Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:LA CAZA | UN PAÍS DE CINE / DVD

Un clásico imprescindible

La colección de cine español de EL PAÍS presenta 'La caza', de Carlos Saura

Con La caza (1965), el filme de Carlos Saura que podrá adquirir por 5,95 euros quien compre EL PAÍS de mañana, sábado, comienza una larga y fructífera colaboración entre su realizador y un joven productor, Elías Querejeta, la pareja profesional que acaparó la mayor parte del prestigio internacional del cine español en la última década del franquismo. Rodada en blanco y negro, en escenarios naturales y con un reparto muy funcional, la jornada dominical de caza en un coto castellano en la que el calor -como en El extranjero, de Camus- es un elemento esencial más de la historia, se convierte en una reflexión simbólica sobre la guerra civil narrada con una libertad de movimientos insólita hasta entonces en el cine español.

Escribió el historiador Román Gubern que "en 1965 La caza aparecía como uno de los filmes más importantes y originales de todo el cine español realizado desde 1939", en lo que abundó el crítico César Santos Fontenla: "La caza es, sin duda, el filme más importante de nuestra industria en los últimos años".

De producción modesta, en blanco y negro (magnífica fotografía de Luis Cuadrado), con actores semiolvidados o de escaso atractivo popular en aquel momento (Ismael Merlo, el joven Emilio Gutiérrez Caba, José María Prada -premio Sant Jordi por este trabajo- y el histórico Alfredo Mayo, recuperado tras sus lejano esplendor en el cine oficial de la posguerra -que obtuvo por este papel el premio del Sindicato Nacional del Espectáculo-), el casi inexperto productor Elías Querejeta corrió el riesgo de llevarla a cabo. Si bien Carlos Saura ya había dirigido con éxito de crítica Los golfos (1959) y Llanto por un bandido (1963), la carrera comercial que habían obtenido ambas películas no daba pie al optimismo y, por si fuera poco, la película que Saura proponía disgustaría seguramente a los censores.

"El tema de 'La caza' es internacional en cuanto a la agresividad que hay en el mundo"

MÁS INFORMACIÓN

La caza, pues, surgió como un proyecto casi imposible, comenzando por el título, según Querejeta le contó a su entrevistador Juan Hernández Les: "En un principio se llamó La caza del conejo. El cambio se produjo cuando un miembro de la Junta de Censura opinó que era un título demasiado significativo". Así lo reconoció en sus memorias el entonces director general de Cinematografía, José María García Escudero, cuya reciente ley pretendía dar oxígeno al cine español de los jóvenes: "Hubo mal ambiente en la Junta al ver la película, incluso se le sacaron a cada plano simbolismos eróticos y políticos. Que la película tiene intención, es evidente; que sea para prohibirla, es otra cosa". ¿Intenciones políticas? Sin duda. Pero Saura precisaba en su defensa que la política sólo le interesaba "en cuanto soy consciente de que todos hacemos política por el simple hecho de hacer cualquier cosa".

Aprovechando las disposiciones de García Escudero, que significaban una apertura en el rígido franquismo, Elías Querejeta se lanzó a la producción: "La nueva ley", declaró entonces, "tiende a dar una estructura industrial al cine español". La caza fue el primer peldaño de sus objetivos, que se han demostrado al cabo del tiempo: "Es el momento de dar un paso hacia adelante: la coherencia ideológica de toda la obra de un productor". En este sentido, como ya se sabe, la carrera de Elías Querejeta ha resultado modélica.

Presentada en el Festival de Berlín de 1966, donde fue especialmente defendida por Pier Paolo Pasolini, miembro del jurado, obtuvo el Oso de Plata al mejor director "por la valentía y la indignación con que ha presentado una situación humana característica de su tiempo y de su sociedad". A raíz de este triunfo fue invitada al Festival de Nueva York, lo que entonces era poco frecuente para una película española, y donde, según contó Saura, "tuvo un gran impacto crítico, siendo muy bien interpretada por el público norteamericano, y no sólo en cuanto a sus referencias a la guerra de España".

Tres amigos van a cazar conejos, acompañados por el cuñado de uno de ellos, un joven de veinte años. Se conocen desde hace tiempo, "pero sus frustraciones, miedos, odios y rencores se irán evidenciando paulatinamente a lo largo de esta jornada abrasada por el sol", en descripción aparecida en Antología del cine español. "Sobre estos personajes gravita una tensión de otro signo que sus propios procesos psicológicos", precisó Enrique Brasó: "Gravitan unas situaciones históricas enormemente precisas, una tensión que se prolonga desde una guerra civil..." Saura, que había definido la película como "un documental en situación límite", declaró a la revista Nuestro Cine: "El clima de violencia que refleja no es exclusivamente español sino del mundo entero. El tema de La caza es un problema internacional en cuanto a la agresividad que hay en el mundo, la inutilidad de la guerra, la inutilidad de la muerte, la inutilidad misma de la caza, porque hoy se caza por placer, no por necesidad".

Elogiada por Manuel Rotellar, "La caza es un filme construido magistralmente en tiempos perfectamente marcados y sincronizados a la tormenta interna que se va incubando en los tres personajes principales", en coincidencia con el crítico Merlín, quien decía que "dejándose uno de traducir simbolismos, si los hay, la trama es lineal y directa y tiene una graduación dramática muy bien medida hasta desembocar en el rápido y tremendo desenlace que es -nunca mejor dicho- un escopetazo al espectador", la película era, según Manuel Villegas López, "una parábola, casi un cuento oriental", y lo explicaba: "Su realismo feroz, agresivo, es sólo una máscara. Todo está detrás de ese verismo, seco y despiadado. En cine, siempre hay que invocar a Buñuel cuando se entra en este sector del arte, como en pintura hay que contar con Goya". La caza es ya un clásico del mejor cine español.

A Saura, en cambio, la política le interesaba sólo "en cuanto soy consciente de que todos hacemos política por el simple hecho de hacer cualquier cosa".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de marzo de 2003