Reportaje:

Entre el desempleo y la tentación del dinero fácil

El barrio sevillano en el que murió el delincuente es una clara muestra del declive general de los empobrecidos barrios obreros

La calle en la que murió el joven atracador se encuentra entre tres barrios: Parque Amate, La Candelaria y Los Pajaritos. Estas barriadas son lo que eufemísticamente se denomina de clase obrera, pero una definición honesta sería deprimidas. El desempleo entre los jóvenes es proporcional a las jubilaciones anticipadas de sus mayores. Una zona empobrecida, pero no marginal.

En Sevilla la terrible bandera de la marginación ondea sobre los barrios de las Tres Mil Viviendas y Bellavista. La mayoría de la población en estas es de etnia gitana y la drogadicción ha laminado generaciones enteras. El tráfico de drogas y el desprecio por la dignidad o simplemente la vida corren paralelas en estas barriadas a la que ni los carteros ni siquiera las ambulancias se atreven a entrar sin protección policial.

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En Los Pajaritos, La Candelaria o Parque Amate hay drogadictos, y muchos, pero la situación dista de ser la de los citados anteriormente. En la tarde de ayer se podía comprobar el pulso del estos barrios. Decenas de jóvenes de pelo corto al estilo del cantante del grupo británico Prodigy recorrían por pares las calles a lomos de sus ciclomotores trucados.

La mirada dura, demasiado inamistosa para su edad. Chavales que han pasado de ser malos estudiantes a ser simplemente malos. El menudeo de hachís y otras sustancias estupefacientes les saca para adelante y les proporciona el dinero para los ostentosos tubos de escape de sus motos y para las fiestas. El propietario de un bar que se niega a ser nombrado él o su establecimiento disecciona la situación en estos barrios con una lucidez resignada. 'Si los padres no les pueden dar dinero, serán ellos los que se lo tiene que buscar de alguna manera'. El que dice estas palabras ha sufrido más de cinco robos en su establecimiento, pero hace de tripas corazón e intenta entender a los chavales de cara de duro que recorren con no demasiadas buenas intenciones las calles del barrio.

Muchos de los negocios establecidos en la zona han sufrido atracos, aunque el delito más común es el robo por la noche tras reventar las persianas metálicas que querían hacer de protección. Algunos de estos ladrones son capaces de hacer verdaderas filigranas con unas simples tenazas y desbaratar la más costosa de las persianas.

La delincuencia en esta zona suele ser patrimonio de los más jóvenes, que empiezan por los tirones y, poco a poco se acercan a los atracos, aunque las estadísticas aún están lejos de las de Las Tres Mil Viviendas. El dinero fácil por la venta al menudeo de drogas también ha atraído a algunos de estos chavales. Mientras que en el Cerro del Águila hay una cuadrilla de vendedores de hachís que rondan la sesentena y que pasan las posturas entre golpe y golpe a la mesa con las fichas del dominó, en los citados barrios hay muchos camellos jóvenes. Los del Cerro del Águila se dedicaron al trapicheo casi como una rebelión después del cierre de la fábrica textil del barrio, Hytasa. Los jóvenes de los otros barrios están atrapados en el falso paraíso del dinero fácil.

El fallecido por disparos de la Guardia Civil era de una barrio cercano, Palmete, en el que la historia es muy similar. Una generación de chicos duros que se creen con derecho a todo antes de que les llegue el turno de que les deje el acné.

En la tarde de ayer, era imposible para los forasteros acercarse a la calle Gaviota, en Los Pajaritos. Un grupo de chavales perseguían con palos de escoba en la mano a los intrusos. Se preparaban para cumplir su amenaza y darle otra noche movida a la policía tras la muerte del atracador. Algunos no pueden tener más de 15 años y ya juegan con la vida al doble o nada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 14 de agosto de 2002.

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