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Visita real a la zona más castigada por el vertido

Pescadores y voluntarios reclaman al Rey más medios y el apoyo del Ejército

Don Juan Carlos, en Muxía: "Aquí hay que dejarse de diferencias y arrimar todos el hombro"

El Rey bajó ayer a la arena de la playa de Coído de Muxía a pisar el engrudo del Prestige que voluntarios y contratados recogían con las manos casi como autómatas. Don Juan Carlos inició en ese punto una visita a esta localidad y a Laxe, donde limpiadores, alcaldes, pescadores, mariscadores y percebeiros le pidieron que interceda para conseguir más medios, elementos de coordinación y el apoyo del Ejército para despegar el chapapote que ya ha llegado y el que queda por venir. El Rey -en todo momento acompañado por Manuel Fraga, presidente de la Xunta, y por el vicepresidente Mariano Rajoy- pidió a todos que se unan contra el desastre. "Aquí hay que dejarse de diferencias y arrimar todos el hombro", dijo.

Don Juan Carlos madrugó para contemplar desde un helicóptero la magnitud de la catástrofe. Luego, a mediodía, aterrizó en Muxía e inmediatamente se dirigió a la playa de Coído, también acompañado de Alberto Blanco, alcalde de esta localidad (6.200 habitantes repartidos en 104 núcleos de población). El Rey escuchó dos tipos de gritos: los de unos 300 vecinos que le lanzaban vivas y muestras de cariño y los de una veintena de voluntarios, universitarios, que clamaban "manipulación, todo es mentira", en referencia a los medios que se están aplicando en la limpieza. Una nueva mancha, de unos seis metros de largo y dos de ancho, llegaba a los pies del monarca empujada por el oleaje.

Desde el pretil de Coído recibió las primeras explicaciones, pero quiso conversar con los voluntarios, pagados con las gracias y las vituallas, y los trabajadores contratados por Tragsa, que seguían despegando galipote de la misma arena de la que ya lo habían recogido otras dos veces.

Un voluntario, José Figueras, le pidió "más coordinación, más ayuda y más medios, y sobre todo, que venga el Ejército". "Él me ha contestado que como ahora el Ejército es profesional, es más difícil traerlo".

Manuel Fraga decía: "La cosa está mal, muy mal". Otro voluntario, Jesús, el Berrugo, pedía: "Lo que hacen falta son manos, no palabras". El Rey escuchó las mismas peticiones del voluntariado en las oficinas de Protección Civil, de boca de uno de sus miembros, llamado Atalaya, y del coordinador en Muxía, Ramón Pérez. Éste último decía: "Nosotros, por pedirle le hemos pedido de todo, porque todo hace falta, pero le hemos dicho que a ver si vienen militares españoles a ayudar". De nuevo en la calle, rumbo a la lonja, se le preguntó qué mensaje quería mandar a los gallegos. "Nuestro saludo y afecto y que tratamos de ayudar en todo lo que podemos".

La lonja, precisamente, lucía una pintada que sintentizaba las conversaciones de todos los corrillos de vecinos a los que uno se acercaba: "Fraga, Rajoy, Alberto, dimisión. Muxía con el Rey". La proclama estaba junto a un camión militar belga.

El monarca escuchó las explicaciones de alcaldes y patrones mayores sobre las consecuencias del vertido y las quejas por la falta de medios, información y coordinación. "Dicen que necesitarían más información", le dijo ante todos a Mariano Rajoy, que asintió con la cabeza. Luego hizo varias llamadas a la unidad frente al desastre. "Tenemos que estar todos a una como Fuenteovejuna, olvidarnos de los problemas y buscar soluciones. Aquí hay que dejarse de diferencias y arrimar todos el hombro". José Manuel Martínez, patrón mayor de Fisterra, estuvo en el corrillo: "Queríamos que el Rey lo viera, porque algo podrá hacer, no sé, hablar con José María Aznar, que es el que tenía que haber venido. Si esto hubiera pasado en Cataluña ya habría estado allí y habría llevado al Ejército".

José Figueras, de Vilafranca del Penedés, se desvió el día 20 del Camino de Santiago para limpiar fuel. Habló ayer con el Rey y le pidió que venga el Ejército. "Le he comentado que somos un país avanzado como para tener más medios, pero si no, que le pida ayuda al mundo porque ésta es una de las mayores catástrofes ecológicas de la historia". "Le dije también: 'No estáis ni de un lado ni de otro de la política y por eso hace falta su colaboración para que los partidos no se peleen tanto por los problemas que todos tenemos aquí".

La visita a Laxe corrió por los mismos derroteros. El alcalde, Antón Carracero, explicó al Rey la "grave situación" que afronta el pueblo. "Si la pesca y el marisqueo están hundidos, también está el turismo. Don Juan Carlos nos dijo que es el momento de que todos arrimen el hombro".

"Don Juan Carlos no ha venido a hacerse la foto"

El recorrido de Don Juan Carlos por las playas de Galicia enfangadas por el producto viscoso que arrojó el Prestige al mar deparó ayer algunos momentos de pausa para las reflexiones en voz alta del Monarca.El Rey, con los zapatos marrones calafateados de engrudo, lanzó en un momento de su visita esta frase al viento del noroeste, el que arrima a tierra la porquería del Prestige: "Todos debemos ayudar, no hagamos fotos demagógicas". Las diferentes interpretaciones que se hicieron de esta sentencia llevaron a portavoces de la Casa del Rey a intentar aclarar el mensaje de Don Juan Carlos: "Lo que quiso decir es que no venía a hacerse la foto, sino a dar su apoyo y mostrar la necesidad de unión ante el desastre".En los últimos días, el presidente del Gobierno, José María Aznar, y el jefe de la oposición, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, se han enfrascado en una polémica en torno a la presencia o no de dirigentes políticos en Galicia.Mientras que Rodríguez Zapatero ha reprochado a Aznar que no haya viajado aún a la región que sufre la tragedia ecológica, el presidente del Gobierno ha acusado al dirigente socialista de acudir a Galicia para "mercadear con el dolor ajeno".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de diciembre de 2002

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