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Científicos financiados por el Pentágono crean artificialmente el virus de la polio

El experimento, con ADN comprado por correo, levanta el espectro del bioterrorismo

Científicos de Estados Unidos financiados por el Pentágono han sintetizado el virus de la polio a partir de fragmentos genéticos comprados en empresas a las que cualquier ciudadano tiene acceso. 'Lo hemos hecho para probar qué se puede hacer', dice Eckard Wimmer, jefe del equipo investigador de la Universidad de Stony Brook en Nueva York que lo ha creado. El logro levanta el espectro del bioterrorismo avanzado. 'Nuestro mensaje es que hay que mantener reservas de vacunas de cada agente que se quiere erradicar', dice.

La revista Science ha dado a conocer el trabajo de Wimmer y sus colaboradores en su versión digital en Internet. Ellos han utilizado la secuencia genética del virus, disponible en Internet, como guía para construir el virus, y fragmentos de material genético adquirido a una de las muchas empresas que lo venden por pedido, explica The New York Times.

"Yo no diría que hemos creado vida en un tubo de ensayo", dice Wimmer, veterano investigador de la polio. "Lo que hemos hecho es crear un compuesto químico que, introducido en células, actúa un poco como algo vivo". Los virus no tienen la categoría de seres vivos que corresponde a una bacteria y a organismos pluricelulares, ya que son apenas un conglomerado de material genético envuelto por una capa de proteínas que precisan utilizar los mecanismos de la célula que infectan para multiplicarse.

La base del virus de la polio son secuencias químicas de ARN, un precursor del ADN. Los investigadores de Stony Brook adquirieron en un laboratorio especializado bases del ADN de la polio, que redujeron a ARN mediante un enzima también comercializado al público. "Una vez obtenido el ARN lo introdujimos en un jugo de proteínas que nosotros mismo desarrollamos en 1991 y ... ahí apareció el virus. Se hizo él mismo", señala Wimmer. Para ver si el virus funcionaba, lo inyectaron en el cerebro de ratones de laboratorio, que desarrollaron poliomielitis.

"Lo hemos hecho para probar que se puede hacer y ahora es una realidad", dice Wimmer. "Se ha hablado mucho de ello, pero la gente no se lo tomaba en serio. Ahora se lo tendrá que tomar en serio". El proyecto fue financiado por el Pentágono porque "entender el proceso viral de la producción de ADN es clave para identificar nuevos métodos para eliminar el virus y entender cómo pueden cambiar", afirma en un comunicado oficial.

Tres años de trabajo

El virus de la polio es uno de los más pequeños (sólo unas 7.500 bases o unidades químicas del material genético). Muchos otros virus, especialmente si son también pequeños como el del sida o el de la hepatitis B, se pueden fabricar así. El de la viruela, sin embargo, es mucho más grande y complicado. El equipo de Wimmer tardó tres años en producir el virus de la polio, aunque cree que se puede lograr en seis meses. "Crear un virus de la viruela es mucho más difícil pero acabará por conseguirse", añade.

A las objeciones planteadas de inmediato por algunos colegas sobre la irresponsabilidad de sintetizar un patógeno humano, Wimmer replica: "El progreso en la investigación bioquímica tiene su lado positivo y su lado negativo. El peligro es inherente al avance de la ciencia. Nosotros no hemos enseñado nada a los bioterroristas. Todo lo que hemos hecho ya estaba publicado. Sólo hemos unido los elementos".

El investigador alerta contra la idea de eliminar vacunas una vez han sido erradicados ciertos patógenos, como ocurrió en 1980 con la viruela, o se planea hacer en 2005 con la polio. "Nuestro mensaje es que hay que mantener reservas de vacunas de cada agente que se quiere erradicar", señala. "El virus de la polio podría convertirse en un tremendo agente terrorista dentro de 20 o 25 años, cuando buena parte de la población ya no esté vacunada".

"No creo que debamos animar a la gente a hacer de esto un hobby", dice C. J. Peters, director del Centro de Biodefensa (Universidad de Tejas), quien equipara el trabajo de Wimmer a "terminar de fabricar Frankestein".

Steven Block, experto en guerra biológica de la Universidad de Stanford, adopta una posición más distante: "Esto no es el camino para un nuevo tipo de bioterrorismo". Block señala que la polio no es tan infecciosa como otros patógenos, agentes que alguien empeñado puede conseguir más fácilmente en la naturaleza que fabricándolo en un laboratorio. La única excepción es la viruela, erradicada de la naturaleza y de la que sólo existen reservas conocidas en laboratorios de EE UU y en Rusia.

"Parece que ha llegado la era de la bioarmas sintéticas", comenta en The Wall Street Journal Edward Hammond, del Sunshine Project, una organización que fiscaliza el cumplimiento por EE UU de la convención sobre armas biológicas. Hammond señala que este aldabonazo debe servir para despertar a una comunidad internacional que ha sido lenta en reconocer la amenaza que suponen la manipulación de virus y otros organismos.

Craig Venter, uno de los artífices de la investigación que desembocó en el genoma, teme las consecuencias de ese despertar. Venter trabaja ahora en la creación de microrganismos para limpiar el medio ambiente y piensa que Wimmer ha actuado irresponsablemente tanto por sintetizar un patógeno, lo que ya se sabía que era factible, como por abrir la puerta a potenciales reacciones legislativas que vayan en detrimento de la investigación básica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de julio de 2002