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Irak acepta el regreso de los inspectores de desarme de la ONU

Arabia Saudí prestará sus bases a Estados Unidos si la ONU respalda un ataque

El régimen iraquí aceptó anoche el retorno a su territorio de los inspectores de Naciones Unidas para que éstos verifiquen si Bagdad cumple las resoluciones de la ONU sobre desarme. En la madrugada de hoy, hora española, el ministro de Exteriores iraquí, Naji Sabri, entregó una carta con este mensaje al secretario general de la ONU, Kofi Annan, en presencia del secretario general de la Liga Árabe, Amro Musa. Poco después, el director de comunicaciones de la Casa Blanca, Dan Bartlett, restó importancia a la noticia y señaló que Sadam Husein sólo pretende crear "falsas esperanzas".

"Las autoridades iraquíes han aceptado también comenzar inmediatamente las discusiones sobre los aspectos prácticos para que los inspectores puedan volver a realizar su labor", destacó Annan después de comunicar la noticia a los miembros del Consejo de Seguridad. Annan reconoció que tras el discurso del presidente de EE UU, George Bush, ante la Asamblea General de la ONU, en el que pidió a Naciones Unidas que obligara a Irak a cumplir las resoluciones, "casi todas las intervenciones ante la Asamblea General han presionado a Irak para permitir el retorno de los inspectores". Annan subrayó que el discurso de Bush había "galvanizado" a los miembros de Naciones Unidas.

Tras el anuncio iraquí, la iniciativa en la resolucion de la crisis corresponde ahora al Consejo de Seguridad de la ONU. "Son ellos [los países miembros] los que tendrán que decidir a partir de ahora", destacó Annan, quien añadió que, en cualquier caso, los inspectores estarán listos para iniciar sus trabajos lo antes posible.

Horas antes, Arabia Saudí había anunciado que permitirá que sus bases militares y su territorio sean utilizados como plataforma para un ataque contra Irak si la acción está amparada por la ONU. El Gobierno de Riad mantiene, sin embargo, su rechazo a una acción unilateral de Estados Unidos y confía en que la crisis se resuelva "sin un solo disparo". El ministro de Asuntos Exteriores, príncipe Saud al Faisal, como otros dirigentes árabes, ejerció ayer presión sobre Sadam Husein.

La Casa Blanca, por su parte, sigue adelante con los planes bélicos y ha calculado ya el coste de la guerra: entre 100.000 y 200.000 millones de dólares. Saud al Faisal declaró a la cadena de noticias CNN que Estados Unidos podría disponer de la base aérea Príncipe Sultán, con más de 5.000 soldados norteamericanos, y de otras instalaciones saudíes si el consejo de seguridad de la ONU adoptara una resolución que permitiera el uso de la fuerza contra Irak. "En ese caso, todo el mundo estaría obligado a colaborar", dijo.

Saud consideró muy positivo que el presidente George W. Bush hubiera trasladado a la ONU su preocupación por los arsenales iraquíes, "porque eso asegurará el consenso internacional en torno a un plan realista". "Sea cual sea la amenaza que plantea Irak, está claro que el deseo de la comunidad internacional es que dicha amenaza desaparezca sin un solo disparo y sin la pérdida de un solo soldado", siguió. Arabia Saudí, como la gran mayoría de los países árabes, considera que el objetivo de la ONU es acabar con los presuntos arsenales de armas de destrucción masiva en manos de Sadam Husein, pero en ningún caso derribar el régimen de Bagdad, como desea Estados Unidos. El ministro de Asuntos Exteriores de Jordania, Marwan Muasher, rogó al Gobierno iraquí que cumpliera las 16 resoluciones aprobadas por la ONU desde 1990 y cualquier otra que se emitiera en los próximos días "para ahorrar a la región las siniestras consecuencias" de una nueva guerra. Durante la Operación Tormenta del Desierto, en 1991, Jordania recibió a miles de refugiados iraquíes.

Los países árabes recalcaron ayer, durante la asamblea general de Naciones Unidas en Nueva York, que las resoluciones del consejo de seguridad debían ser cumplidas por Irak, pero también por Israel. El ministro sirio Faruk al Sharaa denunció en la tribuna de la ONU la "ciega parcialidad" del consejo de seguridad, que, por la influencia de Estados Unidos, favorecía siempre a Israel.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de septiembre de 2002