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LA POSGUERRA DE IRAK

Bush recibe a Putin en Camp David para pedirle explicaciones sobre su cooperación nuclear con Irán

Putin y Bush se necesitan. Después de la crisis de Irak, y ante las complicaciones militares y económicas de la posguerra, el presidente estadounidense tiene que ganarse al ruso como aliado, igual que trató de hacer con el canciller alemán, Gerhard Schröder. Para Vladímir Putin, todo lo que sea recuperar estatus de gran potencia es bueno; si, además, no hay demasiadas presiones sobre Chechenia y se amplía la cooperación energética, es evidente que esta cumbre está destinada al éxito. El presidente ruso y su mujer durmieron la pasada noche en Camp David, cerca de Washington, con sus anfitriones, George y Laura Bush.

El punto más polémico tiene que ver con las relaciones entre Rusia e Irán. Washington contempla con enorme preocupación la participación rusa en el programa nuclear iraní, porque entiende que, a pesar de las declaraciones en sentido contrario, está sirviendo para el desarrollo de armas nucleares. Bush no ocultó ayer que el asunto iba a ser un punto central de la cumbre: "Naturalmente que le hablaré de ello al presidente Putin. Es muy importante que todo el mundo deje claro a Irán que habrá una condena universal si siguen desarrollando su programa de armas nucleares". Expertos de la ONU han detectado restos de uranio enriquecido en dos lugares y han exigido que Teherán dé explicaciones antes del próximo 31 de octubre. A pesar de las presiones, Rusia mantiene sus planes para construir una central en Bushehr, al sur de Irán, que debería estar acabada en 2005 y supone una inversión de 800 millones de dólares.

En cuanto a Irak, Bush necesita el empujón ruso para reanimar el proyecto de resolución que debería crear una fuerza internacional y estimular las donaciones para la reconstrucción. Putin insistió en que la ONU debe tener "un papel real", pero también se mostró abierto a superar la crisis, supuestamente con posible envío de tropas.

Con respecto a Chechenia, el objetivo del Kremlin es que EE UU lo considere como un asunto interno o, mejor aún, como el frente ruso contra el terrorismo internacional. Washington señaló ayer que la solución debe abordar "tanto los aspectos de terrorismo como los del respeto a la democracia y los derechos humanos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de septiembre de 2003