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Rodrigo Fresán publica un libro de muertos y fantasmas

La velocidad de las cosas (Mondadori) es un libro compuesto por 13 historias. 'No es lo mismo un libro con cuentos que un libro de cuentos', matiza su autor, el escritor argentino Rodrigo Fresán. 'Los libros de cuentos, mis favoritos, son esos que tienen una teoría detrás, esos que no son el resultado de juntar historias, esos que se deben a una estructura', añade el autor, para quien La velocidad de las cosas es un libro 'sobre fantasmas, sobre gente tocada por la muerte'. 'Si mi libro anterior, Mantra, relata el modo en que los muertos contemplan a los vivos, este se ocupa de cómo los vivos intuyen a los muertos'.

Fresán (Buenos Aires, 1963) publica en España La velocidad de las cosas cuatro años después de su edición en Tusquets Argentina. Ampliado, revisado y retocado -'supongo que se debe a la nefasta influencia que Dylan, al que le gusta cambiar constantemente las letras de sus canciones, tiene sobre mí'- el libro narra, entre otras, la historia de un anciano hombre de letras que viaja en un barco a ninguna parte, la de un estudioso de los ritos fúnebres, la de un adicto a las fiestas, la de un sufrido redactor de necrológicas de periódico, la de una niña muy fea dispuesta a encontrar pruebas de vida inteligente en otros planetas o la de un nazi obsesionado por un escritor judío. El libro comienza con unos 'apuntes para una teoría del lector' y termina con unos 'apuntes para una teoría del escritor'.

Gente extraña

A Rodrigo Fresán le gusta reivindicar la biblioteca del escritor como su única patria ('yo nací argentino, pero quiero morir escritor') y añade que cuando se habla de tradiciones literarias hay que hacerlo siempre a partir de libros, no de lugares. Instalado en Barcelona desde hace tres años, el autor de Mantra (un libro de viajes sobre la ciudad de México que, publicado hace un año, pasó de ser un proyecto de encargo a una novela de culto sobre el aprendizaje, en la que el cine o la música forman parte de un complejo y laberíntico paisaje mental) asegura que 'la etiqueta de literatura latinoamericana no incluye a los argentinos'. 'Los argentinos', afirma Fresán, 'somos gente extraña a la que la historia convulsionada de nuestro país les ha obligado a refugiarse en la ficción, a reestructurar la realidad y a inventarse una realidad alternativa. Argentina es casi un holograma. Un país fantasmal. Un gran país de ficción que podría estar mejor escrito'.

Fresán asegura tiene una estrecha relación con la muerte 'y sus infinitas posibilidades'. Actualmente trabaja en un libro sobre J. M. Barrie, el creador de Peter Pan, que se titulará Kensington Gardens en referencia al parque londinense donde Barrie conoció a los hermanos Llewelyn Davies, los niños que inspiraron su legendaria obra. 'Yo nací clínicamente muerto', dice el escritor argentino, 'así que yo, de alguna manera, soy el fantasma de mí mismo. Quizá por eso mi relación con la muerte tiene algo positivo, incluso alegre y esperanzador; la muerte puede ser algo eterno'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de octubre de 2002