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Bush desprecia la oferta de Irak e insiste en que la ONU debe actuar

El Consejo de Seguridad de la ONU se divide ante la necesidad de una nueva resolución

Irak ha logrado ahondar las diferencias entre los cinco miembros permanentes del consejo de seguridad de la ONU. EE UU y Reino Unido insisten en que hace falta aprobar una nueva resolución, para seguir presionando a Sadam Husein con la amenaza de represalias bélicas. Rusia Francia y China, consideran por el contrario que Bagdad ha satisfecho las exigencias de la comunidad internacional, al ofrecer el regreso sin condiciones de los inspectores. George W. Bush, molesto por la "maniobra" iraquí, afirmó que la ONU no debía "dejarse engañar".

La carta del ministro iraquí de Asuntos Exteriores, Naji Sabri, pareció tomar por sorpresa a la diplomacia estadounidense, que ayer asistía al desplome del consenso fraguado en los últimos días. La oferta "incondicional" no era, sin embargo, un movimiento improvisado. Empezó a fraguarse el pasado sábado, durante una reunión del secretario general de la ONU, Kofi Annan, con varios ministros de la Liga Árabe. Las presiones de Egipto y, sobre todo, Arabia Saudí, que el domingo anunció que aportaría sus bases a una operación contra Irak si estuviera amparada por Naciones Unidas, convencieron a Sadam Husein de que no podía seguir manteniendo un pulso contra el mundo entero.

Engaño

En Washington se encajó mal la oferta. George W. Bush la calificó de "engaño", y mantuvo su tono belicoso: "No permitiremos que los peores dirigentes del mundo nos chantajeen o amenacen con las armas más peligrosas del mundo". El secretario de Estado, Colin Powell, tampoco creyó en la sinceridad iraquí: "Ya hemos visto antes ese juego", afirmó. "Recuerden que el problema es el desarme, no la vuelta de los inspectores", añadió. "El Gobierno iraquí sólo trata de ganar tiempo. Si la palabra de Sadam Husein tuviera alguna credibilidad, haría ya mucho tiempo que habría renunciado a sus armas de destrucción masiva", dijo Ari Fleischer, portavoz de la Casa Blanca. Fleischer comparó la táctica iraquí con la que solía utilizar el boxeador Mohamed Alí cuando se enfrentaba a adversarios más fuertes: arrinconarse contra las cuerdas, protegerse con los brazos y dejar que el rival se cansara lanzando golpes sin efecto "mientras preparaba una respuesta contundente".

El duro discurso de George W. Bush ante la Asamblea General de la ONU, el pasado jueves, y la intensa tarea diplomática de Colin Powell parecieron quedar sin efecto. Powell, que había convencido ya a los representantes de los otros cuatro países con derecho a veto para empezar a redactar, el próximo fin de semana, una nueva resolución sobre Irak, se encontró ayer de vuelta en la casilla de salida, sin otro apoyo que el de los británicos. El secretario de Estado insistió en que hacía falta una resolución que contuviera tres elementos: una lista de las anteriores 16 resoluciones incumplidas por el Gobierno iraquí, las condiciones de absoluta libertad de que deberían disfrutar los inspectores (incluyendo el derecho a registrar los palacios presidenciales y otras instalaciones anteriormente inviolables) y las consecuencias bélicas a que debería hacer frente Irak en caso de incumplimiento.

El ministro británico de Asuntos Exteriores, Jack Straw, secundó a Powell: "Debemos tomar la oferta con mucho escepticismo. La mejor manera de conseguir resultados", declaró en Londres, a su regreso de Nueva York, "es mantener la presión militar".

Franceses y rusos veían las cosas de forma muy distinta. "Las bases del problema han cambiado completamente", afirmó un diplomático francés en Nueva York. El ministro de Exteriores, Dominique de Villepin, se mostró optimista: "Ahora debemos enviar a los inspectores y exigir a Sadam Husein que cumpla su palabra. Todo debería desarrollarse muy rápidamente. Si la reanudación de las inspecciones se confirma, se demostrará hasta qué punto la comunidad internacional puede obtener resultados si se mantiene unida".

El jefe de la diplomacia rusa, Igor Ivanov, también se distanció de Washington al afirmar que ya no era necesaria "una nueva resolución del consejo de seguridad de la ONU". "Hemos conseguido evitar una guerra y podemos volver a la vía política para resolver el problema iraquí", manifestó. Hans Blix, jefe de los inspectores de Unmovic, y dos representantes del gobierno de Bagdad se reunieron ayer mismo en Nueva York para concretar los detalles prácticos (alojamiento, oficinas, escoltas, etcétera) de la reanudación de las inspecciones. Acordaron volver a reunirse en Viena dentro de 10 días, lo que hace pensar que los inspectores no emprenderán viaje hasta bien entrado octubre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de septiembre de 2002