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Blair y Powell quieren que la ONU avale el ataque a Irak

El Gobierno de EE UU se muestra cada vez más dividido sobre una ofensiva contra Sadam

Las divergencias sobre Irak se acentúan día a día en el seno del Gobierno estadounidense. Y el principal Gobierno aliado, el británico, se ha unido ya al debate. El primer ministro Tony Blair habló el jueves durante una hora con el presidente George W. Bush para intentar convencerle de que hiciera un último esfuerzo por reanudar las inspecciones del arsenal iraquí y de que no lanzara un ataque sin contar con Naciones Unidas. El secretario de Estado, Colin Powell, también afirmó ayer que los inspectores de la ONU debían volver a Irak como 'primer paso' para resolver la crisis.

El vicepresidente, Dick Cheney, y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, consideran en cambio que las vías diplomáticas están agotadas y propugnan la guerra inmediata. Bush no parece haber tomado, por el momento, una decisión final sobre Irak. El subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, Marc Grossman, ha mantenido esta semana reuniones con varios corresponsales europeos, entre ellos el de EL PAÍS, para insistir en que el presidente de Estados Unidos 'consultará con sus amigos, sus aliados extranjeros y el Congreso' antes de decidir. 'Todas las opciones se mantienen abiertas', dijo Grossman.

Pero a Bush no le sobra tiempo. El día 11, en el homenaje a las víctimas del World Trade Center, y el día 12, ante la asamblea general de Naciones Unidas, debe hablar del terrorismo, y se espera que ofrezca ya indicaciones claras sobre sus planes acerca de Sadam Husein. 'Dentro de poco, el público americano entenderá claramente por qué creemos necesario que cambie el régimen de Irak', anunció dos semanas atrás. Powell también habló ayer de la necesidad de compartir con los estadounidenses y la opinión pública internacional las informaciones secretas de que dispone la Casa Blanca sobre el arsenal iraquí. El vicepresidente Cheney dijo el lunes que Sadam Husein dispondría de armamento nuclear 'bastante pronto', sin más explicaciones.

'Creo que el mundo debe recibir la información que aportan los servicios de inteligencia; hace falta un debate en la comunidad internacional y que todos puedan formarse una opinión', declaró Powell a la BBC británica, dentro de una entrevista que será emitida íntegramente el próximo domingo. 'El presidente ha sido claro al decir que cree que los inspectores de armas deben volver', añadió.

En realidad, Bush nunca ha sido claro al hablar de Irak. Mantiene una ambigüedad calculada. El largo periodo de reflexión que se ha tomado, y que debería concluir con sus vacaciones, finalizadas este fin de semana, ha provocado una creciente cacofonía dentro de su Gobierno. Las discrepancias se han hecho públicas, hasta el extremo de que dos antiguos diplomáticos, uno demócrata y otro republicano, le rogaron ayer que pusiera orden en el Gabinete. 'Desde el primer día se han exhibido los desacuerdos, y Bush debería controlar eso', opinó Alexander Haig, que fue secretario de Estado bajo Ronald Reagan. 'Éste ha sido el verano del descontrol en la Administración. En vez de emitir todos un mismo mensaje, cantan la misma canción con letras diferentes', declaró a su vez Richard Holbrooke, que gestionó la paz en los Balcanes y habría ocupado la secretaría de Estado de ganar Al Gore la presidencia. Holbrooke añadió que 'el camino hacia Bagdad' pasaba por el consejo de seguridad de la ONU para facilitar el apoyo a Estados Unidos de 'los aliados más sólidos, en especial Tony Blair en Londres y los turcos en Ankara'. El primer ministro británico se encuentra en una posición especialmente delicada. Ni su opinión pública ni la mayoría de su Gobierno son partidarios de la guerra. 'Si Sadam Husein readmite a los inspectores sin condiciones y les deja hacer su trabajo adecuadamente, el peligro de guerra retrocederá', señaló el ministro de Exteriores, Jack Straw.

Blair podría enfrentarse a una crisis de Gobierno si se viera obligado a respaldar a Bush en una acción bélica antes de agotar los recursos diplomáticos. Por eso el jueves llamó al rancho de Bush en Tejas y habló con el presidente de Estados Unidos durante una hora. El dominical londinense The Sunday Telegraph informaba ayer de que Blair aconsejó a Bush que se comprometiera de nuevo con la ONU y de que lanzara un ultimátum a Irak sobre el retorno de los inspectores, antes de optar por la guerra. Era un consejo casi idéntico al que viene formulando Colin Powell, quien considera que incluso si un miembro permanente del consejo de seguridad, como Rusia o China, vetara la resolución propuesta por Washington, Estados Unidos habría demostrado su interés por trabajar dentro de la legalidad internacional y le sería más fácil articular una coalición similar a la utilizada en Afganistán. Irak, por su parte, anunció ayer su intención de enviar emisarios a las capitales europeas para recabar apoyos, según informó la BBC.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de septiembre de 2002