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Reportaje:LA RUTA DEL VINO

Una referencia imprescindible

A pesar de su juventud, Artadi, desde Laguardia, elabora algunos de los mejores vinos de la Rioja alavesa

Todavía ronda la mayoría de edad, pero esta bodega de Laguardia se ha establecido como una referencia imprescindible para conocer algunas de las vías de expansión de los vinos de Rioja. Y con una autoridad que no se espera de unos, casi, casi, recién llegados. Los resultados les respaldan. Sólo basta recordar cómo hacia mediados de los 80, medios de comunicación especializados, críticos gastronómicos y restaurantes de élite se rendían a los pies de aquel vino de año de maceración carbónica que Artadi puso a la venta.

Fue en 1985 cuando las estanterías de los comercios especializados alojaron la primera producción de aquel Artadi de maceración carbónica. Entonces ya se apuntaban las maneras que caracterizarán a la bodega de Laguardia en toda su trayectoria: respeto a la tradición (reivindica el tempranillo y esa peculiar fermentación que es la carbónica), pero también abandona cualquier práctica contaminante que degrade el vino.

El resultado fue un caldo que podía viajar a cualquier lugar del mundo, incluidos restaurantes de la categoría del madrileño Zalacaín, a cuya bodega accedió como el primer vino de año de su historia. Pese al éxito, Artadi ya apostaba por los vinos de crianza en madera. En aquel tiempo no contaba con su parque de miles de barricas. Sencillamente, trabajaban con unas decenas de ejemplares procedentes de distintas tonelerías francesas y americanas, diferentes maderas (Alliers, Nevers, Missouri, Rusia) con todos los tostados posibles.

De estas experiencias salió en 1987 el primer Viña de Gaín, confirmación de que aquella cooperativa de cosecheros de Laguardia y Leza tenía una voluntad innovadora en el uso de la barrica, con una exaltación de las virtudes del roble francés. Sin olvidar el respeto casi reverencial a la materia prima, a ese tempranillo riojano que desde un principio reivindica Artadi.

La aparición en 1990 de Pagos viejos volvió a situarle en primera línea. Para esas fechas, lo que había nacido como una cooperativa se convertió en una sociedad anónima a imagen y semejanza de Juan Carlos López de Lacalle, su poderoso gerente. Todo un personaje, con las ideas claras, que lo mismo ejerce de comunicador de sus vinos que de viticultor de las viñas familiares; de gurú de la nueva Rioja que de avezado inversor en otras denominaciones de origen.

En cuanto a su capacidad de difusión, ahí está el éxito de Artadi, merecido, pero con un eco mediático sorprendente. Tal vez las razones haya que rastrearlas en esa capacidad para aventurarse por caminos que siempre llegan a buen puerto. Como el respeto por la integridad y la salud de la uva, que alcanza al despalillado manual, sin que quede ni un resto de raspón entre los granos. Estas exquisiteces previas se reflejan en las dos joyas de la bodega: Grande Añadas y El Pisón, otras dos referencias imprescindibles.

Bien es cierto que López de Lacalle jugaba en su campo, con una tierra y unas viñas que conocía bien, desde su más tierna infancia, cuando visitaba con su tío cura, don Julián, la finca de El Pisón. Pero el de Artadi no ha perdido el olfato en sus incursiones en territorio extraño, siempre a partir de uvas autóctonas. En Artazu (Navarra) sus aportaciones se basan en la garnacha; y en El Sequé (Alicante) está dignificando la monastrell. Y todo ello, desde su residencia en Inglaterra, muy cerca del mítico círculo de piedras de Stonehenge. El apunte esotérico para quien no crea en las explicaciones científicas del éxito de Artadi.

- Bodega Artadi. Carretera de Logroño, s/n. Laguardia (Álava). Visitas: previa cita en el teléfono 945 600119. Viñedo: 45 hectáreas propias y 38 controladas, de tempranillo en su mayor parte. Vende vino en bodega.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de septiembre de 2003