilia al Partido Comunista de España. Es una época de intensa actividad literaria: el escritor termina El tungsteno, una novela sobre la explotación de una comunidad minera de indígenas andinos; varias obras de teatro y una serie de ensayos escritos después de una tercera visita a Rusia.

En 1932 vuelve a Francia, donde se casa con Georgette Philippart. Tras el estallido de la Guerra Civil en 1936, regresó a España para trabajar como corresponsal y participar en varios congresos de escritores. Murió en París, tal como había previsto en su famoso poema Piedra negra sobre una piedra blanca. No fue, sin embargo un jueves de otoño, sino el 15 de abril de 1938, viernes. Tras su muerte se publicaron España, aparta de mí este cáliz y Poemas humanos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de diciembre de 2003