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REVUELTA EN BOLIVIA

El Gobierno de Bolivia se resquebraja tras una revuelta con decenas de muertos

Las movilizaciones contra la exportación de gas natural se extienden por todo el país

El remedio fue peor que la enfermedad. La militarización de la ciudad de El Alto, dispuesta el domingo por el Gobierno boliviano para acabar con una violenta huelga general indefinida, sólo sirvió para desatar más enfrentamientos entre vecinos y unidades militares, con un saldo provisional de más de una treintena de muertos y casi un centenar de heridos de bala. La protesta contra la exportación de gas natural derivó ayer en una grave crisis política, con la retirada del apoyo del vicepresidente, Carlos D. Mesa, al presidente, Gonzalo Sánchez de Lozada, y la dimisión de un ministro.

En un clima de franca insurrección, las protestas se trasladaron en la tarde de ayer de El Alto a las calles del centro de La Paz, mientras que en las laderas de la zona sur de esta ciudad se registraba una operación militar con disparos a discreción y un saldo preliminar de seis muertos, según dijeron varios vecinos a Radio Fides. Los manifestantes, en su mayor parte pobladores de El Alto, tenían el propósito de llegar a la plaza Murillo para entrar en el Palacio de Gobierno y desalojar al presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, según anunciaron sus dirigentes. Las unidades policiales y militares, que resguardaban la Casa de Gobierno a unos 500 metros a la redonda, se replegaron unos 200 metros para evitar enfrentamientos. Una mujer informó en una emisora de que su vecino murió a causa de una bala en la cabeza. Otra aseguró que en una capilla cercana se encontraban los cuerpos de tres personas y dos más habían quedado en una ladera porque era difícil su traslado. En el centro de la ciudad, grupos de vándalos se dieron al saqueo de varios centros comerciales e incendiaron una galería de artesanías y se impidió el paso de los bomberos para que puedieran controlar el fuego. Otros grupos comenzaron a colocar barricadas en varias calles del centro de la ciudad para impedir el tráfico.

La ciudad dormitorio de El Alto, la tercera más poblada del país y con un 85% de pobres, secundó desde el pasado martes una huelga general convocada por la Central Obrera Regional para exigir al Gobierno que suspenda cualquier negociación para exportar el gas natural mientras no beneficie primero a los bolivianos. Las movilizaciones también fueron convocadas en solidaridad con los sindicatos de campesinos aymaras, que, desde el primer día de septiembre, comenzaron a impedir la libre circulación por la carretera troncal que une de oeste a este esta nación de 8,4 millones de habitantes. Los aymaras exigien que el Gobierno cumpla convenios suscritos con anterioridad.

El sábado se produjeron dos víctimas civiles y atentados con explosivos en plantas de gas y voladuras de postes de electricidad e intentos de ataque a dos unidades militares. Como respuesta, el Gobierno dispuso militarizar la ciudad, lo que derivó en un mayor derramamiento de sangre. Los enfrentamientos del domingo dejaron, según la cadena radiofónica Erbol, un saldo de 26 muertos y 92 heridos. El Gobierno sólo ha reconocido la muerte de cinco personas y un soldado en hechos ocurridos la mañana del domingo. Según fuentes extraoficiales, desde el comienzo de la protesta social, a mediados de septiembre, han muerto 36 personas, la mayoría de ellas en El Alto.

Todo el esfuerzo desplegado durante el fin de semana por varios medios de comunicación, por la Asamblea de Derechos Humanos y por el ministro de Salud, Javier Torrez-Goitia, para establecer un diálogo con quienes encabezan este levantamiento popular -los diputados del Movimiento Al Socialismo (MAS) Evo Morales y del Movimiento Indígena Pachacuti (MIP) Felipe Quispe, y dirigentes de la Central Obrera Boliviana (COB)- ha derivado en fracaso. Los tres exigieron "señales claras", entre ellas una determinación gubernamental para suspender la venta de gas, que el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada aprobó la madrugada de ayer en un intento de lograr el diálogo.

Sin embargo, la oferta fue considerada ahora "extemporánea", y lo que los dirigentes y los manifestantes exigen en las calles es que "Goni [Gonzalo Sánchez de Lozada] se vaya a su casa", según declaró el líder cocalero Evo Morales en Cochabamba, tras rechazar cualquier posibilidad de diálogo.

Al movimiento de protesta se han sumado además las federaciones de maestros, panaderos y chóferes, con un paro de 72 horas en La Paz e indefinido en la mayor parte del país.

La gravísima situación política y social que afronta el Gobierno, que solamente en las últimas horas ha reaccionado tras una larga pasividad, ha determinado que afloren las discrepancias entre los socios de la coalición gubernamental. El vicepresidente, el independiente Carlos D. Mesa, retiró su apoyo al presidente Sánchez de Lozada tras la jornada del domingo y condenó la forma de afrontar el problema. "Los acontecimientos se han venido desencandenando ininterrumpidamente con un coste de vidas humanas que mi conciencia de ser humano y de vicepresidente y de hombre comprometido con la ética no puede tolerar", manifestó Mesa.

Los ministros del flamante aliado del Gobierno, Nueva Fuerza Republicana, que dirige Manfred Reyes Villa, también han anunciado que se retirarán del Gobierno, mientras en Cochabamba los miembros del partido del presidente, el Movimiento Nacionalista Revolucionario, de tendencia liberal, lo ignoraron y plantearon la renuncia de los dos mandatarios para hacer posible la convocatoria de nuevas elecciones.

El otro socio

El otro socio de la coalición gubernamental, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria, de orientación socialdemócrata y que preside Jaime Paz Zamora, ha hecho un conveniente mutis por el foro de la escena política como en anteriores ocasiones, al igual que la mayor parte de los parlamentarios bolivianos. Sin embargo, el ministro de Desarrollo Económico, Jorge Torres Obleas, militante del MIR, dimitió en desacuerdo con las medidas que estaba adoptando el Gobierno para frenar las protestas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de octubre de 2003