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Reportaje:

Las dos Coreas dan pasos hacia el deshielo

La visita del jefe de Gobierno japonés a Corea del Norte y nuevos contactos relanzan el proceso de acercamiento

En apenas dos meses los contactos entre las dos Coreas han dado un vuelco espectacular. El deshielo resurge y atrás queda el grave incidente naval del pasado junio en el mar Amarillo, cuando los disparos de una patrullera norcoreana causaron la muerte de al menos cinco marineros surcoreanos y de una treintena de norcoreanos. El Norte se disculpó más tarde del suceso ocurrido en aguas sureñas, gesto inédito en el largo historial de fricciones, pero no asumió la responsabilidad.

Las próximas semanas pueden ser muy importantes para el futuro del proceso de reconciliación, así como para la normalización de las relaciones de Corea del Norte con EE UU y Japón. El primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, irá hoy a Pyongyang en la primera visita que un dirigente nipón realiza al Norte y con la mira puesta en el establecimiento de relaciones diplomáticas. Los norcoreanos quieren compensaciones por la ocupación nipona de la península entre 1910 y 1945, las cifran en 10.000 millones de dólares, que Tokio estaría dispuesto a pagar, pero en proyectos de desarrollo. A cambio, Koizumi reclamará información y la eventual libertad de una docena de japoneses secuestrados en los setenta y ochenta. La prensa japonesa asegura que Corea del Norte se prepara a extender más allá de 2003 la moratoria sobre ensayos de misiles de largo alcance que mantiene desde hace dos años.

De la suerte del viaje de Koizumi dependerá si Washington manda no mucho después a un enviado diplomático con el objeto de reanudar las conversaciones de paz, suspendidas desde la llegada de George W. Bush a la Casa Blanca. El presidente norteamericano incluye a Corea del Norte entre las naciones que forman el eje del mal y fomentan el terrorismo. Exige que ponga fin al desarrollo de armas de destrucción masiva y a la exportación de material bélico, y que permita la entrada de inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) para examinar sus instalaciones nucleares.

Surcoreanos, norteamericanos y japoneses calificaron de 'constructivos' los últimos gestos de Pyongyang en una reunión celebrada hace una semana en Seúl, horas antes del encuentro que disputaron las selecciones nacionales de ambos países en el estadio que albergó la apertura del Mundial 2002 y que concluyó con un diplomático empate a cero. No hubo himnos, pero sí mucha emoción. Hasta el holandés Guuus Hiddink, con el que Corea del Sur logró la hazaña de meterse en la semifinal y que será asesor hasta 2004, lo definió como 'algo más que un encuentro de fútbol'.

Seúl trata de descifrar el alcance de las tímidas medidas de liberalización económica emprendidas por Corea del Norte el pasado julio, que incluyen una devaluación, la subida de salarios y precios y la supresión de subsidios para empresas muy deficitarias. Para algunos analistas, tales medidas asemejan a las que China realizó a primeros de los ochenta y que dieron luego paso a la apertura del mercado. Pyongyang sigue abrumada por una economía desfasada y la gravísima crisis alimentaria que provocaron las catástrofes de la segunda mitad de los noventa. El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas afirma que más de dos millones de norcoreanos padecen hambre. El Gobierno surcoreano ha decidido el envío de 300.000 toneladas de arroz y 100.000 de fertilizantes. 'La reducción de la tensión después del incidente de junio demuestra que la política de reconciliación es válida', admitía el lunes de la semana pasada a un grupo de periodistas extranjeros el presidente, Kim Dae Jung. El líder surcoreano recibió el Nobel de la Paz en 2000 por esa política y por su visita a Pyongyang en junio de ese año donde se reunió con Kim Jong Il. El dictador norcoreano prometió devolver la visita ese mismo año, pero no se sabe si algún día Kim cruzará la frontera.

Los planes del llamado Querido Líder por los ciudadanos del país comunista más cerrado del mundo se ignoran en el Sur, o al menos así lo dicen sus autoridades. El último rumor apunta a que el singular político que sucedió a su padre, muerto en 1994, estaría pensando en asistir a los Juegos Asiáticos, que se celebrarán en la sureña ciudad de Busan a finales de mes. Corea del Norte ya ha anunciado que enviará una numerosa delegación de atletas que desfilarán juntos con sus hermanos del Sur. Las antorchas de ambos países se fusionaron en una sola la pasada semana en otro de los gestos de deshielo.

Según el ministro surcoreano para la Unificación, Se Hyun Jeong, 'la sunshine policy es irreversible independientemente del resultado de las elecciones presidenciales' del próximo diciembre, y a las que no podrá presentarse de nuevo Kim Dae Jung porque así lo impide la Constitución, que prohíbe un segundo mandato. Su partido está roto tras ser derrotado este verano en varias elecciones parciales municipales y parlamentarias. Su candidato oficial, Roh Moo Hyun, tiene mínimas probabilidades de poder suceder a Kim, que, por otra parte, ha dimitido de la presidencia del partido tras el encarcelamiento de dos de sus hijos, implicados en delitos de corrupción económica.

Estos días también se han reanudado las visitas de familias separadas por la guerra, recogidas en los acuerdos suscritos por los dos Kim en Pyongyang hace dos años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de septiembre de 2002