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CLÁSICOS DEL SIGLO XX (2)

Un dietario político de Josep Pla

EL PAÍS edita 'Madrid. El advenimiento de la República', crónica testimonial del autor catalán

Josep Pla (1897-1981) es, a juicio de Xavier Pericay, el traductor del dietario Madrid. El advenimiento de la República -texto que podrá adquirir por un euro mañana, domingo, el lector de EL PAÍS al comprar el diario-, "un escritor que tiene la verdad como predicado y no como atributo. No la ostenta y la luce, sino que la busca en cada palabra. No es un impostor. Rechazó, por aparatosa, la prosa tradicional catalana y hoy nadie duda de que es el creador de la prosa catalana moderna". De Pla se han contado centenares de anécdotas y de frases espléndidas por su ingenio, basadas las más de las veces en su regusto por presentarse como un payés catalán. Sin embargo, sus textos son un compendio de sabiduría humana, polémicos con frecuencia, certeros casi siempre. Las notas que se recogen en este libro, correspondientes a los primeros días de la Segunda República española, muestran su enorme capacidad de observación y, las más de las veces, su sagacidad para el análisis político. "Siempre me ha gustado más perder el tiempo observando o escuchando o leyendo. He sido lo que la gente llama un infeliz", escribió sobre sí mismo. Una ironía más de quien vivió siempre haciendo lo que más le gustaba: narrar lo que pensaba y veía.

14 de abril

Josep Pla llega a Madrid el mismo día en que va a proclamarse la II República. Se instala en un hotel y sale a la calle. Comprueba cómo las banderas tricolores se multiplican por todas partes y se apresta a ser testigo de momentos históricos.

Por la noche, tras un día agotador, vuelve al hotel y escribe:

"Pienso en los libros que he leído sobre España, libros que, según me aseguraron, eran buenos, elaborados por los más agudos observadores, nacionales y extranjeros de este país. En general, todos estos libros dicen lo mismo. España, dicen estos papeles, es una cosa inmóvil. La monarquía es una situación eterna. La duración de esta monarquía está garantizada, primero, por el Ejército y la Marina, que es una llave intocable. Luego, por el latifundismo del sur, de Andalucía y Extremadura. Luego, por la Iglesia católica, apostólica y romana, por la que los españoles sienten una adoración viva, activa, pintoresca e indispensable. Luego, porque el dinero es monárquico. Luego, aún, porque la industrialización es incipiente, porque el orden público es fácil y porque la clase media es rabiosamente monárquica... Y gran parte del pueblo, también... Ahora bien, en el día de hoy, 14 de abril, todas las impresionantes columnas del templo inmóvil se han derrumbado. Me vienen tales ganas de reír que, si no estuviera tan cansado, si el día no hubiera sido tan ajetreado, estas ganas serían aún más abundantes. ¡Cómo han envejecido los observadores de España! El día de hoy los ha convertido en insoportables gagás".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de noviembre de 2003

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