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La música, el amor, la locura y la tragedia como destino

Osud es un misterio en España. Jamás se ha representado en España esta ópera de Leos Janácek (1854-1928), autor bastante reivindicado en este principio de siglo, que firmó óperas como Jenufa, que se verá también esta temporada en Bilbao con Raina Kabaivanska, y La zorrita astuta, que se escuchó en la primera temporada del nuevo Teatro Real.

Pero Osud es una gran desconocida del público español. La ópera, dividida en tres actos, tiene libreto de Fedora Bartosova, una joven e inexperta profesora que era amiga de una hija de Janácek, Olga, que murió joven, según cuenta en un artículo del programa Vicente Molina Foix. Se estrenó en 1958 y se grabó por primera vez en 1978, dirigida por Frantisek Jílek. Ahora, José Ramón Encinar, director experto en el repertorio del siglo XX, explorará las esencias y los sonidos de esta obra peculiar junto a la Orquesta Titular del Teatro Real.

"Janácek es un compositor raro", decía ayer Encinar. "Lo fue, no tuvo continuidad en la historia de la música", aseguraba. "Y Osud es una ópera abierta, una ópera que se disuelve, que no termina, y si termina es con una pregunta", contaba. Y es una pregunta para meditar sobre la tragedia de un compositor loco y obsesivo, Zivny, que vive el drama de una relación amorosa extramatrimonial con una mujer, Mila, con la que tiene un hijo. El problema empieza cuando la madre de ella enreda para destruir la pareja, una situación que le sirve al músico para crear una ópera autobiográfica.

Dureza para los cantantes

Encinar destacó ayer la dureza de la obra para los cantantes, especialmente para el tenor que interpreta el papel de Zivny. "En él descansa toda la representación. Es un papel muy duro, porque obliga al cantante a utilizar todos sus registros y porque la orquesta de Janácek no es precisamente una orquesta leve".

Está llena de atrevimientos en la composición, según el director de orquesta. "Hay una parte en la que suenan trompetas de juguete", afirma Encinar. Además, está el idioma. El texto es checo y los protagonistas, Stefan Margita, Iveta Jiriková, Eva Urbanová, Sona Cervená y Jaroslav Brezina, entre otros, son checos. Algunos papeles pequeños han ido a parar a cantantes españoles como Marisa González, Soraya Almanza y Fernando Campo.

Todos han sido dirigidos con determinación por Bob Wilson en la escena para un montaje que recoge la filosofía más auténtica de este artista estadounidense y que Encinar defendió ayer en una de sus escasas intervenciones: "El trabajo de Wilson es un acierto y engrandece la obra en todos los sentidos. Con él he sentido que estaba trabajando con un músico más que con un director de escena y muchas de sus ideas me recuerdan a la de un compatriota suyo, John Cage", afirmó Encinar, comparando a Wilson con el enfant terrible de la vanguardia estadounidense en el siglo XX.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de noviembre de 2003