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COLUMNA

Infoville.net

No hace falta ser un especialista en análisis del discurso, para desconfiar de alguien que afirma que '...Infoville está siendo desarrollado, siguiendo la terminología de James Jartín, por una cybercorp de múltiples partners, cada uno aplicando sus mejores talentos, sus mejores value streams. Sólo de esta manera conseguiremos adaptarnos cada momento al mercurial change que marca el final del milenio. Por tanto, Infoville supone un proceso que fomenta y facilita el tránsito de la Comunidad Valenciana hacia la Sociedad de la Información'.

Si los ciudadanos de Villena hubieran conocido estas palabras de José Emilio Cervera, seguramente habrían ojeado con mayor atención el contrato que, en su día, firmaron con Infoville. De haberlo hecho, no se encontrarían ahora reclamando ante la Oficina Municipal del Consumidor. Desde luego, yo desconfiaré siempre de un tipo que tiene tratos con value streams y cybercorps. Nadie me asegura que no se trate de un replicante. O de un discípulo aventajado de Ramonet, que, para el caso, viene a ser lo mismo.

Ahora bien, si fuera un usuario de Infoville, no me importaría pagar la tarifa de conexión que ahora reclama Telefónica a estos ciudadanos de Villena. La abonaría con mucho gusto. Eso, sí: exigiría que me proporcionaran de inmediato los servicios que en su día prometieron los responsables del proyecto y no han ejecutado. Me gustaría encargar el pan en la tienda de la esquina, pedir cita con el médico, conocer la agenda de la Casa de Cultura o, sencillamente, encontrarme la información de la web actualizada. Es decir, que Infoville sirviera para algo más que sacar las entradas del teatro Chapí, que eso puedo hacerlo con una sencilla llamada de teléfono.

Al día de hoy, Infoville presenta los inconvenientes habituales de los planes que traza el Gobierno valenciano. En todos los casos, se trata de unos proyectos magníficos, espectaculares, de un indudable impacto. Si se ultimaran tal como se presentan a la opinión pública, en poco tiempo situarían a la Comunidad Valenciana a la altura de las más grandes potencias mundiales. Por desgracia, las mermas que sufren durante su ejecución son tan considerables que si comparásemos lo que se anunció con lo realizado finalmente, apenas reconoceríamos el proyecto. Y esto es, punto arriba, punto abajo, lo que ha sucedido con Infoville. Aquel plan destinado a convertir Villena en una ciudad digital, ha quedado reducido a poco más que unas páginas conteniendo la información que cualquier anuario podría facilitar.

¿Quiere esto decir que Infoville ha fracasado? En Villena, puede que sí. Pero para el Gobierno valenciano, ha resultado un éxito clamoroso. Como para 'los múltiples partners' que han participado en el negocio. Las rentas que uno y otros han obtenido del asunto son extraordinarias. Infoville se ha paseado por cuantos foros digitales se organizaban, causando una gran impresión en todos ellos. La imagen externa de la Comunidad Valenciana es la de una potencia digital. Que eso no se corresponda con la realidad, no tiene -como pueden imaginar- ninguna importancia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 24 de mayo de 2002