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Sida en casa del ministro

Un miembro del Gobierno de Malawi confiesa que sus tres hijos murieron de una enfermedad de la que no se habla

Lo que en África todo el mundo sabe, pero casi siempre calla, se ha atrevido a decirlo en público un ministro de Malawi: el sida mata en casa, en todas las casas. Thengo Maloya, de 56 años, ministro de Administración y Ordenación Territorial y de Emergencias, ha causado una gran conmoción entre sus colegas de Gobierno tras revelar ante su equipo ministerial que en la última década el sida le ha matado a dos hijos y a una hija, todos veinteañeros, informa la BBC. Es una historia similar a la que podrían contar muchas familias del país, pero los prejuicios y la exclusión social las condenan a sufrir en silencio el drama. El testimonio de Maloya intenta cambiar las cosas.

El 15% de los 11 millones de malawianos es seropositivo. La pandemia ha reducido en unos años la esperanza de vida de 46 a 36 años. Hay más de 470.000 huérfanos cuyos padres han muerto por la enfermedad; muchos de ellos dependen de los abuelos y no pueden proseguir sus estudios, y en las calles crece el número de abandonados. La pandemia, que antes afectaba más a las ciudades, se expande hoy también en el campo, paralelamente a la prostitución provocada por la necesidad de muchas viudas: en los años ochenta y noventa el foco de infección eran los balas (bares) urbanos, y ahora los contagios se producen por doquier. Aparte del sida, Malawi sufre periódicas hambrunas y la mortalidad infantil se sitúa en 215 por cada 1.000 niños. En las carreteras del país es normal ver una rama en la cuneta, lo que significa que alguien ha muerto en las cercanías, en general de sida, tuberculosis o malaria.

"Lo que he vivido es muy doloroso", dijo Maloya a su equipo. "Mis hijos podrían haber cuidado de mí en mi vejez, y en vez de ello les he tenido que enterrar a esa edad".

Maloya no se limitó a una confesión de su tragedia particular. Señaló que casi un centenar de los más cualificados responsables del ministerio han muerto de sida en los últimos seis años, y que la enfermedad ha provocado ya un déficit de 800 personas en el departamento. Además, Mayoya indicó que los trabajadores seropositivos se encuentran por lo general muy débiles para acudir a su empleo con regularidad, y a menudo tienen a su vez que quedarse en casa cuidando de algún familiar también enfermo o se ven en la tesitura de asistir a un entierro.

Hace dos años, el portavoz parlamentario Sam Mpasu hizo una declaración parecida a la de Maloya: reveló que en cuatro años habían fallecido de sida 28 diputados.

La falta de antirretrovirales impide que el país pueda detener la transmisión madre-hijo. Hay un 35% de madres seropositivas. El drama social es aún mayor, por falta de datos: en Suráfrica, por ejemplo, la democracia ha información más fidedigna, pero Malawi no es transparente y nadie sabe realmente la magnitud de la pandemia. De ahí la importancia de gestos como el de Maloya.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de febrero de 2003