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ESTRENOS | 'La gran aventura de Mortadelo y Filemón'

Mortadelo y Filemón dan el gran salto al cine

La adaptación de Javier Fesser, coral y muy personal, se estrena hoy con gran expectación

Cuarenta y ocho años después de su nacimiento, Mortadelo y Filemón, los legendarios, torpones y torturados antihéroes de Francisco Ibáñez, llegan por fin al cine de actores. La adaptación de los hermanos y guionistas Guillermo y Javier Fesser, que dirige, mete a los agentes de la TIA en el universo coral y de efectos digitales de los autores de El milagro de P.Tinto. Pero la noticia es que los personajes de Ibáñez cobran vida en carne y hueso, y lo hacen de manera muy creíble gracias, primero, a su aparición en una España franquista y cutre, y al increíble parecido de los actores Benito Pocino (Mortadelo) y Pepe Viyuela (Filemón) con los originales.

Incluso el perfeccionista Ibáñez está, después de alguna decepcionante aventura televisiva, entusiasmado con el resultado final: "Al fin se me calmó el rabo de lagartija que tenía dentro. Pensaba que encontrar a Mortadelo sería imposible, pero cuando los vi en la pantallita dije: 'Son ellos'. Benito será Mortadelo toda su vida, lo siento por él. Javier, que es un gran fan, les ha dicho 'levantaos y andad' y eso han hecho. Y a mí el corazón no me cabe dentro".

En él tienen también un sitio los clásicos El Súper (Mariano Venancio), Ofelia (Berta Ojea) y Bacterio (Janfri Topera), más otros que se cuelan de rondones, como Rompetechos (el cegato protestón, convertido aquí en facha recalcitrante) y dos nuevos inquilinos de la 13 Rue del Percebe nacidos de la imaginación de los Fesser: el espía Fredy Mazas (al que da vida el actor francés de Delicatessen y Amélie, Dominique Pinon) y la madre de Filemón (María Isbert).

La gran aventura de Mortadelo y Filemón, producción de Sogecine y Películas Pendelton, ha costado dos años de trabajo y 7 millones de euros. "Tiene 260 efectos digitales y sólo en las escenas rodadas en Gijón y Valencia hay miles de extras", explica Fernando Bovaira, productor ejecutivo de Sogecine.

La expectación es enorme: la película se estrena hoy en 325 salas de toda España, la FNAC de Callao inauguró ayer una exposición de fotos de la película, hechas por Javier Fesser, y el centro Nassica de Getafe abre El garaje de Mortadelo, con los coches utilizados por el director artístico, César Macarrón, en el rodaje.

Una especie de superproducción de Hollywood a la española (se habla ya de una segunda parte), en la que el gran controlador es el director, profundo conocedor de "este par de geniales gilipollas, dos imbéciles que nunca llegan a ningún sitio pero nunca se rinden".

Por eso, muchos dicen que la película es "una producción de autor": desde los mismos productores hasta los actores, todos reconocen que Fesser tenía muy claro lo que quería hacer desde el principio con "las dos catástrofes calvas congénitas".

Todo menos las frases que improvisa Luis Ciges, el fallecido y genial actor, que realiza aquí su última aparición, ya muy enfermo, para convertir el filme en historia del cine español. "Fue precioso que actuara porque surgió de él venir al rodaje", explica Fesser. "Estaba ya mal y yo no quise insistirle, pero pasó un día y dejó ese personaje pequeño pero muy intenso. La frase que se inventó, 'Ese tío en pelotas es un monstruo', va muy bien con el surrealismo que inunda toda la película".

Otros momentos muy divertidos los protagoniza el dictador de Tirania, un personaje que interpreta Paco Sagarzazu entre el homenaje a Sopa de ganso y el recuerdo satírico de Franco. "Es una sorpresa agradable", dice Ibáñez, "porque aquélla era una época dificililla, jodidilla, en la que tenías un ojo en la página y otro en la oficina de censura. El lenguaje del cine y el cómic son distintos, y Javier y Guillermo han creado nuevas situaciones, nuevos gags, que yo no habría podido hacer. El espectador dirá: 'Son ellos, el Mortadelo de Fesser".

"Yo también tengo el rabo tranquilo", bromea el coguionista Guillermo Fesser. "Es una gran alegría para alguien como yo, que lo único que ha hecho en la vida es tropezarse con Mayra Gómez Kemp en el metro, poder llamar Paco a Francisco Ibáñez. Teníamos dos opciones: releer Mortadelo y hacer una lectura entre mil más posibles o tratar de sacar su esencia y meterlos en nuestro mundo. Y hemos hecho lo segundo".

"Pensamos en lo que hubiera hecho Ibáñez si se hubiera puesto a hacer una película hace 48 años", añade el director. "Y la libertad, la frescura y la mala leche son iguales a las que él hubiera puesto ahí. Pero era fundamental un buen casting, caras nuevas, actores estupendos que dieran emoción. Hicimos un peinado policial y Mortadelo no aparecía. Vimos a 500 actores y no lo encontramos. Hasta que haciendo otro peinado para la madre de Filemón apareció su foto en un álbum viejo. Benito fue un regalo. Sin él no habría habido película".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de febrero de 2003