¿Respiro en Venezuela?
La oposición venezolana al presidente Hugo Chávez ha abandonado la huelga general iniciada hace dos meses, a la vista de sus numerosas grietas. La llamada Coordinadora Democrática había anunciado repetidamente que sólo la levantaría cuando Chávez renunciara o convocase elecciones anticipadas. Pero el paro, que ha yugulado la exportación petrolífera y costado miles de millones de dólares a una economía ya ruinosa, había perdido su fuelle en sectores comerciales y laborales.
La alianza opositora anuncia renovados medios de presión para forzar nuevos comicios u obtener la renuncia del jefe del Estado. El instrumento sería un referéndum vinculante, con encaje constitucional a partir de agosto de este año, a mitad del mandato presidencial. El Tribunal Supremo ya rechazó días atrás uno consultivo, inicialmente previsto para comienzos de febrero con el visto bueno de la autoridad electoral. Entre los múltiples frentes del foso abierto en Venezuela, la escasa credibilidad que el poder judicial merece a los adversarios de Chávez es uno de los elementos clave. El Gobierno ha anunciado su intención de ampliar de 20 a 30 los jueces del más alto tribunal, una medida que sólo puede verse como un intento más de control político.
La vuelta paulatina al trabajo abre una pausa y una oportunidad para la reflexión, después de que la agotadora huelga y la violencia asociada con ella hayan llevado al país al filo de la bancarrota y crispado los ánimos hasta extremos insoportables. Pero la ocasión será baldía si primero no se produce una desescalada verbal entre los dos campos, cuyas actitudes recuerdan más un clima de guerra civil que un conflicto manejable. Aquí tienen mucho por hacer los buenos oficios del grupo de seis países mediadores, los Amigos de Venezuela, que acaban de irrumpir en la viciada crisis tras los baldíos esfuerzos del secretario de la OEA, César Gaviria.
En este sentido, las primeras reaciones de Chávez al final de la huelga, celebrando la victoria de sus partidarios sobre lo que califica de "intentona terrorista", no son alentadoras. El líder venezolano pide a los suyos el mantenimiento de la movilización callejera y anuncia medidas para fortalecer lo que él llama proceso de cambios. Muchos temen que entre ellas figuren represalias directas contra los medios de comunicación, cadenas privadas de televisión sobre todo, que han jugado contra la continuidad del presidente.
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