Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
CRISIS CON MARRUECOS

Las fuerzas políticas de Rabat aplauden la ocupación

Los partidos y los medios de comunicación marroquíes respaldaron ayer la actitud de sus autoridades en el conflicto de la isla Perejil, insistiendo en que ese territorio pertenece al reino jerifiano, que tiene todo el derecho a izar allí su bandera y establecer un puesto de control para luchar contra el terrorismo, la inmigración clandestina y el tráfico de hachís. Aún más importante que este apoyo, que el rey Mohamed VI y el Gobierno del socialista Abderrahman Yusufi tenían garantizado, es el hecho de que la difusión del contencioso entre la opinión pública marroquí hace más difícil la marcha atrás exigida por el Gobierno español.

En una conversación telefónica con Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea, Yusufi aseguró que Rabat 'no dramatizará' la situación y le buscará una 'pronta solución'. Ese fue el único comentario oficial de las autoridades marroquíes, que seguían ayer concentradas en los festejos públicos que celebran en Rabat el matrimonio de Mohamed VI con la ingeniera informática Lala Salma y que tienen al ex presidente nortamericano Bill Clinton como único invitado occidental de peso. Las fuentes gubernamentales consultadas ayer por EL PAIS lamentaron, solicitando el anonimato, la 'exacerbación' del asunto por el Gobierno de Aznar, que, señaló una de ellas, está 'promoviendo un clima belicista y antimarroquí' en España.

La existencia del conflicto de la isla Perejil alcanzó ayer por primera vez a la opinión pública del país magrebí. Los diarios dieron cuenta del asunto en sus primeras páginas, con titulares que, como es su costumbre, reflejaban posiciones editoriales. 'El señor Aznar nos hace la guerra de nervios', tituló Liberation. Este diario, vinculado a la Unión Socialista de Fuerzas Populares, el partido de Yusufi, también publicó en portada un artículo muy crítico con Aznar, al que acusó de 'inventarse' problemas con Marruecos 'por razones de política interior española' y de comportarse de modo 'arrogante'. 'La derecha en el poder en Madrid, más bien ultra, parece consagrar toda su acción política en el acoso del vecino marroquí', decía el articulista. Tras señalar que no hay razones para extrañarse de que Marruecos instale 'soldados en un peñón marroquí en las aguas territoriales marroquíes', señaló que España 'despliega una fuerte presencia militar, política, económica y demográfica en dos ciudades marroquíes ocupadas'.

El resto de la prensa también se alineó con la tesis oficial según la cual la isla Perejil, a 200 metros de una playa marroquí, fue 'recuperada' por Marruecos en 1956, al término del Protectorado español en el norte de este país. Su caso, según esa tesis, es diferente del de Ceuta y Melilla. Para Rabat, la única novedad es que ahora Marruecos ha decidido instalar allí un puesto militar permanente, y eso en respuesta a las exigencias españolas y europeas de un mayor activismo en la lucha contra la inmigración clandestina y el tráfico de hachís. Según el titular de Al Bayane, diario vinculado a los ex comunistas, el Gobierno de Madrid está adoptando 'una actitud incomprensible'. Y para L'Opinion, de los nacionalistas del Istiqlal, la cosa está clara: 'Marruecos no retirará sus militares del islote Leila'.

La Embajada española en Rabat aún no había recibido mediada la tarde de ayer ninguna respuesta oficial a la nota verbal de protesta del Gobierno español.

Aunque las autoridades de Marruecos insistan en subrayar la 'normalidad' de la instalación de fuerzas marroquíes en Perejil, medios políticos y periodísticos expresaron su extrañeza por el momento escogido para hacerlo, en plena boda de Mohamed VI y cuando el cambio de Gobierno en España parecía abrir una puerta para cerrar el ya largo conflicto diplomático entre los dos países. Algunos lo explicaron como una represalia por el despliegue, la pasada semana, de cinco buques de guerra y un helicóptero españoles en Alhucemas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de julio de 2002