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COLUMNA

De la necesidad, necesidad

Retomo la cuestión de la consulta. Intuyo que en este asunto discutimos sin habernos formulado una pregunta básica. ¿Cuál es el problema que debe ser resuelto? O lo que es previo: ¿pero es que existe algún problema? Si el problema, o no existe o es indefinible, coincidiría con el amigo Imanol Zubero, quien me advertía de que me estaba metiendo en el peligroso pantano de convertir mi concepción de la vida virtuosa en objetivas necesidades. Veamos pues, si, al margen de mi 'bienintencionada utopía', existen problemas reales

De acuerdo con el Euskobarómetro, el 67% de los vascos demanda un acuerdo político sobre la autodeterminación. Frente a un 39% que apoyan el nivel otorgado por la actual Autonomía, el 52% quiere un marco de más autogobierno (el 26% federalismo; el 26% independencia). El grado de satisfacción del Estatuto asciende al 38%, siendo el de satisfacción parcial un 26% y de insatisfacción un 23%

Los datos evidencian la existencia de problemas. Una significativa mayoría de la población quiere poder autodeterminarse, por lo que demanda que se articule políticamente la viabilidad de ese deseo (insatisfecho desde el momento en que se demanda). Así, parece que existe una comunidad que se siente con derecho a decidir sobre su futuro político, a autodeterminarse, y que siente que no se le deja ejercer tal derecho; por eso, insisto, lo demanda. Por otro lado la mayoría de esa comunidad desea incrementar el actual autogobierno (federalistas y independentistas), lo que coincide con un minoritario, aunque significativo, grado de plena satisfacción con el actual marco del Estatuto .

En síntesis, sí hay problemas. Parece que al personal le gustaría decidir tanto respecto a su capacidad de decidir como respecto a tener más autogobierno. Sin duda, podría considerarse que el problema no es muy grave, dado que no parece que la demanda es muy intensa y que el desacuerdo con lo que existe no alcanza a abrumadoras mayorías. En consecuencia, podría decidirse que a lo mejor no merece la pena meterse en un proceso de resolución de este problema; vamos, que no resulta oportuno. Pudiera ser. Pero entonces también sería bueno que así se dijese; que es solo una cuestión de oportunidad

Si por el contrario creemos que el problema debe de ser solucionado, es útil preguntar al personal sobre el problema. Sobre hasta qué punto su desasosiego, sus deseos insatisfechos expresados en las encuestas, son auténticos y qué es lo que implican y cómo deben resolverse. Por eso parece adecuado preguntar sobre si somos una nación con capacidad decisoria. Y no creo, como decía Zubero, que el artículo 1 del Estatuto haya zanjado esta cuestión; porque habla de nacionalidad (no nación) sólo concebible dentro del Estado español. Así, constata la existencia de poderes derivados de una Estado-Nación preexistente y, en consecuencia, no reconoce la existencia de una comunidad nacional con plena capacidad originaria que, luego construye lazos con el Estado. Esta diferencia es la que impide establecer sobre bases seguras -por estar construidas sobre la desigualdad- las relaciones estatutarias.

También resulta adecuado lograr que la pregunta sea asumida por una fuerte mayoría de la población a través de incorporar a la misma la voluntad de posterior vinculación con el Estado. Es en este sentido que afirmaba que una pregunta sobre la plena independencia no tiene sentido (no resuelve el problema), por lo que resulta muy poco probable que se haga. Por que si el problema/descontento es ciertamente superior (más intenso, más maniqueo) en unos que en otros, sólo puede ser solucionado si se da respuesta a todos los problemas. A los de unos y a los de otros.

Esta consulta también ayudaría a establecer sobre bases más seguras -por estar construidas sobre una igualdad que el actual Estatuto no otorga- un nuevo pacto sobre autogobierno. Otro problema solucionado.

Y finalmente el proceso podría dar salida a un cierto atasco ideológico-estrátegico en el que se halla inmerso el nacionalismo vasco. Lo que, como efecto colateral, tampoco estaría mal del todo. Porque supongo que a nadie se le ocurrirá decir que es mejor que los problemas nunca se resuelvan con tal de que el PNV no saque beneficio de ello. Supongo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de junio de 2002