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CARTAS AL DIRECTOR

El miedo aún pervive

Sueños perdidos, e ilusiones truncadas, vanas esperanzas de lo que pudo haber sido, y no fue.

Lágrimas en esos ojos, recorridos por arrugas, digna evidencia de lo sufrido. Ésa es la conclusión a la que se llega, cuando hablamos, cuando escuchamos a nuestros ancianos, aquellos que fueron víctimas en la Guerra Civil, los que pertenecieron y pertenecen al bando vencido. Los vencidos, no sólo por los sublevados, sino también por esta transición nuestra. Ellos, son los grandes derrotados, los que aún sienten miedo, aquellos que sufrieron las persecuciones, físicas y morales.

Aún hay personas que piensan que las Asociaciones para la Recuperación de la Memoria Histórica sólo sirven para abrir heridas. A los que creen que esta labor es en vano, yo les invito a que hagan un esfuerzo, y mediten por un instante, lo que tuvo que ser vivir bajo el yugo del miedo, de la incomprensión y la intolerancia. Lo que significó para esas niñas limpiar la sangre de sus padres asesinados; para las madres, ver como mataban a sus hijos.... por señalar algunas de las tantas aberraciones que sufrieron.

A ellos, los que dicen que abrimos heridas, que piensen en el sufrimiento que sienten las víctimas cuando pasean por las calles que hacen honor a esos que enterraron a sus familiares en las cunetas. Los que justificaron el homicidio indiscriminado de padres, hijos y mujeres, que tras ser ultrajadas, fueron asesinadas... parientes que aún están desaparecidos, por los que nadie hace nada.

Nosotros no abrimos heridas, porque siguen ahí, nunca se fueron, porque más que a sangre, fueron marcados a fuego. Recuerdos que marcaron su infancia, su vida y para muchos... fueron su muerte.

Un sufrimiento, que por dignidad ética y moral, la sociedad, madura en democracia como es la nuestra, debe soliviantar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de junio de 2003