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LA POSGUERRA DE IRAK

Bush considera que Irak "ha progresado" cien días después del final de la invasión

El presidente asegura que sus tropas "libran una batalla esencial" contra el terrorismo

George W. Bush considera que las cosas van bien en Irak. "Estamos progresando", afirmó ayer. "Irak es más seguro que antes", dijo, "la economía del país mejora, los bancos abren y se crean movimientos democráticos, lo cual constituye una novedad en esa parte del mundo". El presidente de Estados Unidos no quiso referirse directamente a la continua violencia en el país ocupado y se negó a responder a una pregunta sobre si la amenaza que representaba Sadam Husein había sido exagerada para justificar la invasión: aseguró que las críticas que recibía eran "sólo política".

Ayer se cumplieron 100 días desde que Bush aterrizó en un portaaviones, a bordo de un avión de combate y vestido con uniforme de piloto militar, para anunciar que los combates de importancia podían darse por terminados. Desde entonces han muerto 56 soldados estadounidenses y las tropas desplegadas en Irak se muestran cada vez más críticas con sus mandos. La mayoría de los soldados se quejan de que la posguerra no fue correctamente planeada, y algunos han pedido públicamente la dimisión del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. El Pentágono indicó el miércoles que, por el momento, no sancionaría a ningún militar por sus quejas, pero ordenó a los generales en Bagdad que recordaran a sus fuerzas que debían hablar de sus superiores "con el máximo respeto".

Bush expresó sus condolencias a las familias de los soldados fallecidos desde que la invasión se dio por concluida. "Sufrimos cuando perdemos vidas, nuestro país es un país que siente dolor por aquellos que se sacrifican", dijo. Añadió, sin embargo, que las tropas estadounidenses en Irak libraban "un batalla esencial en la guerra contra el terrorismo" y que, pese a las apariencias, EE UU estaba realizando "una demolición lenta pero segura del régimen de Sadam Husein". Cuando cantó victoria desde la cubierta del portaaviones, 100 días atrás, 74 de cada 100 estadounidenses consideraban que Bush estaba haciendo un buen trabajo como presidente. En estos momentos, el porcentaje de aceptación ha descendido al 53%.

El general en jefe de las fuerzas de ocupación, teniente general Ricardo Sánchez, declaró el jueves que sus tropas deberían permanecer en Irak al menos dos años más. Bush no quiso ayer hacer pronósticos. "Ya he dicho muchas veces que nos quedaremos todo el tiempo necesario", indicó, con cierta exasperación. Tampoco quiso hablar sobre cuál sería el coste total de la ocupación (actualmente, los contribuyentes de Estados Unidos pagan unos mil millones de dólares semanales), escudándose en el hecho de que dependería de las aportaciones que realizaran finalmente los países aliados y de la duración de la presencia de tropas en el país.

Bush se reunió en su rancho de Crawford (Tejas) con el vicepresidente Dick Cheney; el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld; la asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, y el presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, general Richard Myers, para hablar de la reforma de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Bush y Rumsfeld quieren reducir o eliminar la presencia militar de la hiperpotencia en lugares como Alemania, Corea del Sur y Japón y crear nuevas bases, más pequeñas, en Europa de Este; aligerar las divisiones pesadas y la gran artillería y reforzar las unidades más móviles y fácilmente desplazables; y considera muy seriamente la posibilidad de fabricar nuevas bombas atómicas de pequeño tamaño (al menos como las lanzadas en Hiroshima y Nagasaki) para utilizarlas contra centros de mando enemigos o depósitos de armas. El encuentro de ayer sirvió para perfilar los proyectos que serán presentados ante el Congreso en otoño.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de agosto de 2003