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LA TRAGEDIA DEL COLUMBIA

El 'Columbia' estalla al volver a la Tierra

Mueren los siete tripulantes del transbordador en la mayor catástrofe espacial desde 1986 ø Los restos quedan diseminados en Tejas, Luisiana y Arkansas - El ala izquierda sufrió fallos antes de la explosión

Washington
Los siete tripulantes del transbordador espacial estadounidense Columbia fallecieron ayer al desintegrarse la nave tras entrar en la atmósfera. El accidente ocurrió sobre las 15.00 (hora peninsular), cuando el Columbia sobrevolaba Tejas, a 61.875 metros de altura y 20.116 kilómetros por hora, para aterrizar en Florida. La pérdida del transbordador supone la mayor tragedia espacial desde la catástrofe del Challenger en enero de 1986. Ante la magnitud de la catástrofe, el presidente Bush lanzó un mensaje televisado en el que anunciaba que mantendrá el programa espacial. La NASA, con todo, suspendió cautelarmente los vuelos de sus transbordadores. Las causas del accidente seguían anoche sin aclararse.
El 'Columbia' estalla al volver a la Tierra
Cristián Werb

El comandante del Columbia, Rick Husband, informaba a la sala de control del Centro Espacial Kennedy sobre las condiciones de la nave antes del aterrizaje. Eran las nueve de la mañana, hora local, y el Columbia debía aterrizar 16 minutos después en Florida. La comunicación se cortó bruscamente. Las últimas palabras que escucharon los técnicos de la NASA fueron "presión de los neumáticos". Después, silencio. En ese mismo momento, en los Estados de Tejas, Luisiana y Arkansas, miles de personas escucharon un estallido y vieron varias estelas blancas rasgando un cielo muy azul. Eran pedazos del Columbia, desintegrado a más de 60 kilómetros de altura. Los siete astronautas a bordo fueron dados por muertos. Los restos de la catástrofe quedaron esparcidos por tres Estados. Los responsables del control de la misión, en Houston, explicaron que poco antes del desastre se había producido una pérdida de datos clave de la parte izquierda de la nave. La NASA suspendió ayer los vuelos de los tres transbordadores que quedan mientras no se aclaren las causas del accidente.

En el momento de desintegrarse la nave volaba a más de 22.000 kilómetros por hora

La NASA suspende cautelarmente los vuelos de los transbordadores

El despegue y el aterrizaje son las dos maniobras más peligrosas de los vuelos espaciales. El Challenger explotó en 1986 al poco de iniciar el vuelo. Fue el 28 de enero, y el día del aniversario, esta semana, los siete astronautas muertos ayer guardaron un minuto de silencio en órbita en recuerdo de sus colegas fallecidos hace 17 años.

La conmoción tras el accidente fue terrible. Las familias de los tripulantes del Columbia esperaban en el Centro Espacial Kennedy su llegada, tras 16 días de viaje. El ambiente era festivo y centenares de turistas se habían congregado para contemplar el aterrizaje. Pero sólo llegaron a ver, en monitores de televisión, los pedazos humeantes de la nave. Los familiares fueron aislados en una sala de la base, donde "acogieron la trágica noticia con una gran dignidad", según Sean O?Keefe, director de la NASA. Poco después, el presidente George W. Bush y el secretario de Seguridad, Tom Ridge, hablaron por teléfono con las familias. Las banderas de la Casa Blanca y de la NASA fueron arriadas hasta media asta, en señal de luto nacional.

La causa del accidente era aún desconocida. La hipótesis de un atentado terrorista quedó casi descartada de inmediato, porque el Columbia estaba demasiado alejado de Tierra para ser alcanzado por un misil, o incluso para ser atacado por un avión. El viaje de la nave había sido rodeado de la máxima seguridad, porque la presencia de un astronauta israelí la convertía, en opinión del FBI, en un posible objetivo terrorista.

La atención de los técnicos que empezaron a analizar el accidente se centraba ayer en una pieza de material protector que el pasado día 16, poco después del despegue, se desprendió del depósito externo de combustible y había golpeado el ala izquierda de la nave, que iba cubierto por 20.000 losetas térmicas. "Dos comisiones, una de las NASA y otra independiente, investigarán las causas del accidente", anunció O?Keefe. "Averiguaremos cuál fue el problema, lo resolveremos, y seguiremos adelante", dijo.

"Las primeras indicaciones de un potencial problema se produjeron pocos minutos antes de las ocho de la mañana [hora local de Houston], procedían de la pérdida de sensores, de sensores de temperatura en los sistemas hidráulicos de la parte izquierda", explicó Ron Dittemore, jefe del programa de los transbordadores. "A continuación, segundos y minutos después, hubo otros problemas, incluidas indicaciones de pérdida de presión en el sistema principal izquierdo".

Acerca del posible daño en el ala izquierda del Columbia durante el despegue, otro responsable del vuelo, Leroy Cain, explicó que los daños eran menores según los análisis realizados.

Los fragmentos del transbordador quedaron esparcidos por una zona que, según las primeras estimaciones, abarcaba los Estados de Tejas, Louisiana y Arkansas, en un territorio comparable a toda Andalucía. Helicópteros militares Black Hawk de la base tejana de Fort Hood, un acuartelamiento con 42.000 soldados del que hoy debían partir fuerzas hacia el golfo Pérsico, iniciaron las tareas de localización y recuperación de resto, auxiliados por cientos de policías locales. La NASA advirtió a la población de que no se aproximase nadie a los fragmentos de la nave porque podían ser tóxicos.

La ciudad de Nacogdoches (Tejas), parecía la más afectada por la lluvia de fragmentos. "Están por todas partes", dijo James Milford, propietario de una barbería, refiriéndose a los pedazos. "Hay muchos, hay partes del motor, algunas bastante grandes". Algunos fragmentos rompieron tejados y cayeron en casas, pero no causaron víctimas. "Pude ver dos objetos brillantes volando al mismo tiempo", declaró Gary Hunziker, de Plano (Tejas), "pero pensé que eran cazabombarderos". Terry Ruby, de Stamps (Arkansas) contó que su marido, Doug, la llamó para avisarla de que el país estaba "siendo atacado" y de que había visto "una gran explosión" en el cielo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 2003