ESCALADA CRIMINAL

Tres hombres mueren tiroteados en la capital en menos de 24 horas

La policía detiene a uno de los supuestos autores de los homicidios e identifica a otro

Dos cuñados, Carlos de la Cruz Maya, de 36 años, y Miguel Cortés Cortés, de 29, murieron tiroteados en la madrugada de ayer por dos individuos a escasos 200 metros del barrio de Los Ángeles (Hortaleza). Los asesinos les dispararon dos tiros a cada uno con escopetas. Las víctimas fueron, además, rematadas en el suelo, cuando ya estaban agonizando. Los agentes de Homicidios han detenido a Alejandro López Reyes, de 27 años, como supuesto autor de los homicidios. Además, han cursado una orden de detención contra el segundo presunto asesino, que tiene 26 años.

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Había pasado la una de la madrugada y la confluencia de las calles de Oña y de Siete Amigos, junto al nuevo barrio de Sanchinarro, permanecía tranquila. Pero, de repente, se oyeron dos detonaciones, que en principio pasaron inadvertidas para el vecindario. A los pocos segundos resonaron otros dos estallidos, que ahora sí alarmaron a la barriada.

Según la reconstrucción de los hechos, las víctimas, de etnia gitana, se dirigían de vuelta a su domicilio, en el barrio de Los Ángeles, en un potente Opel Omega negro con matrícula de Madrid. En ese momento les salió al paso otro Opel Omega de color blanco que les cerró el paso. Del interior se bajaron dos ocupantes y les amenazaron con sendas escopetas. Los del primer vehículo, al verse acorralados, abrieron las puertas de su coche e intentaron huir a la carrera en direcciones opuestas, pero fue inútil. Carlos de la Cruz recibió un primer disparo de escopeta en la espalda que le produjo un boquete de unos cinco centímetros de diámetro, según fuentes policiales. Quedó tirado en el suelo boca abajo, en paralelo al bordillo. Su jersey azul marino se tiñó aún de más oscuro por la gran cantidad de sangre que perdió.

Según relataron varios testigos, el agresor se acercó a la víctima y estuvo unos instantes junto a ella, que ya estaba agonizando. Comenzó a decir algo, según los testigos vecinales que presenciaron el tiroteo desde su ventana, a unos 200 metros del lugar de los hechos. Después, el asesino levantó de nuevo la escopeta y le asestó un segundo disparo que le reventó la cabeza. La potencia del tiro hizo que la cabeza de la víctima quedase completamente reventada. "Los dos últimos tiros han sonado como dos fortísimos estallidos. Estábamos tomando unas copas en casa cuando vimos lo que sucedía", señaló uno de los testigos.

Mientras, el otro asesino se dirigió hacia Miguel Cortés. El primer disparo lo recibió en el pecho, lo que le hizo caer sobre el lado derecho de su cuerpo, a unos 25 metros del coche y en medio de un oscuro descampado. Su asesino también se dirigió hacia él y le remató de un disparo que le entró por la sien izquierda, según fuentes policiales.

Pero antes de morir, la víctima, que llevaba un revólver plateado del calibre 38 especial, pudo sacarlo y disparó, al menos, tres veces. Una de las balas le alcanzó en el pecho a su agresor, a la altura del hemitórax derecho, y quedó malherido, aunque consiguió huir.

Los asesinos regresaron entonces a su coche y salieron a toda velocidad en dirección hacia la autovía de Burgos. "Cuando hemos salido de casa, hemos visto que los dos muertos estaban en el suelo y con mucha sangre por todos los lados. Me he llevado una impresión tan grande que no acertaba a llamar por teléfono a la policía. Gracias a que vino mi vecino y ha llamado él", explicó una residente de la barriada. Las víctimas se encontraban frente al número 32 de la calle de Siete Amigos: Carlos de la Cruz, junto a un poste de luz y una señal de tráfico. Miguel Cortés, junto a un charco de agua, cerca de un barrizal. Sus asesinos salieron de la calle "quemando rueda", según un vecino, lo que les impidió ver la matrícula.

"Cuando llegaron las ambulancias [en referencia al Samur-Protección Civil], no han podido hacer nada. Llevaban muertos ya bastante tiempo", concluyó una vecina. Mientras tanto, el coche de las víctimas permanecía fuera de la calzada, con la ventanilla del conductor bajada y con las ruedas giradas.

Unos minutos después ingresaba en las urgencias del hospital Ramón y Cajal, que se halla a unos siete kilómetros del lugar de los hechos, un hombre llamado Alejandro López Reyes, de 27 años. Presentaba un disparo en el hemitórax derecho.

Según fuentes de la investigación, llegó en el Opel Omega de color blanco que buscó la policía durante toda la noche. Pero su acompañante esperó que se bajara del automóvil y huyó del lugar. El herido, que está acusado de ser el autor de los asesinatos, carece de antecedentes penales.

Los agentes del Grupo VI de Homicidios han cursado una orden de búsqueda y detención de su compinche, un hombre de 26 años, que ayer estaba huido. Los motivos que provocaron los asesinatos aún no han sido aclarados, aunque todo apunta a un ajuste de cuentas.

Agentes del Cuerpo Nacional de Policía, junto al cuerpo de Carlos de la Cruz Maya, asesinado ayer en Hortaleza.
Agentes del Cuerpo Nacional de Policía, junto al cuerpo de Carlos de la Cruz Maya, asesinado ayer en Hortaleza.CLAUDIO ÁLVAREZ

Un caso que se repite

El tiroteo como el ocurrido ayer junto al barrio de Los Ángeles es un caso que se repite con cierta periodicidad en la capital. Muertes a tiros por causas relacionadas con el tráfico de drogas o por ajustes de cuentas.

El 3 de julio de 2001, el matrimonio formado por Emilio Montoya Borja, de 30 años, y Rocío Iglesias Muñoz, de 32, fueron acribillados a balazos en el desaparecido poblado del Pozo del Huevo (Villa de Vallecas) en una supuesta venganza entre clanes rivales.

Cinco personas (dos mujeres y tres hombres) les esperaban delante de su chabola y les mataron delante de sus tres hijos.

El poblado de Las Mimbreras (Latina) vivió una noche de sangre el 30 de mayo de 2002, cuando Carlos Estero Suárez, de 43 años, y su yerno, Jaime Barrull Barrull, de 22, también muerieron acribillados. El primero trataba de impedir que una familia pusiera un puesto de venta de droga en el poblado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 26 de abril de 2003.

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