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El Pacto de Estabilidad entra en coma

París y Berlín reconocen que incumplirán el control del déficit público del 3% del PIB durante tres años consecutivos

Bruselas
Francia y Alemania, por este orden, protagonizan estos días el ataque más contundente de los múltiples lanzados contra el Pacto de Estabilidad y Crecimiento en los dos últimos años. En Bruselas, algunos expertos lo dan por muerto; otros prefieren decir que está congelado. Pero el Ejecutivo comunitario resiste con el argumento de que "no hay alternativa", y el comisario Pedro Solbes, encargado de Asuntos Económicos y Monetarios, insiste en que intervendrá contra los incumplidores. El doble frente abierto entre éstos y los países aferrados a la ortodoxia, de un lado, y Bruselas y París, de otro, augura una crisis en Europa cuya salida nadie vislumbra. El Ecofin de la próxima semana será muy tenso.

París y Berlín, la dos grandes potencias económicas de la zona euro, reconocen que violarán el Pacto al menos durante tres años consecutivos. El anterior, éste y el próximo, según todas las previsiones, presentarán unos déficit públicos por encima del sacrosanto límite (3% del PIB) fijado en ese acuerdo, suscrito en 1997 precisamente a instancia de Alemania, para evitar desequilibrios presupuestarios de los más débiles cuando el proyecto del euro se abría ya camino en Europa.

Los argumentos de una y otra parte son bien conocidos, pero esta semana se han expuesto más abiertamente. Los incumplidores ponen el énfasis en la necesidad de impulsar el crecimiento más que la estabilidad. El primer ministro francés, Jean-Pierre Raffarin, ha repetido que reducir el déficit "es muy importante", pero que "su deber ahora es que haya trabajo en Francia". Ayer en el Foro Ambrosetti de Italia matizó estas declaraciones al afirmar que "no existe ninguna ambigüedad en la elección de Francia en materia de disciplina económica". "Estamos de acuerdo con el objetivo de reducción del déficit", dijo. El canciller alemán, Gerhard Schröder, apuntó el jueves pasado en Dresde (Alemania) durante su entrevista con el presidente francés, Jacques Chirac, que "hay quien erróneamente cree que el objetivo del Pacto es asegurar la estabilidad, pero el Pacto es sobre todo para el crecimiento".

El Ecofin de la próxima semana será tenso y puede marcar el inicio de una crisis sin salida

Los Gobiernos de Schröder y Chirac, por tanto, han puesto en marcha sus anunciadas rebajas fiscales para intentar reactivar una economía europea que hoy sólo da muy leves síntomas de recuperación. Alemania, Italia y Holanda han entrado técnicamente en recesión (dos trimestres seguidos de retroceso) y la eurozona crecerá este año sólo un 0,7%, según prevé el Banco Central Europeo (BCE). Por eso, Schröder y Chirac apoyan sin reservas, e incluso quieren ampliarlo, el superplán de la Comisión Europea y de Italia, como presidenta actual de la UE, para invertir en los próximos años centenares de miles de millones de euros en infraestructuras e investigación.

Pero el comisario Solbes sostiene que los compromisos son para cumplirlos. "Vamos a interpretar las reglas con la máxima flexibilidad, pero también hace falta que los Estados demuestren su compromiso europeo", afirma su portavoz, Gerassimos Thomas, quien añade que su comisario no critica las rebajas fiscales, pero siempre y cuando sean "financiadas". Una condición que no está clara, sobre todo en el caso de Francia, cuyo anuncio de que este año será el farolillo rojo europeo, con un 4% de déficit, fue considerado "una provocación" en Bruselas.

La Comisión ya lanzó contra Francia, y antes contra Alemania y Portugal, el procedimiento por déficit excesivo, avalado posteriormente por el Consejo de Ministros de Finanzas (Ecofin). El 3 de junio, el Ecofin difundió sus recomendaciones a París (reducir déficit y deuda fundamentalmente) y la Comisión analizará el próximo 3 de octubre si lanza una advertencia más seria si considera que el Gobierno francés, como parece obvio, ha incumplido los consejos.

Pero el primer ministro francés no se deja impresionar. "La Comisión hará sus deberes, y el Gobierno francés, los suyos", dijo ante el presidente de la Comisión, Romano Prodi, el 27 de agosto. El viernes, ante las veladas amenazas de Bruselas, aún fue más contundente: "Nuestro deber no es hacer ejercicios contables para que tal o tal oficina, o tal o tal país, se quede satisfecho".

Ganar tiempo

Ante tal desafío, Bruselas ve difícil incluso mantener la táctica empleada hasta ahora, que no es otra sino ganar tiempo, como reconocen fuentes oficiales, hasta que la economía europea repunte y París y Berlín puedan reconducir la situación. Como lo está haciendo Portugal, aunque en este caso con "enormes sacrificios", alaba Bruselas, que Alemania y Francia "no están dispuestos a asumir".

Porque lo que el comisario Solbes no contempla es abrir la caja de los truenos para modificar las condiciones del Pacto. "Tendría que hacerse por unanimidad y eso es imposible de conseguir ahora", aseguran fuentes próximas al comisario, para añadir que, si Solbes hubiera bajado la guardia, los déficit de Alemania y Francia "ya estarían en el 7% o el 8%".

En efecto, los Gobiernos de España, Dinamarca, Bélgica y Suecia han criticado con dureza la actitud de París y Berlín. Y otros países pequeños, como Austria, no dudan de que ya habrían sido castigados si los malos alumnos hubieran sido ellos. El próximo Ecofin, que se celebrará en Stressa (Italia) los próximos días 12 y 13, se presume más que tenso y puede marcar el inicio de una crisis sin salida.

Apoyo del BCE

Solbes cuenta con muy sólidos aliados para salvar los muebles. El primero, el BCE, cuyo vicepresidente, Lucas Papademos, ha dicho que el banco "observa con gran inquietud el crecimiento de los déficit públicos en la zona euro", cuya media anual acabará muy probablemente este ejercicio por encima del 3%. El próximo presidente del BCE, el francés Jean-Claude Trichet, actual gobernador del Banco de Francia, ha escrito a los eurodiputados: "Sería un error creer que en periodos difíciles es ventajoso, desde el punto de vista del crecimiento, tener más déficit". El límite del 3% "ofrece unos márgenes de maniobra suficientes", apunta Trichet, quien advierte: "Modificar el Pacto sería peligroso para la credibilidad del conjunto de la Unión Económica y Monetaria".

Incluso el comisario socialista francés Pascal Lamy, otrora defensor de la flexibilidad del Pacto, se ha ganado un aviso de Raffarin ("que cumpla su mandato, y nada más") por haber declarado: "Tenemos reglas comunes con el euro que aportan grandes ventajas, como unos tipos de interés muy bajos, y no se puede disfrutar de las ventajas sin respetar las reglas comunes".

Ayer, el comisario de la Competencia, Mario Monti, se mostró partidario de aplicar las reglas previstas en el Pacto, llevando a efecto las sanciones económicas. "Si un Estado ha incumplido los acuerdos es necesario aplicar las sanciones y debe primar la igualdad en el trato", apuntó el comisario.

Pero la gran batalla que se aproxima coge a Solbes en una complicada situación política por sus conexiones con el escándalo Eurostat, la oficina estadística europea, que depende del comisario, en la que se han descubierto cuentas falsas y contratos ficticios hechos antes de la llegada de Solbes a Bruselas.

El día 25, Prodi acudirá a la Eurocámara para rendir cuentas por este caso y sus colaboradores dicen que ese día quiere zanjar el problema con la asunción de responsabilidades "de quien corresponda". Solbes no es el único comisario en peligro, pero su relación con Prodi se deterioró precisamente cuando el presidente de la Comisión calificó el año pasado de "estúpido" el Pacto de Estabilidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de septiembre de 2003