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REPORTAJE

¿Dónde está mi hijo?

Los padres de menores desaparecidos denuncian la falta de medios de la policía para buscar a sus hijos

Donovan, María Teresa Fernández, Angustias Roldán Fernández, Cristina Bergia, los hermanos Isidro y Dolores Pires Orrit... Son los niños desaparecidos en España en los últimos años. Los que no se han encontrado. Ni vivos ni muertos. Otros, como Jonathan, de dos años y ocho meses, o como Tamara Navas, de nueve años, estuvieron meses desaparecidos hasta ser encontrados muertos. Las asociaciones de desaparecidos solicitan que se cree un cuerpo de policías especializados en la búsqueda de personas. Los responsables policiales aseguran que en España no es como en el Reino Unido. Y que más del 99% de las miles de denuncias por niños desaparecidos que se reciben cada año son voluntarias y terminan felizmente a los pocos días.

Después de sólo 13 días de rastreos y mensajes públicos dirigidos a los posibles secuestradores, los cadáveres de las niñas Jessica Chapman y Holly Wells fueron encontrados. Sucedió el sábado 17 de agosto. Al poco tiempo, los padres de las chiquillas pudieron conocer la identidad del presunto asesino y de su cómplice. La policía tratará de entregarle en los próximos días la respuesta a la pregunta que todo el mundo se hace: ¿por qué las mataron? Sin embargo, en España hay varios padres que cada noche barajan demasiadas preguntas desde hace semanas, meses y años: cómo, cuándo, por qué, dónde, quién, de qué manera. Dan vueltas en la cama y se ven cada vez más solos. Son los familiares españoles de niños desaparecidos. Algunos señalan que el Ministerio del Interior debería tomar nota de la diligencia y la eficacia con que la policía británica ha actuado.

'Si un niño lleva meses sin aparecer, lo más seguro es que esté muy cerca de donde vivía'

'Hoy tuve un rato libre y me fui al metro. Buscándole entre todos los chavales de su edad'

'Claro que la mayoría termina apareciendo. Pero a mí me preocupa los que no aparecen'

Angustias Roldán Fernández, por ejemplo, desapareció cuando tenía 14 años en 1986. Su madre, Angustias Fernández, narraba esta semana la última conversación: 'Era domingo y quedó con una sobrina para ir a bailar. Le di 400 pesetas. Le dije: 'Angustitas, ven a las nueve'. Ella me dijo: 'A las nueve y media, mamá'. Y hasta ahora. Yo tengo esperanza de ver a mi hija. Me han hecho las pruebas de los genes dos veces para ver si era algún cadáver. Para mí que está viva y en una secta. Sueño mucho con ella. A veces la veo contenta y a veces muy seria. Y nunca habla, se retira de mí'.

Hay muchos más casos. Algunos, como el de Isidro y Dolores Pires Orrit, dos hermanos de 5 y 17 años que desaparecieron el 5 de septiembre de 1988 de un hospital catalán, sólo perviven ya en la memoria de sus familiares. Pero los hay también mucho más recientes, como el de María Teresa Fernández Martín, desaparecida hace dos años, a la edad de 18, de la localidad granadina de Motril.

La familia de María Teresa ha ofrecido 42.071 euros (siete millones de pesetas) por una pista fiable. Veinte años, 1,70 de estatura, complexión delgada y un lunar en el lado izquierdo de la frente. Así es Mari Tere. La noche en que desapareció mandó un mensaje a un amigo que decía: 'Puede que tarde, pero voy. Espérame'.

Teresa Martín, la madre, no se cansa de contar la historia de su hija. 'El 18 de agosto terminamos de cenar, la bajé a la feria. Todo estupendo. Ella quería ser profesora de francés. Estaba haciendo el bachillerato. Montaba a caballo, tenía tres. Tocaba el piano y componía sus propias canciones. Me dio un beso, dijo hasta luego. Y ya no más'.

La madre de Mari Tere lamenta que el comisario que había antes en Motril apenas prestase atención al caso porque alegaba que su hija ya era mayor de edad y que podía tratarse de una desaparición voluntaria.

Otra de las desapariciones más intrigantes, una de las más difíciles de aclarar en la historia reciente de la Guardia Civil, es la de Donovan Párraga, el niño de 12 años desaparecido hace seis meses en Trijueque (Guadalajara, 300 habitantes). El pasado 27 de febrero, a las siete de la tarde, lo vieron por última vez cuando se dirigía a la clase de yudo. Los padres, Francisco y Gloria, llevan separados unos 18 meses, pero a la hora de buscar al niño no ha habido fisuras. Han desplegado carteles por Madrid y por Guadalajara, han llamado a cientos de teléfonos y a decenas de despachos. Y sin resultados hasta el momento.

De la labor de la Guardia Civil de Guadalajara, quien lleva el peso de la investigación, se muestran satisfechos. 'En cambio, no puedo decir lo mismo del responsable del Grupo de Menores [Grume] de Madrid ', señala el padre de Donovan. 'Es la primera crítica que hago. Hasta ahora he mantenido un silencio demasiado escrupuloso. Pero es que he intentado, al menos en cuatro ocasiones, entrevistarme con él y no me ha recibido. Sólo me llamó una vez y fue para preguntarme si mi hijo tiraba piedras con la mano izquierda. Y el caso más sangrante fue cuando mi madre, que vive en Madrid, recibió una llamada de Donovan el 16 de marzo, apenas un mes después de la desaparición. En otra llamada, Donovan le decía: 'Abuela, dile a papá que vengan rápido a buscarme. Estoy llamando desde una cabina. Dile que se dé prisa porque...'. Y ahí se cortó. La llamada apenas duró unos segundos. Y Telefónica registró la calle y la hora desde donde se había hecho a cobro revertido. Pero el Grupo de Menores esa noche no quiso actuar. Tuvieron que venir cuatro guardias civiles desde Guadalajara. Y después no quisieron ir a tomarle declaración a mi madre a casa, a pesar de que la oficina del Grupo de Menores está a 100 metros de la casa de mi madre. Tan sólo se limitaron a llamarla por teléfono y a preguntarle: '¿Pero está usted segura de que era su nieto al cien por cien?'. Y, claro, mi madre es una mujer de 67 años que no tuvo reflejos para hacerle a Donovan preguntas más concretas que pudiesen demostrar que era él. Más de un responsable policial debería preguntarse por qué en el Reino Unido las fuerzas del orden han obtenido resultados en menos de 15 días. De todas formas... que un responsable de un grupo no esté a su altura no significa que los agentes que están en la calle y que pueden identificar a Donovan no lo vayan a estar'.

'El Grupo de Menores ha trabajado todo lo que puede y más. Pero los padres de estos chicos no estarán nunca contentos con la actuación policial mientras sus hijos no aparezcan', señala José Manuel Seara, portavoz de la policía.

Los especialistas de la policía aseguran que España, 'por fortuna', no es un país como Estados Unidos, donde los lecheros incorporan la foto del niño a sus botellas cada mañana.

José Manuel Anseán, jefe de los delitos contra las personas, en la brigada judicial de la policía, lleva desde 1994 con casos de personas que faltan del domicilio. 'En el Reino Unido hay mucho pederasta. Pero aquí no. Ni siquiera tráfico de blancas con menores; eso no se ve por aquí. En España, el 99% de las desapariciones son voluntarias. Yo diría que sólo una de cada dos mil son involuntarias. Fíjese: en el año 2001 nosotros recibimos 14.966 denuncias por desapariciones; de ellas, 8.405 eran relativas a menores. Muchos de ellos son extranjeros que se fugan del centro de acogida, y con la nueva ley del menor esas fugas constan como desapariciones. A principios de este año, las 8.405 denuncias del año 2001 ya se habían reducido a 6.417. Y de ésas, sólo 13 eran de menores de 13 años. La mitad de esas 13 eran de niños extranjeros, y la mayoría de esas 13, la inmensa mayoría, eran o bien niños que se escapaban de sus centros de tutela, o bien matrimonios separados que denunciaban el rapto del hijo por parte de su antigua pareja'.

El teniente Carlos Franco, de la Guardia Civil, encargado de coordinar las denuncias de desaparecidos, cuenta con tres mil casos. Aparte de ellos, los mossos y la Ertzaintza barajan sus propias estadísticas también. Y tanto el policía como el guardia civil coinciden en lo básico:

a) Que hay cierta descoordinación entre las fuerzas de seguridad.

b) Que a menudo los familiares de los desaparecidos olvidan retirar las denuncias cuando el familiar aparece, con lo cual las cifras suelen ser engañosas.

c) Que el 99% de las desapariciones son voluntarias y terminan apareciendo.

d) Que el papel que les corresponde a ellos desde Madrid es mínimo. Que quienes llevan realmente el peso de las investigaciones son las comisarías o cuarteles de la zona donde ha ocurrido el suceso.

Coinciden, además, en otro punto clave: la experiencia, tanto del policía José Manuel Anseán (ocho años con casos de desaparecidos) como de su colega el guardia civil Carlos Franco (dos años), les dice que casi nunca hay que ir demasiado lejos para encontrar al chiquillo: 'Si un niño menor de 13 años lleva meses sin aparecer, hay que buscarlo muy cerca de donde vivía. Lo que ocurre es que eso es muy duro, porque implica buscar restos, buscar un cadáver', señala Anseán.

Y así ocurrió con Jonathan. Aún no ha podido desprenderse de la memoria colectiva el caso de Jonathan Vega Barrull, el niño que desapareció el 27 de mayo de 2000 del hipermercado Pryca, de San Fernando de Henares. Tenía dos años y ocho meses, los ojos azules, el pelo rubio. La familia, de raza gitana, se movilizó por todo el país con una furgoneta. Y al cabo de seis meses, un camionero encontró el cadáver del niño en un descampado no muy lejos del centro. Los forenses se declararon incapaces de señalar la causa del fallecimiento. Y la policía declaró que pudo tratarse desde una muerte accidental hasta un homicidio. Hasta el momento, no se sabe nada más.

En el caso de Donovan, la Guardia Civil ha hecho cinco rastreos cerca del pueblo de Guadalajara. En el primero empleó a 50 hombres, y en el último, unos 40. El tiempo juega en contra de los familiares. La madre le comentaba con tristeza al padre el jueves pasado que ya hay bastantes menos carteles en el metro. 'Pero yo no puedo evitar seguir buscándolo a cada momento', comentaba la madre. 'Hoy tenía un rato libre y me he ido a la estación de metro de Sol. Mirando a todos los chavales de su edad. Me quedé con la vista fija en uno que se le parecía bastante, aunque era algo mayor, y ya cuando se levantó me convencí de que no era él. Y cuando conduzco cerca de la casa donde vive su abuela, en Madrid, voy más mirando a los niños que conduciendo. Pendiente de los andares de todos'.

'Ése es un dato muy importante para quien pueda ayudarnos a localizarle', comenta el padre. 'Donovan no mueve los brazos al compás de los pies. Los deja más bien estáticos'.

Francisco y Gloria confían en la gente, en que puedan darles pistas. Sin embargo, el jefe de la policía no confía mucho en los testigos que dicen haber visto a algún niño desaparecido. 'La gente suele tener muy buena voluntad, pero mala memoria fotográfica, a no ser que sea algún familiar quien lo vea', señala José Manuel Anseán.

Francisco Párragas, el padre de Donovan, nada más desaparecer su hijo, se dedicó tres meses en cuerpo y alma a buscarlo. 'He ido a zonas conflictivas, a varios polígonos industriales a las cuatro y a las cinco de la mañana. Y aún sigo dispuesto a ir a donde sea. Pero esto es muy raro. Mi hijo jamás cogió un tren de cercanías solo. No es el típico niño aventurero. Es tímido, le gusta el medio rural donde vive. No me lo imagino seis meses deambulando por Madrid. Al principio se podía pensar incluso que se trataba de una rabieta infantil y que se marchó, pero ya no cabe esa posibilidad'.

España no es un país como Estados Unidos o el Reino Unido. Pero se han dado casos demasiado similares al que ha ocurrido recientemente en el Reino Unido. Casos que ya ni la policía especializada recuerda. Casos como el de Ana María Jerez Cano, quien desapareció con nueve años en Huelva el 16 de febrero de 1991. Salió de su casa un sábado en dirección a la de su abuela, a pocos metros de allí. La madre de la niña, Adoración Cano, de profesión ayudante técnica Sanitaria, hizo varios llamamientos ante los medios de comunicación para que dejasen en libertad a la niña. A los 69 días de su desaparición, el cadáver de la niña apareció en aguas de la ría del Tinto, a cuatro kilómetros de Huelva. Y a los pocos días apareció el hombre que la descuartizó y la mató: José Franco, alias Pepe el Bocas, un vecino próximo a la familia.

Más casos. No es necesario recordar a las tres niñas de Alcàsser. Hay ejemplos mucho más cercanos. Como el de Tamara Navas, la niña de nueve años desaparecida el 1 de marzo de 2001 en Salou (Tarragona). Varios meses después, el cadáver de Tamara apareció en el piso de un albañil de 45 años que vivía cerca de Tamara. El albañil permanece en prisión.

Manuel Jaime Lorente, presidente de Inter SOS, asociación afincada en Cataluña formada por familiares de desaparecidos, lamenta el actual estado de la situación policial: 'Hemos visto el despliegue que se ha hecho en Inglaterra para buscar a esas niñas. Esto en España no existe. Nuestra lucha es para que se cree un cuerpo policial dedicado exclusivamente a la búsqueda de personas. Que tenga los suficientes medios técnicos y humanos'.

'Y que no haya tanta descoordinación entre las distintas fuerzas', señala Jaime Lorente. 'El primer programa de búsqueda genética es el Fénix, el que la Guardia Civil y la Universidad de Granada pusieron en marcha sobre el año 1998 a causa de nuestro continuo batallar. Después, la policía ha creado otro, el GENio, los mossos están creando el suyo y la Ertzaintza prepara el suyo? ¿Para qué tantos si además no se intercambian la información?'.

'Y al principio no querían hacer estas pruebas con los cadáveres porque decían que eran muy caras, que costaban cerca de 500.000 pesetas', señala Juan Manuel Bergia, otro miembro de Inter Sos, con una niña de 16 años desaparecida desde hace un lustro.

'No le falta razón a esta asociación', reconoce el propio jefe de la policía, José Manuel Anseán. 'Hay falta de coordinación entre los distintos cuerpos, eso no se puede negar. Y hay falta de medios también. Lo único que yo puedo hacer desde mi oficina en Madrid es incordiar un poco cada final de mes a las comisarías. Llamarles, hacer que se muevan las denuncias, que se sepa en qué estado se halla cada una, y poco más. Nos mata también la rutina. El 99% de los desaparecidos aparecen al poco tiempo. Y no vas a pensar que el siguiente caso que te corresponde es aquel en el que tienes que esforzarte'.

'Claro que aparecen la mayoría. Pero a mí lo que me preocupa es esa minoría que no aparece. Y para ello, lo primero que debería crearse es un cuerpo especializado', señala Juan Manuel Bergia.

La hija de Juan Manuel, Cristina Bergia, desapareció de Cornellá (Barcelona) con 16 años el 10 de marzo de 1997. Cinco años después, a su padre, Juan Manuel Bergia, de 55 años y metalúrgico de profesión, aún se le entrecorta la voz cuando habla de ella. 'Durante 30 meses la policía nacional estuvo buscando a mi hija por todas partes. Incluso en los vertederos. Porque recibió un anónimo diciendo que buscaran el cuerpo de Cristina en los contenedores. Cuando ocurrió lo de Alcàsser, mi hija no había desaparecido. Y piensas que a ti eso no te va a tocar nunca. Después de cinco años, aún no tenemos noticias de ella. Y nuestro único objetivo en la vida es saber qué ha ocurrido con nuestra hija'.

'Cristina elegía los sitios ella para ir de vacaciones, organizaba los cumpleaños... Y ahora no tenemos ni cumpleaños, ni vacaciones, ni lo más importante, que es nuestra hija. Si algo nos está dando fuerza es que no hemos decaído nunca'.

Pasará el verano y los padres de los niños desaparecidos seguirán buscando pistas y tratando de que Interior les haga caso.

Casos sin resolver

Uno de los casos de desaparición más enigmáticos es el de Juan Pedro Martínez Gómez, el niño de 10 años que desapareció en junio de 1986 cuando el camión cisterna que conducía su padre y que transportaba ácido sulfúrico sufrió un accidente en la bajada del puerto de Somosierra. Fallecieron los padres del niño que viajaban en la cabina del vehículo. Los familiares de la madre del niño llegaron a contratar a un detective privado convencidos de que la Guardia Civil no había investigado bien el tema y de que el niño había sido secuestrado. Los agentes sugirieron que el chaval, de metro y medio de altura y 46 kilos de peso, pudo disolverse en ácido sulfúrico. Pero la familia no creyó tal versión. Imprimieron 100.000 carteles con una foto del niño vestido de comunión y la leyenda 'se busca'; 55.000 los enviaron a colegios, ayuntamientos y oficinas de Correos, y los demás los pegaron ellos durante los fines de semana por las calles de todas las ciudades de España. De seguir vivo, Juan Pedro tiene hoy 26 años. Al año siguiente de la desaparición del niño de Somosierra, en 1987, sucedió otra que conmocionó al país durante varios meses: la de David Guerrero Guevara, el llamado niño pintor de Málaga. David, de 14 años, salió de su casa sobre las 18.30 del 6 de abril de 1987 para acudir a la galería de arte La Maison, donde se exponía por primera vez uno de sus cuadros. Jamás se le volvió a ver. Durante un año, Jorge Guerrero, el padre de David, acudió a diario a comisaría por ver si se sabía algo. Y nada. Si estuviese vivo, David Guerrero Guevara habría cumplido 29 años. 'Yo no querría ya remover el tema de mi hijo', declaró el padre a este periódico, 'mientras no haya ninguna prueba nueva. Mi mujer se pone muy nerviosa y preferiría no removerlo'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de agosto de 2002

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