Entrevista:EDUARDO CLAUSEN | Presidente de Cultura Musical

"Las grandes carencias de este país no son musicales"

Eduardo Clausen, notario de profesión, siempre ha estado vinculado a la música. Sus ascendientes fundaron la Sociedad Filarmónica de Bilbao y él, con apenas veinte años, entró a formar parte de la Junta Directiva. Sabía idiomas y por eso le tocó acompañar a los artistas. Así conoció a figuras como Arthur Rubinstein y estableció contactos que más tarde le sirvieron para ofrecer una programación de calidad desde Cultura Musical.

Eduardo Clausen, notario de profesión, siempre ha estado vinculado a la música. Sus ascendientes fundaron la Sociedad Filarmónica de Bilbao y él, con apenas veinte años, entró a formar parte de la Junta Directiva. Sabía idiomas y por eso le tocó acompañar a los artistas. Así conoció a figuras como Arthur Rubinstein y estableció contactos que más tarde le sirvieron para ofrecer una programación de calidad desde Cultura Musical.

Eduardo Clausen (Bilbao, 1948), notario de profesión, asumió en 1984 la presidencia de Cultura Musical, asociación sin ánimo de lucro que nació en 1941 para programar en San Sebastián música clásica de calidad. Desde sus inicios, la asociación -con 650 abonados- ha promovido 1.259 conciertos, algunos de ellos protagonizados por figuras de la talla de Rostropovich, Zubin Metha o Alfredo Kraus. El día del desembarco de Normandía, la Orquesta Filarmónica de Berlín tocaba en el Victoria Eugenia dentro de su programación. En los últimos tiempos, la apuesta institucional por la música ha obligado a esta asociación a reubicarse. Ahora desarrolla su labor en estrecha relación con el sector público, fundamentalmente con la Fundación Kursaal.

Pregunta. ¿Cómo nació Cultura Musical?

Respuesta. Me imagino 1941 como un páramo cultural, en plena postguerra, con la guerra mundial a pocos kilómetros, y el ejemplo cercano de la Sociedad Filarmónica de Bilbao, que programaba música clásica selecta desde finales del siglo XIX.

P. ¿Asumieron entonces el papel de las instituciones?

R. Entonces no era su papel. No me imagino a los próceres de la segunda República española promocionando conciertos. Cultura Musical fue durante toda la época franquista la única oferta musical de calidad de San Sebastián, dentro de temporada -al margen de Quincena Musical-. La oferta no se amplió prácticamente hasta el nacimiento de la Orquesta de Euskadi.

P. ¿Cultura Musical está abocada a desaparecer tras la apuesta institucional por la cultura?

R. No, porque hacemos una labor complementaria. A lo que estamos abocados es a colaborar con el sector público. De hecho, la asociación se ha salvado gracias a su especial relación con la Fundación Kursaal, que lidera José Antonio Echenique. Nosotros programamos música de cámara en la sala de cámara para nuestros socios y todos nuestros abonados acuden a los conciertos de la Fundación. Además, colaboramos en el diseño de la programación. Si no existiera esta relación, nuestra labor sería muy complicada, porque el alquiler del Kursaal es muy caro. Su criterio de gestión es excesivamente economicista.

P. ¿La política influye en la música?

R. No debiera. Pero lo cierto es que hay hasta música nacionalista que se componía para mandar a la gente a la guerra.

P. ¿Ha entorpecido la política su labor?

R. No, porque Cultura Musical nunca se ha implicado. Y en general, los responsables siempre nos han apoyado. Para empezar, el Ayuntamiento y, sobre todo, el alcalde Odón Elorza inspirado por Ernest Lluch, con quien yo tenía una gran amistad. Su idea básica con la construcción del Kursaal era: 'No vamos a empezar de cero. Hay que aprovechar lo que ya existe para para mejorar la oferta'. El Gobierno vasco también nos concedió la declaración de utilidad pública y los grupos políticos del Ayuntamiento decidieron otorgarnos la Medalla al Mérito Ciudadano de San Sebastián.

P. ¿Cree que la oferta musical donostiarra está sobredimensionada?

R. Es que también hay demanda.

P. ¿Equiparable a la oferta?

R. Incluso superior, porque existe una gran tradición. Si no, no se explica el fenómeno del Orfeón Donostiarra, un coro amateur con la calidad de uno profesional.

P. ¿Pero algo le faltará musicalmente hablando?

R. Siempre falta. Pero creo que las grandes carencias de este país no son musicales. Y no quiero hablar de política.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 24 de diciembre de 2002.

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