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SUMARIO | ELECCIONES LEGISLATIVAS EN FRANCIA

La derecha de Chirac logra una rotunda victoria en las legislativas

La primera vuelta refleja una fuerte caída de la izquierda y una pérdida de votos por parte de Le Pen

La derecha encabezada por Jacques Chirac tiene amplias posibilidades de obtener una fuerte mayoría absoluta en la Asamblea Nacional que será elegida el domingo próximo, según los resultados de la primera vuelta de las elecciones generales celebradas ayer en Francia. Con una votación del 44%, a escala nacional, las candidaturas de derecha pueden obtener alrededor de 400 de los 577 escaños de la Cámara parlamentaria. El resto quedaría en manos de la izquierda, que, por efecto del escrutinio mayoritario, puede verse perjudicada a la hora de traducir en diputados el 36% de votos alcanzado ayer. La diferencia en sufragios entre los dos grandes bloques no es tan grande, y los dos campos apelan a la movilizacion para la segunda vuelta.

El hundimiento de los aliados de los socialistas implicará la renovación de la izquierda plural

La Francia xenófoba y antieuropea no desaparece, pero tiene problemas para avanzar

El ex primer ministro Alain Juppé, organizador del partido Unión por la Mayoría Presidencial (UMP), que sostiene a Chirac, se apresuró a poner en guardia a los suyos frente a "todo triunfalismo", a fin de evitar que el exceso de confianza haga que la oleada azul se tome vacaciones el domingo próximo. El centrista François Bayrou (UDF), que se había negado a integrarse en el chiraquismo, roza el 5% de los votos y la posibilidad de rebasar el mínimo de 20 diputados que necesita para formar grupo parlamentario, si bien su papel sera muy reducido si la UMP consigue por sí misma la mayoria absoluta, objetivo que se encuentra facilmente a su alcance.

La dinámica aplastante a favor de Chirac se acompaña del retroceso del Frente Nacional, que con una votación en torno al 11,2% no consigue convertirse en el árbitro de la elección y retrocede cuatro puntos sobre las legislativas anteriores (15,3%). Los datos del escrutinio sólo le permiten mantenerse en una treintena de circunscripciones para la segunda vuelta, lejos de sus esperanzas de haber sido decisivos en la mitad de los distritos. Marine Le Pen, hija del líder del FN, pasa a la segunda vuelta, mientras el secretario general, Carl Lang, queda eliminado y su único alcalde (Jacques Bompard, en Orange) se situa a un punto del aspirante chiraquista por la circunscripción correspondiente.

Ha quedado demostrado que la parte xenófoba y antieuropea de Francia no desaparece, pero tampoco crece, y que existe un trasvase de votos ultras hacia las candidaturas de Chirac. Anoche quedó bien claro -por si había alguna duda- que los 190.000 votos de diferencia entre Lionel Jospin y Jean Marie Le Pen, el 21 de abril, falsearon la impresión de un empuje irresistible de la ultraderecha y el repentino descubrimiento de un número insospechado de fascistas. No había más de los que ya existían, que no es poco, porque el FN sigue siendo el tercer partido de Francia.

Le Pen se apresuró a hablar anoche en términos de "compló" que le impide traducir en diputados la fuerza de que dispone en la opinión pública. "Esto se debe naturalmente a un sistema forzadamente antidemocrático, establecido por los que están en el poder, la derecha y la izquierda, en connivencia para hacerse reelegir y para impedir a millones de franceses, los del Frente Nacional, que estén representados en la Asamblea Nacional. ¿Qué clase de democracia representativa es aquella en que millones de electores no están representados?", clamó, entre denuncias reiteradas de "campaña a la soviética".

Tal y como se esperaba, el Partido Socialista se sostiene bastante bien (logró casi el 24%, frente al 23,5% en la primera vuelta de 1997), mientras sus aliados se hunden. Los llamamientos a ejercer un voto eficaz han sido escuchados por el electorado de izquierda, que ha dado pocas oportunidades a los trostkistas, situados ayer en el 3% de votos y por tanto muy lejos del 10% con el que enredaron el juego político en las presidenciales. Un resultado catastrófico del Partido Comunista (en torno al 5% de votos, la mitad que en 1997) y un mal dato de Los Verdes (inferior al 5% obtenido por su candidato en las presidenciales, aunque superior al de las anteriores legislativas) se completa con la tragedia del Polo Republicano de Jean Pierre Chevènement (1,2 por 100 de sufragios), en dificultades para ser elegido, él mismo, en su circunscripción de Belfort.

He aquí otras claves de la elección de ayer:

- Todo a la derecha. El Partido Socialista esta condenado a llamar a los abstencionistas para evitar que la izquierda sea aplastada el domingo proximo. "El riesgo mayor de nuestro país sería una Asamblea desequilibrada en su representación de todas las sensilidades de la opinión", advertía anoche su primer secretario, François Hollande. Lo ocurrido ayer refuerza la bipolarización entre la derecha parlamentaria, agrupada detrás de Chirac, y el Partido Socialista como fuerza casi hegemónica de la izquierda, pero ese dominio no ahorra a los socialistas la expulsión del poder y muchos problemas para reorganizarse con capacidad de volver al gobierno dentro de cinco años.

"La lección que han extraído los franceses del 21 de abril es que era necesario votar útil, dirigiendo su respaldo al partido más importante, tanto a la derecha como a la izquierda", explicó Martine Aubry, la ex ministra socialista y actual alcaldesa de Lille. Ella misma quedó en primer lugar en su circunscripción, pero perderá el escaño si no moviliza a muchos abstencionistas, porque la extrema derecha, eliminada en su distrito, se abstendrá o se volcará en el candidato de la UMP.

- No a la cohabitación. Contrariamente a lo que se ha dicho, los franceses no habían escogido nunca la cohabitación, un presidente de un color político y una mayoría parlamentaria de otro. Ésta es la primera vez que hubieran podido hacerlo. Jospin organizó la inversión del calendario electoral, retrasando las legislativas para que se celebraran después de las presidenciales, pensando que la dinámica creada por el presidente arrastraría la segunda victoria. Ha sido exactamente así, sólo que el presidente electo no fue Jospin, sino Chirac, y éste último ha llevado las candidaturas colocadas bajo su paraguas a una posición favorable. Se evita, o tal vez sólo se aplaza, la anunciada crisis de la V República.

- Éxito del 'Gobierno electoral'. La verdadera campaña de la derecha chiraquista ha sido la sensación de actividad esparcida por el Gobierno de Jean-Pierre Raffarin, instalado por Chirac tras su reelección como jefe del Estado y que ha trabajado sin control parlamentario, en el interregno entre las dos elecciones. Raffarin insistio ayer en la importancia de la "acción" frente al debate político: él mismo se negó a discutir en televisión con el primer secretario de los socialistas, François Hollande, durante la campaña. El ministro de Interior, Nicolas Sarkozy, se encargó de los guiños al electorado inquieto por la inseguridad ciudadana.

- El liderazgo socialista. Si el Partido Socialista consigue un número aceptable de escaños en la segunda vuelta, se confirmará su liderazgo sobre todo el espacio de izquierda, al precio de limitarse a dirigir a una minoría. François Hollande sale bien del primer envite como líder provisional de los socialistas y heredero político de Jospin, pero necesita obtener su escaño el domingo próximo. "Nada sería peor para el futuro de nuestro país que una elección legislativa ganada por un campo político por defecto o por desmovilizacion cívica", recordó Hollande. Por el contrario, el ex primer ministro y ex ministro de Economia, Laurent Fabius, conserva intactas sus posibilidades: a punto estuvo ayer de ser elegido diputado en primera votación (49% de sufragios) en su distrito.

El hundimiento de los aliados del Partido Socialista implicará una renovación en todo el espacio de lo que fue la izquierda plural con la que gobernó Jospin, un invento definitivamente fallecido con el seísmo del 21 de abril y los comicios de ayer.

- Fracasa Chevènement. El Polo Republicano de Jean-Pierre Chevènement termina en la nada una aventura iniciada en septiembre del año pasado bajo el signo de convertirse en el hombre que iba a "alterar" la bipolarización entre la derecha y la izquierda, en nombre de los valores republicanos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de junio de 2002