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ELECCIONES LEGISLATIVAS EN FRANCIA

Los franceses expresan su descontento con el sistema político con una abstención récord

La baja participación mina la base social de Chirac, que intenta eludir otra cohabitación

Entre una abstención récord -35%-, la dispersión del voto ante los 8.444 candidatos para 577 escaños, el descabezamiento de la izquierda y la casi desaparición del debate político, la primera vuelta de las legislativas se cierra con un resultado mediocre para el ultraderechista Frente Nacional (FN) -un 11,2%, en retroceso de casi cuatro puntos respecto a 1997- y, sobre todo, la confirmación de que Jacques Chirac podrá salvar, de momento, la V República.

¿Eso qué significa? Que de nuevo el presidente es la primera personalidad política del país -y no el primer ministro-; que la elección presidencial es la que determina las demás -y no las legislativas-, y que de nuevo habrá coherencia entre las distintas instituciones representativas -Asamblea, Senado y Presidencia- en manos de la derecha.Como si De Gaulle hubiera renacido.

Pero para ello hace falta que los ciudadanos acudan a las urnas. El primer ministro, Jean Pierre Raffarin, ha recordado que "los resultados sólo serán válidos el domingo que viene", mientras la ex ministra socialista Martine Aubry dijo que "aún todo es posible si logramos movilizar nuestro electorado". Para Aubry, "la abstención ha perjudicado a nuestros aliados y ha favorecido a los partidos mayoritarios".

La abstención acentúa el problema de Jacques Chirac, que es de base política. Es el presidente de la V República elegido con una base electoral propia más débil: el 19% de la primera vuelta en abril. A De Gaulle y Pompidou les votaban el 45% de los franceses desde la primera vuelta presidencial y el partido en el que se apoyaban para gobernar reunía el 40% de los sufragios; Mitterrand atraía algo más de un 30% de los votantes desde la primera vuelta y el Partido Socialista le garantizaba un respaldo que también era del orden del 40%; Chirac cuenta con sólo el 19% de los votos para su persona y un partido con sólo el 33% de los votantes. Todo eso augura un otoño caliente y problemas de legitimidad que no resuelve la aritmética electoral.

Si hoy Chirac vive el espejismo de creerse De Gaulle se lo debe a la abstención. Para que un 35% de los electores haya decidido no acudir a las urnas (en 1997 fue del 32%, en 1988 del 34%) han tenido que sumarse varios factores. De entrada, la derecha democrática ha jugado a adormecer la campaña, negándose al debate y a comparar programas, limitándose a recordar la necesidad de evitar una nueva cohabitación, lanzándole así a la cara a la izquierda el argumento esgrimido por ésta para justificar el paso de un mandato presidencial de siete a cinco años.

El 'desastre Jospin'

El primer ministro Raffarin dijo ayer que "los franceses están hartos de política-debate y quieren política-acción"; otro elemento que ha propiciado la abstención ha sido la incapacidad de la izquierda -y de la derecha- para presentar candidaturas de unión en la mayoría de las circunscripciones: sólo en 42 de un total de 577 cuando aún se convalece del desastre Jospin, eliminado más por la concurrencia de los aliados que por el éxito de contrarios; la falta de líder claro de la izquierda, inevitable pero penalizadora, ha hecho que ni socialistas, ni comunistas ni ecologistas pudieran capitalizar el movimiento social de protesta contra el FN desencadenado entre el 21 de abril y el 5 de mayo. Esa protesta radical, de inspiración antiliberal y antiglobalización, de nuevo no ha encontrado traducción electoral.

Pero hay otros factores que explican en parte el eco que encuentran los populismos como el del FN. La pérdida de importancia del marco nacional en la solución de los problemas; la querencia a explicar la impotencia de la acción política por la imposibilidad de luchar contra la supuesta ineluctabilidad de las leyes del mercado y la tendencia conservadora de la estructura de todos los partidos juegan a favor del FN y de la abstención. También puede haber influido en el auge de ésta el desprestigio de la acción pública, organizada por una ley electoral que admite la payasada: los grupos presentes en más de 50 circunscripciones reciben del Estado 1,6 euros por voto cosechado. De ahí siglas como PASSOPE (Apasionados de la Opereta), AP (Amigo Público) o PPA (Partido Político Apolítico).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de junio de 2002