EL CENSO DE 2001

El 15% de los españoles sigue careciendo de estudios pese a la mejora del nivel educativo

El número de separados o divorciados ha crecido un 50% en los últimos 10 años

La comparación entre los censos de población de 1991 y 2001 revela una mejora general del nivel educativo de los españoles, pero también deja en evidencia un núcleo duro de adultos sin formación que no se han beneficiado de esa tendencia general: un 15% de la población sigue siendo analfabeta o carente de estudios. La razón principal no es la falta de escolarización actual, sino la insuficiencia de la formación de adultos.

En los 10 años transcurridos entre ambos censos, el analfabetismo ha caído del 3,6% al 2,6%, y el porcentaje de la población que ni siquiera tiene estudios elementales se ha reducido del 21,7% al 12,9% (ambas cuantificaciones se refieren a los mayores de 16 años). La mejora general del nivel educativo se puede apreciar también en los demás segmentos del sistema. En 1991, un 31,6% de la población había alcanzado el primer grado (educación primaria, hasta los 11 años), y esa cifra se ha reducido ahora hasta el 23,3%.

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A cambio, el porcentaje de los que alcanzaron el segundo grado (secundaria, bachillerato elemental y formación profesional) se ha elevado desde el 35,4% hasta el 48%. El porcentaje de ciudadanos que se diplomaba, licenciaba o doctoraba era del 7,7% en 1991, y ahora es superior al 13%. Todas las cifras anteriores se refieren a la población de 16 años o más.

Otra tendencia llamativa que se desprende de la comparación de ambos censos es el incremento de las separaciones y divorcios, cercano al 50% en esos 10 años. Los hombres separados o divorciados han pasado de 181.028 a 476.311. Y las mujeres separadas o divorciadas se han incrementado desde 274.847 hasta 673.998. Puede apreciarse en estas cifras que el número de mujeres separadas o divorciadas excede al de hombres en casi 198.000. Puede haber dos razones para este hecho. La primera es que, tras la ruptura de la pareja, los hombres tienden a casarse en segundas nupcias más que las mujeres, y, por tanto, dejan de contar como "separados o divorciados" para engrosar de nuevo el cómputo de los casados. De hecho, el censo (de 2001) revela que, aunque el total de mujeres supera al de hombres en más de 743.000, el número de casadas es inferior al de casados en más de 69.000.

La segunda razón de la discrepancia es que los hombres tienden a morir antes que las mujeres. Con parejas casadas en el momento del fallecimiento, esto incrementa mucho el número de viudas respecto al de viudos (2,2 millones de viudas en 2001 por sólo 461.000 viudos). Pero si la pareja estaba divorciada en el momento del fallecimiento, el efecto estadístico de la mayor mortalidad masculina es un exceso de divorciadas respecto a divorciados.

La mayor mortalidad masculina sólo es un factor significativo a partir de los 40 años. Antes de esa edad, el porcentaje de mujeres es ligeramente inferior al 50%, debido por un lado a que nacen más niños que niñas, y por otro a que, en la franja de edad entre 20 y 40 años, hay más inmigrantes masculinos que femeninos. A los 40 años se iguala el número de los dos sexos, y a partir de esa edad las mujeres superan a los hombres cada vez más, debido a que la esperanza de vida es de 75 años para el hombre y de 82 para la mujer. A partir de los 85 años, las mujeres llegan a suponer el 70% de la población.

Las comunidades más envejecidas (por su baja natalidad, fundamentalmente) son Navarra, el País Vasco, La Rioja, Cantabria, Asturias, Galicia, las dos Castillas y Aragón. Las más jóvenes y con más natalidad son Andalucía, Canarias, Murcia y Baleares.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 12 de marzo de 2003.

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